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Meteorología

Los veranos muy tórridos ya no serán una excepción

Los meteorólogos y estudiosos del tiempo se mueven entre pronósticos para años venideros de calor sofocante y fenómenos intensos debido al cambio climático y el recuerdo de que “en Navarra los veranos son cambiantes”

Ampliar Un hombre se refresca junto a las pasarelas del río Arga el pasado 18 de julio en Pamplona.
Un hombre se refresca junto a las pasarelas del río Arga el pasado 18 de julio en Pamplona.Jesus Caso
Publicado el 22/08/2022 a las 06:00
Repasar el verano que avanza, con un mes por delante hacia su ocaso bajo la impronta de un calor asfixiante, desata el interrogante de si será solo el principio de una nueva época con estíos prolongados y sofoco intenso. La incógnita late a pie de calle bajo el manto del cambio climático, que ha dejado de ser una amenaza para ser una realidad tan presente como inquietante. Las voces autorizadas en el escrutinio de los misterios del cielo - los expertos que auscultan la meteorología y hablan de predicciones-, se mueven entre pronósticos poco halagüeños y la incertidumbre que, aseguran, envuelve los movimientos de la atmósfera.
De su boca brotan advertencias: “No es que vaya a haber veranos como éste, pero sí cada vez más frecuentes”. Los datos y modelos de predicción meteorológica auguran malos presagios: “No tenemos duda de que esto es sólo el principio. Volveremos a encontrar este tipo de condiciones” en años venideros durante una estación del año cada vez más dilatada, observa el delegado de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) en Navarra, Peio Oria. “Los veranos son cambiantes en Navarra y así seguirán siendo”, tercia, a su vez, el doctor en Geografía e Historia en la especialidad en Climatología, Javier Pejenaute Goñi.
En medio del desafío que para todas las ciencias supone siempre anticipar el futuro, hay una realidad -la vivida este verano-, que conviene analizar a partir de episodios o comportamientos meteorológicos nada habituales. “ Este verano se están produciendo eventos extremos. Destacaría los episodios y olas de calor intensos, la circulación atmosférica machacona de lenguas cálidas en altura, la intensa sequía y la proliferación de incendios con muchas hectáreas quemadas. Verano tórrido difícil de encontrar en las series históricas, que pasará a la historia de la climatología navarra por sus numerosos días de calor sofocante que afecta en mayor o menor medida a todas las comarcas navarras. No es excepcional que tengamos en Navarra olas de calor a mediados de julio o de agosto en el período de la canícula estival que se sitúa entre el quince de julio y el quince de agosto. Lo que más me extraña son las dos primeras de mediados de mayo y junio que tuvieron lugar en fechas todavía tempranas y con inusitada intensidad. Y me sorprende también que, a mediados de agosto, cuando falta todavía más de un mes para la finalización del período estival astronómico, 23 de septiembre, hayamos padecido estos cuatro episodios intensos de calor sofocante, con numerosas jornadas con temperaturas extremas diurnas y noches tropicales tórridas que nos han impedido conciliar el sueño. Balance, sin duda, extraordinario que indica que estamos ante un verano raro y muy caluroso”, relata Pejenaute. En su análisis repara igualmente en la singularidad que ha supuesto “la circulación asociada al calor: Enormes cúpulas o lenguas cálidas extendidas desde el norte de África hasta las islas Británicas han coronado la península Ibérica y Europa occidental. Simultáneamente, potentes vaguadas ancladas en el Atlántico sur nos han enviado por su lado oriental masas de aire tropicales cálidas de procedencia africana. Éstas, estancadas en condiciones anticiclónicas estables, han sido sometidas a fuerte insolación en algunos momentos con más de quince horas de sol para calentar y menos de nueve para enfriar. Esto se ha sucedido con machacona insistencia, con lo que los alivios térmicos, cuando han estado presentes, han sido pocos y de corta duración. No ha hecho su aparición una situación refrescante del norte hasta estos últimos días”.
La sequía padecida, señala este doctor en Geografía e Historia, “no es un episodio anormal en Navarra. Ha habido numerosas sequías, tanto en la Navarra verde (años 1925, 1943, 1956, 1976 y finales de la década de los ochenta, que dejó sin apenas agua al País Vasco), como en la Navarra parda (períodos 1901-03, 1914-18, 1931-35, 1944-46, 1973-74, 1981-83), aunque en los últimos años la frecuencia se ha hecho mayor a la vez que el consumo de agua aumenta”.
