400 metros vallas

Sergio Fernández: "Volver a sentirme libre corriendo me hace estar feliz"

Plusmarquista nacional de 400 metros vallas, dos veces olímpico y subcampeón europeo, el atleta de Barañáin resurge con fuerza después de una larga odisea de cuatro años de lesiones

Sergio Fernández celebra su séptimo título nacional en 2021.
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Sergio Fernández celebra su séptimo título nacional en 2021
Sergio Fernández celebra su séptimo título nacional en 2021.

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María Vallejo

Publicado el 11/07/2023 a las 06:00

Al otro lado del teléfono, la voz de este joven de Barañáin suena diferente. Rezuma felicidad. Y no ha sido habitual notar así a Sergio Fernández Roda en los últimos años. El atleta navarro, el primer en alcanzar cotas inimaginables en este deporte antes de la irrupción de Asier Martínez, tocó el cielo gracias a su majestuoso comportamiento en los 400 metros vallas y, casi sin asumir la grandeza de lo que estaba logrando, se metió en el fango. Después de un 2016 de ensueño en el que fue subcampeón europeo y disputó los Juegos Olímpicos de Río, en los que fue semifinalista y batió el récord de España, llegó el frenazo.

En la cabeza de este prodigio físico, talento natural para las vallas, disciplina forjada en la cantera berinianense de Luis Requetibate y desarrollo posterior con Félix Navarro en Larrabide, no había otra cosa que intentar ser el mejor. En aquella final del Europeo de Amsterdam, fue sexto un tal Karsten Warholm. El noruego, que entonces tenía 20 años, era como él una de las grandes promesas de la distancia. A día de hoy, es el mejor de la historia. En cambio, a Sergio se le torció el plan. Su cuerpo empezó a quejarse y su mente le siguió. Entró en un oscuro periodo de lesiones en las que los isquiotibiales fueron el caballo de batalla.

Empezó a encadenar semanas, meses y temporadas enteras sin competiciones de calidad. Aun así, sus arrestos le hicieron amasar títulos nacionales y una segunda participación olímpica. Pero desde Tokio, Sergio no había vuelto a las pistas. Hasta hace unos días. Primero en Málaga (49.89) y después en Gandía (49.76) y Bélgica (49.73), el navarro ha regresado con más fuerza que nunca. Sus rugidos se escuchan de nuevo.

Cuando ganó en Gandía, sonrió y aplaudió a la grada. Le ha costado mucho sonreír estos últimos años. ¿Qué hay detrás de esa cara?

Representa una nueva oportunidad para mí y todos los que están conmigo. Hemos pasado años difíciles, plagados de lesiones, y volver a sentirme libre corriendo, competitivo y relativamente sin molestias, me hace estar feliz y disfrutar de cosas tan sencillas como viajar a un sitio, los nervios de las competiciones, encontrarme de nuevo con compañeros... Detrás de esa cara hay todo tipo de sentimientos, desde los más positivos y alegres a todo lo contrario. Forma parte de la vida de cualquier persona y también la de un deportista. Esto es un recorrido largo. Llevaba cuatro años sin correr bien, porque empecé con el problema del tendón, que luego resultó estar roto. Pero ya antes había tenido dificultades para conseguir los objetivos. La vida me está dando otra oportunidad, poco a poco. He puesto muchísimo de mi parte, entre otras cosas esta cara de felicidad se debe a que el rendimiento en la pista es bueno, y eso se debe al trabajo, a remar contra corriente. Cuando uno está en una situación complicada y recibe señales de que no puede hacerlo, y cada vez se ve más apartado de alcanzar un objetivo, de ser quien era, resulta difícil que la vida te dé otra oportunidad.

Nos nos esperábamos esta vuelta de Sergio, es toda una sorpresa. ¿Usted sí? ¿Se lo esperaba?

Estas marcas tampoco son... A día de hoy, estamos en la tercera línea europea y mundial. No son grandísimas marcas, pero sí me dan confianza y las sensaciones son buenas. Me veo rápido, sólido, me falta un poquito encontrar mi carrera ideal al final... Pero siempre he confiado en mí y creo que tengo potencial, balas por gastar, margen de mejora. Evidentemente, el tiempo corre en contra cuando llegas a cierta edad, pero necesitaba estar sano y reflejar todo el trabajo que hemos estado realizando lejos de las pistas. Ese trabajo nos ha permitido estar sólidos, mentalmente más crecidos... Si hubiera decidido en todo este tiempo lesionado alejarme de mi entorno deportivo, todo habría sido mucho más complicado. Estar vinculado a todo lo que está en mis manos, repeticiones en el gimnasio, técnicas..., mentalmente me ha dado muchísima fuerza y eso tiene una transferencia muy positiva para volver a los entrenamientos y a la competición con normalidad. Esa energía acumulada en forma de ganas, de ira, la he ido transformando en el trabajo de hacer lo que estaba en mis manos. No nos hemos ido, hemos estado peleando. De situaciones malas se pueden sacar cosas positivas. Ese dolor en silencio lo he plasmado en ganas, confío en que las cosas pueden salir y creo, aunque pueda ser que me anticipo demasiado, que la mejor versión está por llegar y así lo he creído siempre. Si no, habría abandonado. Habría dejado el atletismo.

