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Mercado laboral (V)

Las grietas del sistema dejan a muchos navarros fuera del mercado laboral

Instituciones y entidades implicados en la inserción laboral de personas con dificultades reflexionan sobre las “grietas del sistema”, esas que tienen a miles de personas sin ocupación mientras hay puestos que no logran cubrirse

Ampliar Personas accediendo a la oficina de Extranjería en Pamplona, en el barrio de Buztintxuri
Personas accediendo a la oficina de Extranjería en Pamplona, en el barrio de BuztintxuriJesús Caso
Actualizado el 23/12/2022 a las 12:17
Mientras hay personas que pasan años a la espera de obtener un permiso de trabajo que les permita tener un empleo, la Asociación de Hostelería de Navarra proyecta contratar personal en los países de origen porque “falta mano de obra” en el sector, tanto en cocina como en barra. “¿Cómo no va a generar eso frustración en las personas que ya están aquí?”, se pregunta Leticia Bertol, responsable de Empleo de Cáritas. “Es difícil mantener su motivación a lo largo de tanto tiempo”, sostiene. Coincide Maite Iriso, directora del Plan de Empleo de Cruz Roja Navarra. “A lo largo de ese tiempo se les forma y se les cualifica, pero hay que mantener su motivación para que, cuando llegue el permiso, puedan acceder al mercado laboral. Es mucho tiempo y está suponiendo un freno evidente”, añade.
Esta es solo una de las aparentes contradicciones que asoman cuando se aborda con los distintos agentes implicados las dificultades que se encuentran las personas en situaciones más complicadas a la hora de acceder a un puesto de trabajo. Incluso aunque haya sectores, como la hostelería, la construcción o el agrario, que necesitan empleados, algunos sin requerir una excesiva cualificación. Todas las partes señalan “la complejidad” de un asunto que no resiste a análisis de brocha gorda, porque en él confluyen “multitud de factores”, tanto estructurales como personales. “Es muy difícil generalizar, hay que ir persona a persona”, insisten en Cáritas. Lo que sí es evidente es que hay circunstancias que multiplican exponencialmente la dificultad para ocuparse, como ser una persona migrante; ser mujer, más si tiene hijos; tener una baja cualificación o una discapacidad; tener más de 55 años o llevar mucho tiempo alejado del mercado laboral.
DESAJUSTES
Desde la Fundación Gaztelan han constatado “en múltiples ocasiones” una realidad que también recoge el último informe del Observatorio de la Realidad Social sobre la evolución del empleo en Navarra, correspondiente al mes de noviembre, que recuerda que “la intensidad en el desempleo sigue siendo mayor en los colectivos con baja o nula formación”. “Por un lado, las nuevas exigencias competenciales del tejido productivo aportan algunas de las bases de esta quiebra de oportunidades pero, por otro lado, la propia competencia por espacios escasos premia a las personas con mayores conocimientos, independientemente de la utilidad de estos en la ejecución de las tareas”. Es decir, tal y como explica Lourdes Chasco, coordinadora de la entidad: “Podemos ver ofertas de trabajo en las que los perfiles requeridos exigen competencias que no se corresponden con las funciones a realizar”. Y como ejemplo cita una oferta que requería un grado superior en Administración, cuando la función principal consistía en la atención telefónica de una persona autónoma.
En otras ocasiones, la falta de medio de transporte imposibilita que la persona se desplace hasta el puesto de trabajo, aun cumpliendo con el perfil solicitado. “Esta dificultad la venimos detectando en el sector agrícola y en el sector industrial”, concreta. “Hemos tenido personas con experiencia en trabajos en agricultura y sector vitivinícola que no pudieron acceder a ofertas” al carecer de vehículo propio o forma de desplazarse alternativa. También hay “empresas productivas que encuentran serias dificultades para la contratación, pese a estar dispuestas a la formación del personal, porque no pueden suplir sus ofertas en su radio territorial de influencia”, ahonda.