Los hombres del tiempo no pasan por alto los incendios que mantuvieron en jaque a Navarra a mediados de junio, con una sucesión de episodios que parecían no tener fin. Ahí están -recuerda Peio Oria- los que asolan a la geografía peninsular, con puntos candentes en el Levante, Castilla-León o hasta hace pocos días, el Moncayo aragonés. Los desplazamientos a la costa mediterránea, recurrentes para no pocos navarros en busca de cambio de aires, han permitido experimentar una nueva sensación: el agua del mar estaba más caliente que otros años. “El mar Mediterráneo está marcando récords, con mediciones en su superficie de cerca de 30 grados. No es la primera vez que se llega a este valor, pero probablemente nunca se hayan dado anomalías de temperatura en la superficie del mar tan continuadas. Esto es habitual a finales de agosto cuando el mar ha absorbido mucho calor. Hay mucha preocupación por si vienen situaciones de inestabilidad atmosférica en los meses de septiembre y octubre. Con un mar tan caliente podemos tener precipitaciones cuantiosas. No significa que vaya a pasar pero es un ingrediente que aumenta el riesgo”, apunta Peio Oria. El meteorólogo de ETB Arnaitz Fernández destaca el mismo fenómeno como una afección más del mal que afecta al mundo entero. “La temperatura media de la superficie del mediterránea -dice- es comparable a puntos del mar Caribe. Eso supone que la temperatura por la noche no pueda bajar mucho y se tengan temperaturas mínimas casi todo el verano por encima de 20 grados. El llamado reventón cálido es habitual en verano pero no que ocurra con tanta frecuencia e intensidad”. En la descripción de lo vivido en los últimos meses, el meteorólogo de Diario de Navarra, Enrique Pérez de Eulate, retrocede en su mente al verano de 2003, azotado por un calor igual de asfixiante. “Este verano -dice- es más o menos parecido al de aquel año. Hemos tenido que esperar 19 años a un verano extremadamente caluroso. Los años de atrás hemos tenido veranos cálidos, pero nada que ver con éste”.
LOS PRÓXIMOS AÑOS
Descrito el diagnóstico, la gran pregunta que planea es si habremos de acostumbrarnos a sufrir los rigores del calor en los próximos años. “Es algo -precisa Peio Oria- que apuntan todos los modelos con los que trabajamos. No es que vayan a ser todos los veranos así, pero sí cada vez más frecuentes. No tenemos duda de que esto es sólo el principio. Volveremos a encontrar este tipo de condiciones”. Lo que está sucediendo es un adelantamiento y frecuencia de “las olas de calor. La primera fue en junio, con valores récord. Pero en mayo habíamos tenido un episodio muy cálido. Se están dando olas de calor muy continuas. Ahí está toda Europa, con falta de precipitaciones. Además el verano se está dilatando. Empieza antes y acaba más tarde. Todo esto tiene mucha repercusión en ecosistemas, agricultura, incendios y aumento de la mortalidad. No son perspectivas muy positivas”.
“Tenemos que hacer mucha concienciación -ofrece como solución- para que la gente entienda que condiciones como las de hace 30 o 40 años van a ser cada vez más difícil de ver y, por el contrario, se van a repetir condiciones como las de este verano”. La opinión de Arnaitz Fernández se sitúa en la misma línea. “Los eventos cálidos, como también fríos en otras épocas del año, van a seguir ocurriendo . Son cada vez más frecuentes y, sobre todo, intensos”.
“Si bien los golpes o episodios de calor son habituales en los veranos de Navarra, sobre todo en las comarcas del valle del Ebro, es difícil que vuelva a suceder con tal intensidad y duración, como en esta ocasión, en cuatro momentos, desde mayo a agosto”, opina, por su parte, Javier Pejenaute. “No es corriente la llegada de masas de aire cálidas saharianas a Navarra, por su situación en latitud septentrional alejada de las mismas. No suele ser normal que una dorsal anticiclónica en altura de semejante fuerza llegue hasta el interior de Europa y bloquee durante tanto tiempo la entrada de aire más suave del Atlántico. Es poco frecuente también que el aire muy cálido subsidente, estancado en condiciones de estabilidad, pueda permanecer varios días consecutivos sin dar lugar a tormentas. Son muchas coincidencias, difíciles de repetir, durante tantas jornadas seguidas”.
