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Sagrario Castiella Baquedano, la 'TÍA' con mayúsculas

Ampliar Sagrario Castiella Baquedano
Sagrario CastiellaCEDIDA
  • Tita Lorenz Castiella
Actualizado el 15/10/2022 a las 11:09
00.38 horas del viernes 30 de septiembre de 2022. Llueve, llueve mucho. La tía Sagrario nos ha dejado con sus 90, casi 91 años (los hubiera cumplido el 27 de diciembre). Se ha ido el último día de septiembre, el mes de la vendimia y de San Mateo, y en un ratillo de buena lluvia, las tormentas que tanto le preocupaban por el devenir de sus viñas. Ya está en la casa del padre, como ella siempre decía, con quien más la quiso, el tío Hortuño.
La tía Sagrario había nacido en la Navidad de 1931 en una familia numerosa, la familia Castiella Baquedano, en el número 19 de la calle Mercaderes de Pamplona. Hija de Primitiva e Hilario, era la cuarta chica por detrás de las tías Rosario, Angelines y Teresa y también la cuarta desde abajo, por delante de las tías Chus y Camino (mi madre) y del único chico, el tío Pachi. La tía tenía su retranca, era genio y figura. La vida le regaló como marido a una persona estupenda, el tío Hortuño Manso de Zúñiga, del que enviudó demasiado pronto, y una única hija que no sobrevivió apenas un día y a la que siempre tenía en sus pensamientos y en su corazón. “Yo no he tenido hijos, pero tengo sobrinos”. Esa era una de sus frases favoritas, porque los niños le encantaban, y la llevaba muy a gala.
Era la ‘Tía’ con mayúsculas. Tan generosa, como ‘geniuda’, genial, genuina, impaciente, lista y divertida. La tía no dejaba indiferente a nadie. Era mundial. Fumadora empedernida tanto como lectora. Le encantaba ganar a las cartas y jugaba como era, con mucha picardía. Amiga fiel de sus amigas, era muy familiar, siempre nos ponía por delante, a los suyos, a sus sobrinos Castiellas, pero también a los Manso de Zúñiga y a los Martínez de Salinas. Todos teníamos cabida en su ‘capazo’ sin distinción alguna. Era feliz cuando le llevávamos a casa a nuestros hijos de niños.
De ella recuerdo muchas virtudes, pero una sin parangón, la generosidad. En una ocasión le entraron a robar en Torremontalbo (La Rioja) y le faltó el tiempo para reunirnos a todos y repartir toda las cosas de plata que tenía y tenía muchas. Mejor que lo disfrutéis vosotros y así, si me vuelven a entrar, no tienen nada que llevarse.
Lo daba todo y a todos. A ella le debemos sobrinos y sobrinas todo tipo de parabienes: tardes y tardes de películas de Walt Disney, días de helados en Nalia, libros en la Feria del Libro, boletos de la Tómbola de Cáritas como si no hubiera un mañana, aperitivos en el Noé y donde hiciera falta. Siempre tenía el monedero abierto.
También allí, tras los mostradores de la Tómbola, la van a extrañar, y en Manos Unidas, y en la parroquia de San Nicolás y en el Rastrillo de Nuevo Futuro y allá donde hubiera algo que aportar para los más necesitados. “Obras son amores y no buenas razones”. Era la Tía Sagrario para muchos, pero en especial para nosotros.
Sus pimientos rellenos medio crudos eran memorables en aquellos días de San Fermín con el estómago bien perjudicado y también sus mouses de chocolate. Y cómo olvidar esas patatas bravas tan bravas como ella y sus pimienticos najeranos tan deliciosos...
En una ocasión le caímos por sorpresa en casa y, a falta de otra comida, nos dio un arroz riquísimo que hizo con el que preparaba para los perros y claro está no nos lo dijo hasta ya terminado. ¡Era un caso! Y lo rico que le salió...
En sus bodas de plata la tía Rosario les compuso una poesía: “Se casaron una brava navarra con un guipuzcoano ejemplar. Después de 25 años la navarra sigue brava y el guipuzcoano, ejemplar”.
Casi todos los recuerdos que me evoca la tía Sagrario me dibujan una sonrisa, pero tengo uno especial. Mi regalo de primera comunión: unos gallos de pelea de colores que le compraron los tíos a un gitano de Logroño, un tesoro con el que hicimos todo tipo de ‘perrerías’, desde encierros de toros-gallo, hasta peleas… Mis gallos eran verdes, azules, naranjas… eran lo más!!
Fuimos afortunados. Todo el mundo debería tener en su vida una tía Sagrario (y una tía Chus, que siempre estuvo a su lado y pendiente de su bienestar). Gracias por tanto, tía.Ahora que no nos ven te daré un beso con ruido, de esos que no te gustaban ni ver. Te quiero, tía. Hasta siempre!!
La autora es periodista y sobrina de la fallecida
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