La mitad de los escolares adoptados tiene dificultades de concentración
El 45% de estos alumnos recibe algún apoyo en sus colegios o institutos


Publicado el 23/08/2023 a las 06:00
Niños nacidos en España u otros países que llegan a su familia siendo bebés o con pocos años. Que cargan con una mochila más o menos pesada de abandono, recuerdos o malnutrición. Aunque no lo recuerden. Aunque siempre hayan protagonizado una vida cómoda en lo material y, sobre todo, en lo emocional. Son los niños y adolescentes adoptados por familias navarras y que asisten ahora a colegios e institutos de la Comunidad foral. Algunos no presentan ninguna dificultad pero más de la mitad tienen problemas de concentración, impulsividad (no saber esperar) y comprensión lectora. Es una de las conclusiones que recoge un Trabajo Fin de Grado (TFG) de Magisterio de Primaria de la UPNA que se la elaborado en colaboración con la Asociación Navarra de Familias Adoptivas (AFADENA). Zahra Ballouk, marroquí de 23 años, vecina de Alsasua desde los 5 y titulada en Magisterio de Primaria en euskera, ha sido la autora de este estudio. ¿Las conclusiones? La necesidad de que familias y escuela trabajen conjuntamente y que se atienda la autoestima, la salud socioemocional, la atención y los problemas de lenguaje de estos menores para que sigan avanzando.
Para elaborar su estudio, Zahra Ballouk ha entrevistado a once familias adoptivas (de las 130 que engloban la asociación) y ha llegado a las siguientes ideas: que cada vez hay menos niños adoptados aunque su presencia es patente en la escuela y que, por haber sufrido “adversidad temprana” pueden construir una “personalidad con dificultad”. “Lo que tiene consecuencias directas en el aprendizaje, lenguaje y el proceso de socialización. Por eso, los profesores deben tener presentes estas necesidades y ser sensibles a su atención”, apunta la autora del estudio.
Y recuerda que estos menores precisan “un vínculo estable” con los profesores y necesitan “ser respetados y no juzgados ni criticados”. Las necesidades de las familias, subraya, van en la misma línea. “Remarcan la necesidad de ser escuchadas, de saber que sus hijos están atendidos de manera integral”. Solicitan que los docentes se formen adecuadamente.
PEDAGOGÍA TERAPÉUTICA
De los datos del estudio se desprende que el 45,5% de los menores recibe un apoyo escolar específico: a través del profesional de pedagogía terapéutica (PT), de audición y lenguaje o del tutor en base a un diagnóstico psicopedagógico previo. Sin embargo, continúa el informe, las familias critican que la escuela no les ofrece una buena intervención y solo el 18% (no llegan a 2 de cada 10) cree que la atención escolar que reciben sus hijos es la adecuada.
Por todo ello, concluyen los encuestados, “aún queda mucho trabajo por delante” y apuestan por la elaboración de un protocolo adecuado y específico para escolares adoptados. Y confían en una escuela “realmente inclusiva” en la que todos los alumnos sean “aceptados, respetados, comprendidos, valorados y acogidos”. Las familias lamentan que muchas de sus peticiones (como que se deje de leer un libro porque atenta contra la realidad actual de las familias adoptivas) al Departamento de Educación no reciben respuesta y piden una mayor coordinación entre los departamentos de Salud, Educación y Asuntos Sociales. “Ves que hay problemas y te dicen que todo está bien. Es frustrante”.
Cuando el amor no es suficiente
Bebés adoptados a los pocos días de nacer o niños de 2 o 3 años a los que fueron a recoger a Rusia, Ucrania, China, Chile, Bolivia, Etiopía... Pequeños que comenzaron el colegio sin problemas (o no), sabiendo castellano (o no), leyendo y escribiendo (o no), que contaron con el apoyo de sus profesores (o no) pero que, en la mayoría de los casos, “explotaron” tanto académica como emocionalmente al llegar a la adolescencia. Es la foto fija que muestran algunas de las familias con menores adoptados en Navarra. Las historias que cuentan algunos de los miembros de la junta de Afadena (Asociación de Familias Adoptivas) que ponen nombre y apellidos a la teoría de los problemas escolares de estos menores. En la Comunidad foral son más de mil los niños y adolescentes adoptados escolarizados en colegios e institutos y alrededor de 130 las familias que constituyen esta asociación. En las líneas que siguen comparten sus testimonios Susana Arandigoien Senosiáin (con dos hijos, una adoptada en China con 3 años), Carmela Muñoz Ventura (con dos hijos adoptados en España a los pocos días de nacer), Iñaki Arana García (con dos hijos mellizos adoptados en Chile a los 3 años) e Inma Cestau Baraibar, que adoptó a su hijo en Rusia con dos años y medio.
Cada uno cuenta su historia pero todos coinciden en que los escolares adoptados, sea cual sea la edad a la que llegaron a sus familias, arrastran una mochila de “adversidad” como consecuencia del abandono (y el miedo a que vuelva a producirse), su genética, la falta de apego que vivieron durante el embarazo y el ser arrancados de sus madres biológicas. “Es lo que se llama la ‘adversidad temprana’. La falta de vínculos durante el embarazo genera unas consecuencias neurológicas. Hay estudios científicos que lo demuestran”, explica Carmela Muñoz, cuyos hijos tienen ahora 18 y 20 años. Una realidad que, insisten, deben conocer los docentes. “Existe una buena voluntad pero también hay quienes abogan por la normalización. ¡Pero sus células están ahí! Con el amor no es suficiente. Debemos ser familias terapéuticas que reparen ese daño”, insiste Susana Arandigoien, madre de un hijo biológico y otra adoptada en China, que ya tiene 17 años.
CHARLAS EN COLEGIOS
Por todo ello, las familias se esfuerzan por formar a los docentes actuales y futuros e imparten conferencias en centros escolares y universidades (a alumnos de Magisterio, Psicología, Sociología...) “Muchos nos dicen que nunca habían oído hablar de la adversidad temprana y les resulta muy interesante. Pero hay poco tiempo para formación”, lamentan. Carmen recuerda los problemas de socialización de su hija al empezar la ESO y los de comportamiento (disrupción) de su hijo. “Es muy frustrante. A veces, no se adaptan”.
Susana confiesa que con su hija no han tenido problemas importantes porque siempre han ido “un paso por delante” y han estado “muy pendientes”. “Hemos tenido suerte con el centro pero aún se siguen haciendo ejercicios sobre cuánto se pesó y se midió al nacer o el árbol genealógico. ¿No tienen en cuanta que hay niños adoptados?”
Iñaki Arana recuerda que los primeros años con sus hijos en el colegio fueron de “comprensión”. “Pero conforme crecieron y comenzaron los problemas hubo desconocimiento y suficiencia”. En su caso, la situación “explotó” con la adolescencia. “Haces lo que puedes. Yo no empecé a actuar bien hasta que llegué a la asociación y me dieron pautas. Sentía que mis hijos me ponían a prueba continuamente”.
Inma Cestau insiste en la falta de formación de los profesores pero aplaude el afecto que han encontrado en la orientadora de su centro. “El problema de mi hijo viene con las posturas conductistas. Cuando le marcan las pautas de lo que tiene que hacer”. Y reivindica que para los escolares adoptados se utilicen las mismas medidas que para los emigrantes, refugiados... de incorporación tardía. Concluye con un ejemplo gráfico. “Estudié con mi hijo todas las capitales de Europa con un mapa pero se las preguntaron de manera alfabética y le pusieron un 0. ¿Qué hace esa nota en su autoestima y en la mía después de haber trabajado?”