Menuda capacidad de convicción tiene. Hemos pasado de la sorpresa a la seguridad de que va a hacer unas grandes marcas.

-Ríe-. Son cosas que tengo muy reflexionadas.

Hay que darle la vuelta a las cosas difíciles de la vida con las herramientas que se tiene, a veces muchas, otras pocas. A veces con compañía, otras en soledad.

Eso es. La soledad es a veces buena para sanar heridas, para curarse a uno mismo. Porque hay veces que estar con gente te hace mostrar una cara que no eres o hablar de cosas que no te apetece...

Habla de ese trabajo personal que ha realizado. Está también esa operación que se hizo en Finlandia, hace dos años. ¿Qué otra decisión le ha venido bien de las que ha tomado?

La más importante ha sido no tirar la toalla. Y otra fundamental es haber venido a Barcelona. En Madrid, estuve dos años para arriba y para abajo. No dábamos con la tecla. Y si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma. No terminaba de encontrar la solución, y mira que vi profesionales, pero sólo poníamos parches. Después de los Juegos de Tokio, hablé con mi antiguo entrenador, Félix (Navarro), que me dijo unas palabras muy sabias. Era algo que había pensado, pero necesitaba un empujón. Él me dijo que si tenía una estructura deportiva detrás grande, las decisiones médicas o de fisioterapia estarían más apoyadas. Y eso es lo que tengo en Barcelona, donde están parte de los servicios médicos de la RFEA. Fue una buena decisión.

Había personas que le aconsejaron venir a Pamplona, por el apego familiar que tiene y para apoyarle en un mal momento anímico.

Desde luego. Tenía la duda de quedarme en Pamplona o ir a Barcelona. En casa tengo a toda mi gente, me siento muy pleno, mi familia es súper importante. Pero en este momento de mi vida hay cosas que tienen más importancia desde el punto de vista de mi responsabilidad. En Barcelona se fueron tocando las teclas correctas, fuimos de un lado a otro, hasta que dimos con el doctor Balius, que es el que decidió que fuera a operarme a Finlandia, con el doctor Lasse Lempainen. Fue la mejor decisión, porque del tendón de la inserción proximal del isquiotibial izquierdo ni me acuerdo.

Del nombre sí que se acuerda...

Sí -ríe-. Eso hace que pueda volver a la práctica, que no tenga tanto miedo. Me encuentro en un ambiente muy cómodo con mi entrenador, con mis compañeros de grupo he encajado genial... Cada vez disfruto más, tenemos más conexión de grupo y estoy muy agradecido a Barcelona.

¿Quién cree que se ha alegrado mucho con su resurgimiento?

Entiendo que la gente que me quiere. Mis padres y mi hermana no tengo ninguna duda y el resto de mi familia también. Es algo que siento así. Mis amigos han estado ahí siempre y han sido un apoyo muy importante. Ellos me inspiran, porque somos gente humilde que podemos hacer cosas grandes, por ejemplo cuando un amigo saca una oposición. Somos chavales de Barañáin, de un pueblo de Navarra, que somos un exponente de que con esfuerzo y sin rendirse cualquier persona puede lograr cosas. Yo soy la cara visible, pero detrás de mí hay mucha gente apoyando.

¿Tiene algún plan para la segunda quincena de agosto?

Espero que ir al Mundial -risas-. ¿La pregunta es envenenada, tiene segundas intenciones?

Cero veneno y primeras intenciones. ¿Qué va a hacer en esas fechas?

Espero estar en Budapest y dar mi mejor versión, que sea el momento más álgido de la temporada. Todavía no estoy clasificado, pero es algo que ambiciono muchísimo. Estoy trabajando día a día mental y físicamente, buscando las competiciones de forma cuadriculada y estructurada, porque sin hacer cinco competiciones no puedo estar en el Mundial. Estoy buscando la clasificación para Budapest, tengo que competir prácticamente cada fin de semana para buscar esas cinco competiciones.

Está el 24 de Europa por marca.

Me gusta saber este dato, porque es una referencia de cómo está la gente ahora y me da esperanzas. Pero se está corriendo mucho -sonríe-.

Da gusto hablar con usted, se le nota más ilusionado que nunca después de haberlo pasado tan mal...

Yo estaba en la cresta de la ola y no sabes cuándo va a acabar. Cuando estás abajo, te das cuenta de que estar en una situación intermedia también es para disfrutarla.

Como cuando fue siete veces campeón de España y ya ni se alegraba, lo veía como una obligación...

Sí, es todo por el contexto, pero haber superado una situación de dolor físico estructural te hace estar mucho más ilusionado.

¿Cuáles serían sus próximas citas para conseguir ese objetivo de Budapest?

El 12 estoy en lista de espera en Lieja, el 17 compito en Marsella, el 20 tengo otro mitin y después el Campeonato de España el último fin de semana de julio. Con esas cinco competiciones, espero que me dé para estar donde quiero estar en la segunda quincena de agosto.

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