La espectacular ruta por la desconocida "selva tropical" de Navarra

La revista Conocer Navarra recorrió este paraje de Tierra Estella en su número 71 y lo definió como la auténtica "jungla navarra", un rincón tan espectacular como desconocido que invita a caminar entre leyendas, naturaleza y aventura

Barranco de Obantzea, la jungla navarra
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Barranco de Obantzea, la jungla navarraUnai Larraya Carabantes
Barranco de Obantzea, la jungla navarra

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Saioa Rolán

Publicado el 12/06/2026 a las 05:00

Paredes cubiertas de musgo, pequeñas cavidades en la roca, senderos que se abren paso entre una vegetación exuberante y una humedad impropia de la Navarra más conocida. En pleno valle de Guesálaz se esconde uno de los paisajes más sorprendentes de Tierra Estella. La revista Conocer Navarra recorrió el barranco de Obantzea en su número 71 y lo definió como la auténtica "jungla navarra" y no es para menos. Allí nos encontramos con un paraje tan espectacular como desconocido que invita a caminar entre leyendas, naturaleza y aventura.

FICHA TÉCNICA
Inicio y final: Arguiñano (valle de Guesálaz)
Distancia: 12,5 kilómetros
Duración aproximada: 4 horas
Desnivel: 437 metros
Recorrido: circular
Dificultad: media
Importante: la ruta no está homologada ni balizada oficialmente y presenta zonas con riesgo de caída. Se recomienda extremar la precaución.

El punto de partida de esta ruta se encuentra en Arguiñano, una pequeña localidad del valle de Guesálaz situada a unos 40 minutos en coche de Pamplona. Antes incluso de adentrarse en el barranco, el pueblo ya ofrece una estampa atractiva, con sus casas de piedra, sus calles tranquilas y la iglesia de San Martín, un templo de origen medieval reformado en el siglo XVI.

La excursión comienza por una pista cómoda en la parte alta del pueblo que va ganando altura para regalar al excursionista unas bonitas vistas de Arguiñano y, más adelante, las aguas turquesas del embalse de Alloz, un paisaje que algunos comparan con un pequeño Caribe navarro. Qué exótico suena todo en esta ruta, ¿verdad?

Sin embargo, el verdadero espectáculo llega cuando el recorrido se adentra en el barranco de Obantzea. La vegetación se vuelve cada vez más densa y el paisaje cambia por completo. Musgos, líquenes, hayas y helechos cubren las laderas mientras la humedad se mantiene constante incluso en los días más calurosos del verano. No es extraño que muchos senderistas describan este rincón como una auténtica selva.

A medida que avanzan los kilómetros, las paredes rocosas comienzan a cerrarse sobre el camino. El sendero, que no está balizado y exige seguir hitos de piedra y marcas en los árboles, atraviesa varias cavidades abiertas en la roca que recuerdan a antiguos refugios naturales. Según recogía el historiador y guía turístico Julio Asunción en un reportaje anterior de Conocer Navarra, algunas de estas formaciones recuerdan el Abrigo de Artusia, en Unzué, vinculado a pobladores mesolíticos de hace unos 9.000 años.

El barranco también está rodeado de antiguas leyendas, según narra la periodista Andrea Incera a lo largo del reportaje. Algunas tradiciones populares recopiladas en el valle hablaban de brujas que sobrevolaban estas paredes escarpadas y utilizaban este paraje como lugar de reunión. Historias que contribuyen a reforzar el halo misterioso de un entorno que parece diseñado para alimentar la imaginación.

La parte más espectacular del recorrido llega con la famosa grieta de Obantzea. Casi sin previo aviso, después de un muro de contención de piedra, una estrecha abertura se abre entre las paredes del barranco. El olor a tierra húmeda, el musgo que cubre las rocas y la temperatura más fresca convierten este rincón en uno de los lugares más fotografiados de la excursión y en un destino ideal para los meses de verano.

La ruta continúa después entre pequeños pasos de trepada, senderos angostos y bosques donde el verde domina cada rincón. El paisaje alcanza aquí su máxima expresión, con árboles cubiertos de líquenes, rocas tapizadas de musgo y una atmósfera que transporta al visitante a escenarios más propios de una selva atlántica que del interior navarro.

Para completar el recorrido es necesario regresar sobre parte del camino y ascender por la parte superior del barranco.

Ya en el tramo final, el paisaje vuelve a abrirse. Una balsa, un antiguo abrevadero y la presencia de ganado anuncian el regreso a terrenos más abiertos. Poco después, la sierra de Andia se despliega ante el caminante y ofrece algunas de las mejores panorámicas del recorrido, antes de regresar a Arguiñano por una pista con excelentes vistas sobre el valle de Guesálaz.

Con una distancia de 12,5 kilómetros, un desnivel de 437 metros y unas cuatro horas de duración, la ruta del barranco de Obantzea es una propuesta ideal para quienes buscan descubrir una Navarra diferente. Un paisaje húmedo, salvaje y sorprendente que permanece todavía alejado de los circuitos más conocidos y que confirma que la Comunidad foral aún guarda rincones capaces de sorprender a los excursionistas más experimentados. Recuerda respetar el entorno y no tocar nada para que otras personas puedan alucinar con este rincón.

Puedes leer el reportaje completo en el nº71 de la revista Conocer Navarra

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