Javier Monreal, 40 años al servicio de las carreteras navarras


Publicado el 15/01/2025 a las 08:27
Recordamos a alguien muy especial que nos dejó el 7 de enero de 2025: Javier Monreal Elcano (Pamplona, 1930). Esposo de María José Vidal, padre de 3 hijos y 2 hijas, abuelo de 4 nietos y 2 nietas, y doctor Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos.
Doy gracias, de todo corazón, por haber tenido la oportunidad de pasar tanto tiempo al lado de un hombre excepcional. Un hombre que amaba su trabajo y amaba a su familia. Un hombre que todo lo que hacía lo hacía con pasión. Porque si algo nos enseñaba nuestro padre frecuentemente con una cancioncilla es que “la vida hay que tomarla como viene”, y, como tal, nunca hay que dejar de disfrutarla. Cómo le gustaba leer, escuchar música, nadar, y, sobre todo, ver con nuestra madre las películas clásicas de su gran colección.
Gracias por la gran labor que hizo para todos nosotros en Navarra, como principal responsable de conservación de las carreteras durante tantos años. Comenzó su andadura en la Diputación de Navarra en 1964 y se jubiló el 3 de junio de 2000, tras casi 40 años dedicado al servicio de nuestras carreteras, que tenían fama de ser las mejores de España. Fue Jefe de Proyectos, Jefe de Conservación, Subdirector y Director.
Gracias a su trabajo hemos tenido la suerte de disponer del agua del pantano de Eugi al proyectar, junto con José María Bovio, la traída de aguas a Pamplona.
También hemos podido desarrollar las carreteras de asfalto en Navarra, cuando en aquella época aún muy poca gente conocía el material. El afán que tenía por evolucionar y aportar cosas nuevas a nuestra región hizo que, tras un viaje a EE UU que realizó para formarse en temas vanguardistas del sector, en el que pudo aprender los detalles de uso del asfalto, fuera el principal impulsor del mismo en las carreteras que ahora conocemos.
Además, podemos estar orgullosos de contar con la carretera del puerto de Belagua, cuyo primer proyecto se ejecutó con grandes dificultades dadas las condiciones del terreno. Nuestro padre nos contaba divertido cómo tuvieron que subir en aquella época con burros para marcar la carretera y sortear en más de una ocasión posibles caídas en las numerosas simas que pueblan la montaña de la Piedra de San Martín. El proyecto se pudo completar correctamente gracias a su gran capacidad de imaginar cómo sortear unos desniveles que “calificaban de imposibles” con la, aparentemente, simple idea de hacer una curva en forma de caracol, a la altura del PK58 en la NA-137, que hoy en día muchos de nosotros conocemos.
Como bien comentaba nuestro padre, ha salvado muchas vidas en Navarra al haber diseñado unos trazados lo más suaves y seguros posibles a pesar de las dificultades de la orografía. Estos aquí mencionados son solo una pequeña selección de los muchos proyectos de los que formó parte.
Pero también fue un gran padre. Le encantaba llevarnos de excursión, al monte, a esquiar o a las barracas, en algunos casos para espanto de nuestra madre, que prefería no mirar cuando animaba a sus hijos a montarse en las atracciones más arriesgadas. Hemos tenido unos momentos inolvidables juntos en Pamplona, en Calafell, en Jaca y en muchos otros lugares a los que nos llevaron de viaje, siempre organizando todo de forma minuciosa y detallada, como buen ingeniero riguroso que era.
Hace 54 años que comenzó a compartir su vida con nuestra madre y decidió terminar este viaje el mismo día que regresaron de la luna de miel: el 7 de enero. Eligió para irse la misma hora a la que se levantaba por la mañana para marchar a trabajar sin necesidad de ponerse alarma porque su cuerpo ya estaba acostumbrado a esa rutina. Y manteniendo aún esa rutina, ha sido tan organizado y puntual como siempre para dejarnos, permitiéndonos disfrutar de esta última época en todo momento a su lado.
Hoy le recordamos y despedimos a través de estas líneas, agradeciendo de corazón a todas esas personas que han compartido estos momentos tan difíciles con nosotros. Aunque su cuerpo ya no esté aquí, su recuerdo y su alma van a perdurar siempre con nosotros: en cada curva de Navarra, en cada viaje que realicemos de ahora en adelante y, por supuesto, en nuestros corazones. Nunca le olvidaremos.
Ana Monreal Vidal es hija del fallecido.