Ganadería
Ha vuelto la temporada alta de vacas en Navarra
Los ganaderos navarros esperan una temporada con datos buenos, pero sin llegar a los niveles de cifras 'récord' registradas el pasado verano tras dos años de parón


Publicado el 31/07/2023 a las 06:00
Las tardes sentados en maderos, la arena sobre el hormigón de la plaza del pueblo, las cáscaras de pipas en las gradas portátiles y el helado de furgoneta han vuelto a las localidades navarras. Es la temporada alta de vacas. “Los pueblos desgastan mucho, mis hijos han aguantado más que yo”, reconoce José Arriazu, fundador en 1971 de la ganadería que lleva su nombre, junto a su hijo Víctor. “El verano es súper duro, no dormimos, no descansamos, nervios, estrés…”, explica el primogénito en La Estanca, campo base de todas las operaciones de la prestigiosa ganadería ubicada en Ablitas.
Ese ritmo frenético de vida estival de los Arriazu mantiene cierto parecido con el comportamiento de sus reses en las calles. Es un ganado eléctrico, agresivo, bravo, saltarín. Y eso gusta en Navarra. “Nuestras vacas no son ni mejores ni peores que las de los demás. Son diferentes. Son vacas que crean mucho espectáculo”, analizan. Se dice que son fáciles de distinguir. Si uno va a un pueblo sin saber qué reses protagonizan la tarde, enseguida se dará cuenta de si son o no Arriazu. Todo por las acciones improvisadas con las que deleitan a las gradas.
Fue a finales de enero cuando el ganado bravo volvió a salir a las calles navarras en 2023, concretamente en Caparroso. La siguiente localidad fue Villatuerta con reses de Macua y Hermanos Ganuza. Después; Funes, Mendavia, Castejón, Arguedas, Valtierra... a cuentagotas hasta que llegó la semana del 20 de junio, que marcó el pistoletazo de salida de la temporada. “Este año es un curso de total normalidad en el que creo que no habrá datos tan buenos como los del año pasado”, dice Víctor Arriazu, que a su vez es presidente de la Asociación de Ganaderos de Reses Bravas de Navarra. “Fue un año de récords. Después de la pandemia, las ganas que tenía la gente, último año antes de elecciones, que siempre se nota... Los políticos echaron el resto”, comenta entre risas. “Los ayuntamientos habían ahorrado el presupuesto de fiestas durante dos años y eso incidió, también”, argumenta Jesús Macua. Para los Reta la temporada alta es “prácticamente igual” que la del curso pasado. “Tengo lo mismo y un par de localidades nuevas: Villabona (Gipuzkoa) y Albocàsser (Castellón)”, confesaba Miguel Reta. “De hecho, hemos tenido que decir que no en Valencia a pueblos importantes porque sabemos el número de animales que tenemos y no podemos estirar de la cuerda. Esto no es un tocadiscos”, apunta con rotundidad sabedor de la realidad del sector. “Hay que buscar el equilibrio entre nuestro ganado y los pueblos que nos contratan”, concluye.
Además del desgaste de las reses hay que tener en cuenta el trabajo logístico que conlleva separar y trasladar los diferentes lotes. “El preparar los animales cuesta mucho. Una vez que los tienes en el camión para arrancar ya has hecho el 80% del trabajo”, comenta Víctor Arriazu. “Para un festejo en el que participan diez reses igual tienes que mover entre 400 y 500 animales para separarlas”, ejemplifica basándose en su caso, que es una explotación grande. En verano, en la finca de Ablitas contratan a dos trabajadores que se suman a la ayuda de otros familiares y amigos para desarrollar esta tarea. “Mis vacaciones más largas son de tres días y fuera de verano”, dice Víctor. “Yo me fui de vacaciones cuando me jubilé”, responde su padre José entre risas.
Todo esfuerzo que realicen las cincuenta ganaderías profesionales navarras sumará en la carrera por recuperar todo lo perdido durante la pandemia, dos años “desastrosos” para el sector taurino. Reta, entre los tres hierros, llegó a sacrificar 164 animales. “Tenemos una etapa de entre cuatro y seis años para reequilibrar la explotación”, explica el ganadero de una explotación que actualmente tiene 250. Arriazu sacrificó más de 400. La vaca vuelve a la calle y lo hace para amortizar los préstamos solicitados. Y sin perder de vista la subida de precios, claro.


ARRIAZU, 50% EN NAVARRA Y 50% EN EL RESTO DE ESPAÑA
Al igual que otras ganaderías navarras, los Arriazu también traspasan la frontera navarra con sus reses bravas. “Este año llevamos ya un montón de festejos por toda España”, explica Víctor Arriazu. El número de reses que moverán este 2023 por todos los festejos populares sobrepasará las 700 cabezas, prácticamente un 60% de los ejemplares totales de la ganadería. Ese porcentaje incluye la clásica vaca brava, capones (toros castrados a la edad de un año en el caso de Arriazu), toros sin castrar y becerros. El resto es ganado joven y otros. En total, 1.200 ejemplares. “Machos sin castrar solemos llevar muy pocos porque son muy difíciles de manejar, se resabian antes, salen defectos...”, argumenta subido en su Nissan blanco junto a un lote de un centenar de machos.
Esas 700 reses citadas van turnándose por cada pueblo en función del evento, que puede ser encierro, suelta en calle, recortadores en plaza, concurso de anillas y obstáculos, entre otros. “Hasta ahora Navarra es donde menos hemos estado este año porque es donde más tarde empieza la temporada”, apuntan los Arriazu. “Aquí solamente hacemos la mitad del trabajo. También vamos a Aragón, La Rioja, Cataluña, Comunidad Valenciana, Castilla La Mancha, Castilla León…”, enumera destacando por encima de todo Valencia y Teruel.
“Además, vendemos algunos ejemplares a esas comunidades. En esos sitios se hace el festejo y ya no vuelven, se sacrifican”, explican sobre otra metodología distinta a la del alquiler de ganado, que es lo más común en las ganaderías navarras. “Hay bastante movimiento de nuestra comunidad hacia otras “, indica Reta, calificando a este sector navarra como “exportador”, ya que el caso inverso prácticamente no se ve en ninguna localidad de la Comunidad foral. Este hecho es un indicativo del “buen nivel” de las reses bravas navarras.
