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Estafa

Una navarra vuelve a prisión después de 20 años con la estafa de que es hija del rey

De 50 años y de Cintruénigo, ha sido encarcelada en Alicante por estafar 4 millones. Acumula estafas con el mismo señuelo desde 1997 en Navarra, País Vasco y Cantabria

La Guardia Civil
Vehículo de la Guardia Civil.
Actualizada 07/02/2021 a las 06:00

No le faltaba olfato a aquel fiscal que en septiembre de 1998 destacó el “falaz ingenio y gran poder de convicción” de una joven de Cintruénigo que, en silla de ruedas, comparecía ante la Audiencia como acusada de estafar a varias personas “con una historia que, aunque parezca increíble, le sirvió para que picaran en su engaño». 23 años después, y con no pocas condenas por el camino, aquella joven está a punto de cumplir 50 años y ha vuelto a ser encarcelada una estafa piramidal de 4 millones en la que han picado más de un centenar de personas de Madrid, Barcelona, Tarragona y Alicante. Y entonces y ahora ha usado el mismo señuelo: es hija ilegítima del rey emérito.

Su historia y su extraordinaria capacidad para la estafa han llevado a que el diario El País la rebautizara esta semana con el título de “Su excelencia Ana María la estafadora”. Pero su nombre real y completo es Ana María Bea Jiménez. Nació el 12 de mayo de 1971, es natural de Cintruénigo y se mueve en silla de ruedas debido a una meningitis que padeció siendo niña. Una discapacidad que, según varias condenas, ha utilizado para “conseguir el afecto inmediato” de sus víctimas y manejar sus sentimientos “con notable habilidad” hasta hacerles caer en su trampa. Y tantos han caído que si se consulta en Google “Ana María Bea + estafa”, el buscador arroja 4.900 resultados. Un largo historial que empieza tras ser detenida en la Ribera de Navarra en 1997.

CONFESADO DESDE 1998

Al año siguiente, la Audiencia Provincial le impuso 4 años de prisión por estafar más de 50.000 euros a varias personas. Acompañada de su tío, que entonces tenía 82 años, comenzó a aparentar y difundir entre los vecinos de Tudela, Cintruénigo, Corella y Zaragoza que gozaban de una solvencia económica y unos contactos en el mundo de las finanzas (él decía que era un exalto cargo militar con acceso a una zona restringida de la bolsa) para lograr que varias personas se animaran a invertir. Ella lo confesó en el juicio. “Admito mi parte de culpa”, declaró, pero pidió al tribunal que tuviera en cuenta que por encima suya operaban otras personas que la habían utilizado. Entre ellas, un tal “Proncho” al que entregó todo el dinero y desconocía su paradero.

La sentencia, que por supuesto rechazó la teoría de Proncho, destacó entonces que las víctimas se animaban a invertir a cambio de intereses “tan fabulosos y desorbitados” que hacían “prácticamente increíble el engaño”. Sin embargo, el engaño ha sido más creíble y duradero de lo que auguraba aquel fallo. Entre 1997 y 1998, por ejemplo, estafó 36.000 euros a varias personas en San Sebastián, Irún y Zarautz actuando en compañía de su tío y con idéntica historia: ella tenía contactos con la realeza y su tío, “como mutilado de guerra”, en bolsa. Le cayeron 3,5 años de cárcel.

Ocho años después, fue condenada en Santander. Según los hechos que reconoció, y por los que asumió una pena de dos años de prisión, se presentaba como abogada, futura juez de Castro Urdiales e hija ilegítima del entonces rey. Con estos sobrenombres, contrató a una serie de personas entre noviembre de 1999 y agosto de 2000: a una persona para cuidar a su tío “mutilado de guerra”, a un taxista que le prestó 12.000 euros; a la esposa de éste, quien le dejó 3.000 euros, y a la hija de ambos para tareas domésticas. También contrató a un chófer, a otras dos mujeres para realizar labores domésticas, a otro hombre como chofer para los fines de semana, y a una persona más como conductor. A ninguno de ellos pagó.

Todo este séquito con el que aparentaba una supuesta posición aristocrática, y que ya aparecía en la sentencia guipuzcoana, se ha repetido en la estafa desmantelada esta semana: la operación Oportunidad 2000, que consistía en vender inmuebles ficticios. Según la Guardia Civil, la cabecilla de la trama era esta navarra que se movía en silla de ruedas y que se hacía pasar como hija ilegítima de Franco o del rey emérito, “ganándose el aprecio y la compasión de sus amigos y conocidos para captar a sus víctimas”, a los que les contaba que era heredera de grandes fortunas. El cuerpo policial destacó su “alto nivel de vida” y las 15 personas que tenía a su servicio. El juez decidió enviar a Ana María Bea Jiménez a prisión. 23 años después, continúa con su falaz ingenio.

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