SESGOS DE GÉNERO
Desde Fundación Gaztelan comprueban también “que la incorporación al mercado de trabajo sigue mostrando claros sesgos de género”, de modo que “se dificulta sobremanera el acceso igualitario de las mujeres”. Recoge el testigo en este punto la responsable de empleo de Cáritas. “La mujer siempre lo tienen más complicado. Mujer, inmigrante y con hijos es un perfil que ahora nos está llegando mucho. Antes era más la mujer sola la que venía, y dejaba a los hijos en su país de origen”, detalla. Por eso, “el tema de la conciliación lo dificulta todo mucho. No es hasta que una mujer tiene trabajo cuando se le abren las puertas de recursos como las escuelas infantiles. Pero, y mientras, ¿cómo lo hace para buscar trabajo?”, se pregunta.
A juicio de Iriso, de Cruz Roja, las dificultades “están tanto en la persona, como en la empresa y en el entorno”. Por eso, intervienen paralelamente con todas las partes. “A la persona le hacemos un diagnóstico de empleabilidad y, a partir de ahí, elaboramos un plan personalizado de integración y un plan de formación ad hoc”, explica. “Trabajamos las competencias personales y también las técnicas, y en eso vamos de la mano de la empresa. Somos flexibles y nos adaptamos a las necesidades de las empresas”, a las que ven “como aliadas”.
Cuando Iriso habla de que intervienen también en el entorno, se refiere a que acometen campañas de sensibilización, entre otras cuestiones, porque “hay barreras que no dependen de la persona, ni de su formación”. “Perviven estereotipos o percepciones, muchas veces de modo inconsciente. Si eres de cierto origen, parece que no puedes acceder a ciertos puestos; o si eres mujer; o si tienes cierta edad. Todavía vemos raro que una mujer mayor nos atienda en un pub o que una mujer con velo esté de cara al público. Tenemos que romper con esos sesgos que llevamos dentro, repito que muchas veces de forma inconsciente”.
“En los puestos que no son cubiertos influyen las condiciones laborales, los salarios, la formación para los empleos que se solicitan”, apunta la concejala de Bienestar Social del Ayuntamiento de Tudela, Anichu Agüera. Desde Fundación Gaztelan añaden “la brecha digital” como otra traba que afecta especialmente a colectivos con baja o nula formación. “Ofrecemos desde hace algunos años formación digital y proporcionamos un espacio de libre acceso, y constatamos que eso ayuda la inserción y a la búsqueda de empleo de estas personas”. Además, y como mensaje principal, trasladan la necesidad de “aunar los esfuerzos de todas las partes implicadas”, administraciones, empresas y entidades sociales, y muestran su disposición a “seguir trabajando coordinadamente”.
LEGISLACIONES QUE FACILITEN
“Al atender caso tras caso en el día a día, vas entendiendo cuáles son las grietas que existen. En la calle se sigue escuchando ese discurso de aquí, el que quiere, trabaja; y es totalmente al revés: aquí trabaja el que puede”, afirma con rotundidad la responsable de Empleo de Cáritas. En su caso, un porcentaje importante de los casos que reciben son personas que se encuentran en situación irregular. “No tienen opción a ser contratados, y estamos hablando de una media de espera de entre 3 y 4 años”. “Si son de entornos europeos las opciones se facilitan bastante, pero lo que nosotros tenemos son perfiles de Latinoamérica y la zona del Magreb”. Al cabo de ese tiempo, la mayor parte acaba accediendo a través de la vía del arraigo social, que implica acreditar 3 años de residencia efectiva y una oferta de trabajo con unas condiciones específicas. “Pero la empresa quiere gente de un día para otro, no va a esperar a que las personas desarrollen todo ese proceso”. ¿Y mientras tanto? “Mientras tanto la gente no vive, sobrevive, moviéndose sobre todo en el mercado informal: horitas sueltas, empleo doméstico”, sostiene.
Este verano se puso en marcha el llamado “arraigo por formación”, que modificó el reglamento de Extranjería para permitir a personas sin permiso de trabajo, pero que llevan 24 meses residiendo aquí, formarse en profesiones particularmente deficitarias y acceder al permiso asociado a ese itinerario formativo. “Una persona solicita el curso, y va con la prescripción de orientación e itinerario a Inmigración. Allí le dan el NIE provisional y ya puede entrar en el curso”, explica Miriam Martón, la gerente del Servicio Navarro de Empleo. “Está funcionando, pero el abanico de formación todavía no es muy amplio”, apuntan desde Cáritas.
