Día del Ictus

Yolanda Mutilva: "El ictus es muy duro, porque ves cómo toda tu vida se para"

Yolanda Mutilva Villafranca, afectada por un ictus, en la sede de Adacen.
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Yolanda Mutilva Villafranca, afectada por un ictus, en la sede de Adacen.
Yolanda Mutilva Villafranca, afectada por un ictus, en la sede de Adacen.

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María José Echeverría

Publicado el 29/10/2023 a las 05:00

Este domingo se celebra el Día Mundial del Ictus, un infarto o hemorragia cerebral que en dos de cada tres casos puede dejar secuelas. Cada vez hay más afectados en menores de 65 años, cuando el trabajo o los hijos son la prioridad. Y entonces, todo se para.

Yolanda Mutilva Llorente, de 48 años, natural de Pamplona, separada y con cuatro hijos de 16, 14 y gemelas de 8 años, estaba muy sensibilizada con el ictus. Hasta tal punto que en su trabajo, en ”la Caixa”, coordinaba junto con Adacen talleres informativos e incluso llevó a su hija mayor a uno de ellos.

“Me encargaba de contactar con clientes para que fuesen a los talleres y siempre comentaba que tenían que hacerlos en los colegios para que los niños conozcan los síntomas por si los abuelos u otros familiares tienen este problema”.

Quizás sean esas casualidades del destino, pero no esperaba que una tarde de febrero de 2020 ese dolor repentino de cabeza acabase siendo un ictus. “Estaba con mi marido y como tenían información se dieron cuenta enseguida porque tenía parálisis y avisaron al 112. Me atendieron muy rápido y eso fue esencial”. E insiste en la importancia de la detección precoz. 

Yolanda recuerda que cuando estaba ingresada en la Unidad de Ictus escribió a la responsable de comunicación de los cursos. “No te vas a creer dónde estoy”, le dijo. Fue una sorpresa porque no tenía ningún factor de riesgo. Y doblemente duro ya que le ocurrió durante el confinamiento de 2020 por la pandemia. “No podían visitarme y mis hijas pequeñas tenían 5 años”.

El ictus, esa enfermedad sobre la que ayudaba a sensibilizar, entró de lleno en su vida y arrasó. “El cambio fue radical. Toda tu vida se para de golpe”. Yolanda era una mujer activa, independiente, trabajadora... “Ahora, desde la distancia, veo la vida acelerada que llevaba, con mucho estrés”.

Puestos a sacar algo positivo, afirma que se ha sentido muy arropada por la familia y los amigos y que ahora está más tiempo con los niños aunque las pequeñas le preguntan si ‘se le va a quitar’. “Es injusto, una experiencia muy dura”, dice. Y relata las limitaciones en su día a día ya que, aunque no necesita ayuda para la higiene sí requiere para la casa. Además, le pesa no poder ir a buscar a sus hijos al colegio, llevarles a extraescolares...

Su trabajo es ahora la rehabilitación: dos días a la semana en Adacen y también en la clínica San Miguel. “Voy un poco mejor pero es muy importante mantener lo conseguido”, explica. “Tengo que seguir adelante por mis hijos. Mostrarles resiliencia, esa palabra que está tan de moda, para que el día de mañana estén orgullosos”. Y entre gimnasio y gimnasio apunta un sueño: volver a conducir en un coche adaptado. “Es un reto a largo plazo. Pero me hace ilusión porque yo era muy independiente”.

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