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Saturación

Hasta cinco horas de espera en unas urgencias pediátricas saturadas en Pamplona

La alta concentración de pacientes menores ha obligado a familias a esperar en la calle

Ampliar Café en mano, Stela Tsiolakki aguarda al turno que le corresponde a su hijo, mientras contempla una sala de espera saturada
Café en mano, Stela Tsiolakki aguarda al turno que le corresponde a su hijo, mientras contempla una sala de espera saturadaJ. A. Goñi
Actualizado el 30/11/2021 a las 06:00
Las atenciones en urgencias pediátricas en el Hospital Universitario de Navarra se han multiplicado este lunes con una saturación de pacientes menores, que ha alargado las esperas hasta cinco horas. La obligada distancia de seguridad en la sala, unida a la alta concentración de pacientes menores tras un fin de semana de brusco descenso de temperaturas, ha reducido los espacios en el interior del edificio. La combinación de ambos factores ha abocado a varias familias a permanecer bajo cubierta, pero en la calle, a que llegase su turno. A las cinco de la tarde, con cinco grados de temperatura, seis grupos familiares aguardaban a que apareciese un aviso en la pantalla que divisaban a través de la ventana o a que algún miembro del personal sanitario saliese a la calle y les informase de la inminencia de su atención.
Con una carga de trabajo mayor de lo habitual, el propio equipo sanitario se ha preocupado por avisar de antemano de una larga espera. “Ya nos han avisado en el triaje que debíamos esperar entre 3 y 4 horas”, apuntaba Marian Okiñena, resignada junto a sus dos hijos, Eder y Xanti. Con el centro de salud de San Jorge cerrado, ha dado testimonio de la premonición de la larga espera.
“Nuestro hijo lleva dos noches con problemas respiratorios”, explica Corín Alejandría mientras su marido aguardaba con el pequeño en el interior. Según apuntaba, los cuadros respiratorios se repetían en los primeros diagnósticos realizados a parte de los pequeños como reacción de sus menudos cuerpos a un tiempo desapacible.
La congestión de este lunes en la sala de espera fue algo inhabitual, según entendió Stela Tsiolakki, originaria de Chipre, después de una semana de frecuente asistencia a los servicios de urgencias con sus dos bebés. “He venido esta semana tres veces -dijo-, y como hoy no nunca había habido tanta gente”.
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