Desde el ayuntamiento de Tudela, Agüera reconoce que “habría que flexibilizar algunas normas en función de las necesidades que la persona demanda”. “Es fundamental que todas las personas residentes en España puedan desarrollar una actividad laboral lo antes posible”, valora.
Otra traba burocrática proviene de la falta de reconocimiento de los estudios realizados en los países de origen. “Muchos vienen con ciertas competencias; otra cosa es que no tengan los estudios homologados”, detalla Iriso, de Cruz Roja.
"LA GENTE QUIERE TRABAJAR"
“La gente quiere trabajar, por supuesto que sí. Otra cosa es que vengan de sus países de origen con un concepto del trabajo que no tiene nada que ver con el contexto social en el que nosotros nos movemos”, matiza Bertol. “Ajustar expectativas, ubicarlos, es nuestro trabajo diario”.
Aun a riesgo de sonar “políticamente incorrecto”, el director de Cáritas no duda en afirmar que “también es cierto que hay puestos de trabajo que nadie quiere”. No es un fénomeno nuevo. “A mí me mandaron en el año 85 a Corella, fue mi primer destino. Había un paro enorme, enorme. Entre la gente joven, el que no estudiaba, estaba en paro. Pues bien, no iba nadie a coger espárragos, nadie. Venían los andaluces”, recuerda. “Creo que eso estrapolable a la actualidad. Si vives en Pamplona y te llaman para coger brócoli en Buñuel, pues igual no vas”. Valora Iriarte que en este ámbito del empleo, “hay algo que no está engrasado”. Por ello, pide a las Administraciones “legislaciones que ayuden, que faciliten” los procesos, además de que apuesten por “revisar cómo funcionan” las medidas que se ponene en marcha. Y pone un ejemplo concreto: “Todos estábamos de acuerdo en que había que regularizar el sector del empleo doméstico, que las empleadas del hogar tenían que tener seguridad social y todos los derechos. Ahora bien, llega la legislación y pone unas cuantías que son inasumibles para muchas familias normalicas. Creo que hay que modular algunas cuestiones”.
COMPATIBILIZAR EL TRABAJO CON LA RENTA GARANTIZADA
La dicotomía entre persona con trabajo y persona perceptora de una prestación es falsa. En 2021, el 40% de las unidades familiares que percibieron la Renta Garantizada tuvieron un empleo a lo largo del año. La media se situó en 3 contratos. “Estos datos nos dicen que una buena parte de los perceptores son los llamados trabajadores pobres, los que ocupan puestos muy precarios”, detallan desde el departamento de Derechos Sociales. “Existen muchas personas que alternan una actividad laboral de periodos cortos de días o semanas, con la percepción de la Renta Garantizada”, apoya la edil de Tudela.
El sistema, sostiene el Ejecutivo, “está pensado para que siempre compense trabajar”. “Además, es que existe la obligación de aceptar el puesto de trabajo y de asistir a los cursos de formación. Si no, se pierde la prestación. Se hacen cruces de datos todos los meses con la Seguridad Social y Empleo”, defienden.
Cáritas objeta. “Claro, pero la inmensa mayoría de los puestos de trabajo no pasan por las entidades públicas”. Iriarte se muestra en contra de “las posturas maximalistas” en lo que concierne a esta materia. “Decir que hay que quitar la Renta Garantizada porque hace que la gente no vaya a trabajar me parece una estupidez; pero también me parece una estupidez defender que está todo perfectamente. Es un instrumento bueno y nos parece positivo compatibilizarla con el ejercicio laboral, porque estimula. Ahora bien, seguramente no está funcionando todo lo bien que se pensó que iba a funcionar”, opina Iriarte.
“¿Se puede mejorar la renta? Por suuesto que sí, todo en la vida es mejorable, pero son procesos complicados porque estamos hablando de un tema muy complejo”, añade la concejala de Tudela.
En el ámbito de la inserción laboral de perceptores de renta, el programa AUNA ha sido el último en ponerse en marcha, todavía en fase de piloto. Una de las localidades en las que se ha iniciado es en Tudela. “Tiene como objetivo la activación y acceso al empleo de personas que necesitan apoyos complejos. Por ello, a través de una atención integrada entre los servicios sociales y empleo se busca un acompañamiento individualizado integral”, termina Agüera.
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