Día del Ictus

Joseba Hernández: "Desde el ictus me he hecho viejo; es como si tuviese 80 años"

Joseba Hernández Villafranca, afectado por un ictus, en la sede de ADACEN.
AmpliarAmpliar
Joseba Hernández Villafranca, afectado por un ictus, en la sede de ADACEN.
Joseba Hernández Villafranca, afectado por un ictus, en la sede de ADACEN.

CerrarCerrar

María José Echeverría

Publicado el 29/10/2023 a las 05:00

Este domingo se celebra el Día Mundial del Ictus, un infarto o hemorragia cerebral que en dos de cada tres casos puede dejar secuelas. Cada vez hay más afectados en menores de 65 años, cuando el trabajo o los hijos son la prioridad. Y entonces, todo se para.

Si Joseba Hernández Villafranca, de 58 años y de Pamplona, fuese dueño de un cuerpo que no arrastra las secuelas de un ictus, tendría muy claro qué hacer: coger su guitarra eléctrica y tocar con su antiguo grupo ‘Mal asunto’. Después, echaría una mochila sobre su hombro y se iría al monte. A San Donato o a la Mesa de los Tres Reyes para respirar aire puro.

De momento son sueños para él. “Dicen que mejoro pero, a veces, pienso que no. Esto va muy despacio”. Hernández sufrió un ictus en 2019, cuando tenía 54 años. Trabajaba de barrendero en Mercairuña cuando comenzó a sentirse mal. “Me dolía la cabeza”, relata. Se fue a casa y por la tarde acudió a Urgencias. Acabó ingresado con una tensión de 21/16. Además, era fumador. “Más de un paquete al día. Me habían avisado de que tenía la tensión algo alta pero hice el caso justo”.

Ahora, con la perspectiva de los años y tras el ictus, aconseja que se haga caso a los médicos cuando hablan del control de la tensión e insiste en la importancia de tener hábitos de vida saludables. “Andaría más. Ahora doy unos 6.000 pasos al día pero me canso mucho”, explica.

Hernández destaca lo mismo que muchos afectados por un ictus. Hay un antes y un después. “Me he hecho viejo de pronto. Es como si tuviese 80 años”. Sufre secuelas en las extremidades que le provocan lentitud y problemas de equilibrio. Y, sobre todo, cansancio. Un cansancio que parece infinito.

Se ocupa de la casa, hace la comida, “cosas sencillas”, ve la televisión y lee. “Poco porque no aguanto mucho”. Su vida discurre lentamente entre la casa, algún paseo con su mujer, Beatriz, y amigos, y las visitas a Adacen dos veces por semana. Logopedia, fisioterapia, ejercicios para ejercitar la mente... “Aquí me tratan muy bien, con mucho cariño”.

Ya no trabaja, aunque tuvo que llevar a juicio a la Seguridad Social para conseguir la incapacidad absoluta. Y se desliza por el día entre pastillas para la tensión, colesterol, trombos, vitamina B12 y la de dormir. “Es curioso. Cuando mejor me funciona la cabeza es por la noche”. En esas horas, a oscuras y tranquilo, es cuando más piensa. “En positivo”, asegura. Y sueña despierto en sus montes, en la Trinidad de Irurtzun, en el Txurregi... Sabe que aún le queda porque se animó a ir a la peña de Etxauri y fue “muy duro”.

Llega el día y hay que levantarse. “Hay que hacer méritos y andar”. Y afronta otro día que jamás se hubiese imaginado porque cuando el ictus llegó a su vida para ponerla patas arriba Joseba Hernández ni sabía qué era un ictus.

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora