Maneras de influir

La historia de amor de una enfermera navarra que conquistó Instagram

Sonia Cámara del Río,  @mamaderizos en redes, conoció a su marido Mamadú en una misión que realizó con Médicos Sin Fronteras en Guinea-Bisáu; hoy comparte su día a día con 88.000 seguidores

Sonia Cámara del Río -@mamaderizos- posa para Diario de Navarra en sus instalaciones de Cordovilla
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Sonia Cámara del Río -@mamaderizos- posa para Diario de Navarra en sus instalaciones de Cordovilla
Sonia Cámara del Río -@mamaderizos- posa para Diario de Navarra en sus instalaciones de Cordovilla

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Begoña Goitiandia

Publicado el 13/05/2023 a las 06:00

Confiesa que lo ha contado por Instagram decenas de veces, pero que siempre que hace una de sus famosas rondas de preguntas aparece de nuevo: “¿Cómo os conocisteis Du y tú?” La enfermera pamplonesa Sonia Cámara del Río -@mamaderizos- viajó con Médicos Sin Fronteras de misión a Guinea-Bisáu y allí conoció al que hoy es su marido, Mamadú Nfamara Sambú. El trabajo los unió y menos de un año después, ya eran tres. “Nos tuvimos que adaptar a ser pareja, convivir y esperar un bebé”, recuerda Sonia, emocionada. El cuarto integrante de la familia, su hija Nora, llegó en 2021, el mismo año que se dieron el “sí, quiero” en Pamplona. Los cuatro forman una de las familias más famosas de Instagram (88.000 seguidores). Una que siempre ha compartido su día a día, “con sus cosas maravillosas y sus desastres”. A finales de 2022 tuvieron que hacerlo para dar una mala noticia: a Sonia le detectaron un tumor por el que tuvo que pasar por quirófano.

¿Cómo surgió @mamáderizos?

Tras convertirme en madre primeriza y darme cuenta de que tenía que buscar información sobre muchos temas de maternidad que se me escapaban, me vi estudiando de todo. La crianza ha cambiado respecto a la de nuestras madres y somos de una generación que necesita aprender sin tener unos referentes a los que acudir. Incluso con temas materiales. Ahora comprar un carrito de bebé es un mundo. Existe una oferta tan grande que mucha gente se abruma. Te quedas embarazada y de repente hay mil objetos que crees que vas a necesitar y sobre los que no habías oído hablar nunca. A mí me gusta informarme, así que lo hago y después lo comparto en mi blog. Cuento mi experiencia y me ayudo de mi conocimiento como enfermera para dar consejos.

¿Cómo trasladó todo esto a Instagram?

Hace un año y medio decidí apostar por esta red social. Publicar toda esa información en mi cuenta, y además contar mi día a día por stories. Mi idea era darle vida al blog, pero al final el perfil de Instagram cobró vida propia y creció muchísimo. En enero de 2022 tenía 5.000 seguidores y hoy son 88.000. A partir de ahí, se ha convertido en mi trabajo. Y para eso tiene que gustarte. Entiendo que una empresa use Instagram porque necesita visibilizarse, pero para meterte en esto así porque sí, necesitas que te guste. Compartir tu vida, hablar a cámara, etc. Al poco de empezar me escribieron marcas, primero para dar las opiniones de los productos que ellos me enviaban, y después para hacer publicidad. Cuando alcancé un número que consideré suficiente para profesionalizarlo, contraté a una empresa. Se encargan de negociar los acuerdos de publicidad por mí.

¿Cómo es compartir su día a día? Ha hecho público que le diagnosticaron un tumor, ¿dónde sitúa los límites?

Comparto las cosas según me apetece. Hay días que me siento con fuerzas para hablar de cómo ha ido la quimio, por ejemplo, y otros que no lo hago porque estoy de bajón. No lo pienso mucho. Si el momento es adecuado, cojo el móvil y digo: me acaba de pasar esto. También hay días que no comparto nada. No me programo las cosas. Funciono mucho día a día, que creo que es clave. Me gusta que el contenido sea natural, incluso cuando hago publicidad. Si no me sale a la primera y de forma espontánea, lo dejo para otro día porque no quiero que se vea guionizado. Siempre busco realidad.

¿Tuvo claro desde el inicio que quería compartir su enfermedad con su comunidad?

Sí, lo tuve muy claro desde el inicio. ¿Cómo voy a seguir mostrando mi día a día sin esto, que ahora es una gran parte de mi vida? Es la mochila que llevo a cuestas, se llama cáncer y lo voy a compartir igual que el resto de aspectos de mi vida.

¿Cree que es importante visibilizar estas historias?

Sí, aunque me llegué a plantear que quizá parte de mis seguidores no querían ver esta historia porque buscan alegría y cosas bonitas, pero ha sido al revés, han llegado muchos seguidores que se han identificado conmigo porque están en un proceso similar. También se ha ido gente y están en todo su derecho, claro.

Mostrar la realidad es el sello personal de su cuenta, también en la maternidad...

Después de dar a luz a mi primer hijo, Joel, tuve una época súper mala porque mi pareja, que es de Guinea y acababa de llegar a España, no tenía permiso de paternidad. Me encontré sola con un bebé y con un cambio de vida brutal. Cuando piensas en la maternidad te viene a la mente una madre pletórica con su bebé recién nacido y viviendo una de las épocas más alegres de su vida. Luego lo vives y es como darte un estacazo contra una pared. Así que cuando empecé a visibilizar la maternidad lo hice compartiendo ambas partes, la bonita y la desastrosa. Esta última, incluso más. La palabra realidad es la que tiene que reinar.

Recibe muchas preguntas sobre el choque cultural con su marido en la crianza, ¿por qué cree que despierta ese interés?

Porque es diferente y porque lo tenemos un poco estigmatizado. Imagínate si ya hay roces o diferencias en una pareja de la misma nacionalidad en temas como la crianza, el reparto de tareas, o en cómo gestionar la propia vida de pareja. La gente piensa que para nosotros, de continentes diferentes, será todavía más complicado, pero no es más diferente que si mi marido fuese de Murchante, (ríe).

Tribu, maternidad, cáncer… ¿la conexión es la parte bonita de las redes?

Tener una comunidad que ayuda, que apoya, con la que te sientes acompañado, es lo más bonito. Aunque no dé ninguna solución a lo que te está pasando, sabes que hay gente que está pasando lo mismo que tú, y eso ayuda. Es como con todo, si tengo un bebé con cólicos y acudo a una cuenta para que me digan cómo lo han hecho ellos y encuentro un vídeo en el que me dicen que es temporal y que se pasa, me reconforta. Con mi enfermedad es parecido, recibo muchos mensajes de personas que han superado un cáncer y me escriben para decírmelo y darme ánimos.

¿Y la parte menos buena?

Escucho a mucha gente que se queja de este trabajo porque es esclavo, y lo es, pero yo no puedo hacerlo. Tengo mucha suerte de haber convertido algo que me gusta en mi empleo. Es cierto que tiene esa parte de no desconectar, de no tener horarios. No te pones a trabajar delante del ordenador a las 8 y te levantas a las 17 horas. Igual te mandan un correo mientras estás haciendo la cena y tienes que contestar en ese momento. Lo tengo que meter con calzador en mi día a día, con dos niños pequeños. Para mí lo más duro es eso, saber encajar los momentos del trabajo en la vida sin sentirme mal por ello. Si estoy con alguien pido perdón por tener que sacar el móvil y contestar un mail, por ejemplo, porque me parece una falta de respeto, aunque mi gente siempre me contesta que sabe que es mi trabajo. Establecer los límites es complicado.

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