Como subraya, “los veranos son cambiantes en Navarra y así seguirán siendo. Ha habido también veranos fríos que nuestra frágil memoria no recuerda porque son cambiantes de unos años a otros. La circulación ondulada en altura, de dorsales y vaguadas, cuando se estancan, tienen esas cosas. En unos lugares del mundo te achicharras día tras día, mientras que en otros los valores térmicos son bajos. Veranos fríos los ha habido en Navarra en numerosas ocasiones, como en los años 1954, 1977, 1978 y 1980. Y entre los últimos, los de 1993, 1996, 2007, 2010 y 2011. Veranos en los que en muchas jornadas a la baja temperatura que señalaba el termómetro, había que añadir la presencia machacona del molesto cierzo, que impactaba con fuerza y hacía disminuir considerablemente la sensación térmica. Días que parecían más un retroceso hacia la primavera en lugar de una consolidación del verano”. Enrique Pérez de Eulate cree que “ no tiene por qué” repetirse el fenómeno de este año. “No estoy de acuerdo con predicciones a tantos años vista. Han pasado 19 años desde el último verano tan caluroso. Posiblemente pueda pasar, sí; y que posiblemente no pase, también. Soy de los que piensa que la atmósfera hará lo que quiera. Se han oído cosas como que este verano va a ser el menos cálido. No tiene por qué. El próximo verano probablemente puede ser más fresco que éste”.
Y, ¿QUÉ SE PUEDE HACER?
Realizado el análisis y apuntadas las predicciones, otro de los dilemas es comprobar si hay posibilidad de invertir la tendencia. “Vamos tarde porque la temperatura del planeta ha subido. Todos los esfuerzos a partir de ahora, ya sean políticas para reducir la cantidad de gases de efecto invernadero que emitimos a la atmósfera o cualquier otra iniciativa, son pocos”. Arnaitz Fernández es tajante en su propuesta para atenuar los efectos del cambio climático.
“Estrategias de adaptación ya se están poniendo en marcha. Por ejemplo, el Gobierno de Navarra tiene un proyecto europeo para adaptarse al cambio climático”, aclara Peio Oria. “Hay cosas que no podemos dar ya la vuelta. Hay una inercia térmica del clima. Significa que hagamos lo que hagamos, por mucho que reduzcamos las emisiones, el nivel de calentamiento va a continuar en las próximas décadas. Se puede hacer también gestión forestal. Pero desde luego habrá riesgo. Habrá tormentas secas, con rayos, que provoquen incendios. Lo hemos visto este verano. Hay un gran reto por delante”.
Javier Pejenaute ya lo advierte: “Los eventos atmosféricos extremos, queramos o no, van a seguir estando presentes. Seguiremos teniendo golpes de calor en verano, más frecuentes en la mitad sur. En algunas ocasiones seguirán apareciendo las olas de calor que en algunas años serán muy intensas con valores térmicos acusados, como está ocurriendo en esta ocasión. Para ello habrá que estar preparados para afrontarlos”. Sobre períodos prolongados de calor sofocante, “se han diseñado -agrega- planes de prevención con valores umbrales contra los efectos de las olas de calor para evaluar el riesgo que repercute de forma negativa en los ciudadanos y en sus bienes, por lo que es necesario evaluar este riesgo, dado la peligrosidad y vulnerabilidad de nuestra sociedad. Se han fijado los valores umbrales de temperaturas extremas máximas y mínimas diarias que incluyen niveles de riesgo. Hay que seguir actualizando datos y mapas y en definitiva continuar trabajando en esta línea. Especial atención a las temperaturas mínimas seguidas que nos van a definir el confort o estrés diario. Hay que insistir en la labor divulgativa didáctica de cara a la protección de las personas de la radiación solar estival”.
A su parecer, “es necesario mejorar los abastecimientos actuales y en su caso disponer de nuevos recursos. Por otra parte habrá que pensar en las variedades de cultivos más resistentes a la sequía. Hay muchas actividades a realizar en este sentido. Entre otras la repoblación, evitar los incendios forestales, ahorrar agua, medidas de choques de los gobiernos. Dado que el agua es un bien escaso, cultivar especies resistentes a la escasez de agua”.
También propone “insistir en una educación en materia de prevención de incendios para tomar conciencia de las pérdidas que ocasionan los fuegos, no sólo referentes a la destrucción de los árboles y matorrales, sino a la modificación de los suelos y de su poder de retención de las lluvias, ya que al no tener protección la tierra, la erosión se hace más intensa”.
Enrique Pérez de Eulate es preciso en su planteamiento: “Ante la atmósfera no se puede hacer nada. Predicción y poco más”.
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