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Atletismo

El guardaespaldas de Asier Martínez

Llegó a París procedente de Chad, su madre murió al dar a luz a su hermana y su vida fue dura; el atletismo le salvó, el hip-hop le convirtió en ‘Swan’ y hoy es el entrenador del que todos hablan

Ampliar François Beoringyan realizó esta fotografía minutos antes de que Asier, Kwaou-Mathey y Martinot recogieran sus medallas
François Beoringyan realizó esta fotografía minutos antes de que Asier, Kwaou-Mathey y Martinot recogieran sus medallasFRANÇOIS BEORINGYAN
Publicado el 20/08/2022 a las 06:00
La vida está construida a base de decisiones, de cruces de caminos, de situaciones inesperadas. Los padres de François Beoringyan, el entrenador que lleva 20 años trabajando en Larrabide y del que ahora habla todo el mundo, emigraron de la República del Chad, país centroafricano, a París. Fran era el penúltimo de una familia de cinco hermanos, dos chicos y tres chicas. Su padre obtuvo una beca para ir a estudiar Enfermería en Francia en 1978. Primero se fue él y después su familia. La idea inicial era volver a África, pero todo dio un giro dramático. Su madre falleció al dar a luz a la hermana pequeña de Beoringyan. Desde entonces, su padre tuvo que criar solo a 5 hijos, acabar la carrera de enfermero y trabajar de noche. Una vida dura que el propio entrenador recuerda desde Múnich.
Tras la muerte de su madre, se mudaron a otra parte de París, un barrio obrero, al lado del polideportivo de atletismo. “Los martes y jueves los chavales pasaban por debajo de mi ventana. Mi hermano se apuntó y mi primer amigo le invitó a ir. Empecé con 9 años y no lo dejé hasta los 35, cuando me retiré”, recuerda François. Era un atleta bastante completo pero le gustaba el salto de altura, porque cada fin de semana mejoraba su marca. Al saltar 2 metros en cadete fue al CAR de París.
Su padre se quedó sin trabajo porque la fábrica donde estaba empezó a ir mal. Tuvo un accidente y le pusieron una prótesis en la cadera. “La vida no era fácil. El atletismo siempre ha sido mi vía de escape, mi salvavidas”, cuenta. Los años 80 fueron complicados. “Había drogas y el deporte me mantenía fuera de ello. Me apartaba de la mala vida”, repasa el técnico. Entonces recibió un gran segundo revés: la muerte de su hermano. “Fue superduro. Siempre me animaba a cuidarme y a darlo todo”, explica Fran. Y surgió otra vía de escape, la música. “Mi padre y mis hermanos la ponían a tope en casa, me he criado con la música que ellos ponían. Lo mismo escuchaba a Sade, Blondie, The Cure o Barry White. Cuando llega el rap a finales de los 80 es la música que me ha acompañado toda mi vida, con el movimiento del hip-hop, y me he dedicado a todo lo que conlleva: el baile, el graffiti, y de ahí viene mi nombre, Swan (cisne en inglés), porque era mi firma como grafitero”, revela el líder de su grupo de entrenamiento, el Swan Team.
'SWAN', EL GRAFITERO
Su juventud se desarrolla entre el rap y el atletismo. Hizo una FP de Contabilidad pero se enteró de que había una carrera para ser profesor de Educación Física. Tuvo que esperar para entrar en la Universidad de París, de donde salió con una licenciatura en INEF, especialidad en atletismo, que encadenó con un máster de Preparación Física. En uno de sus viajes veraniegos con sus amigos, conoció a una chica de Pamplona. “C on los años di el paso de ir allá, porque si no la relación no tenía futuro. En el Scania, me presentaron a Francis Hernández y Juan Carlos Razquin, y como tenía bastante nivel, me dijeron que no podían darme el dinero que me podía corresponder, pero yo quería trabajar. Y así es como empecé en el Pamplona Atlético hace 20 años”. Fran resalta la importancia de esos técnicos y de Josetxo de Sola. “Son personas clave en mi carrera. Tuvieron la buena idea de invertir más en cantera y menos en fichajes. Entramos varios entrenadores con ganas de cambiarlo todo, cuando no éramos ni 60 atletas. Las bases, con toda humildad, las pusimos nosotros”.
Se define como un superviviente, soñador, cabezón, perfeccionista, a veces pesado, “me pueden llegar a coger paquete porque tengo claras las cosas que quiero y las que no”, entregado, honesto y buena persona.
Y este soñador se encuentra con un diamante: Asier Martínez. Es su coach, su guardaespaldas, su amigo. Pero no quiere hacer distinciones. “He tenido a Asier como a todos los atletas, mostrándoles mi pasión. Asier pone a la luz mi trabajo, y estoy muy agradecido, pero son muchos años y no sé trabajar de otra manera. Estoy feliz por Asier y su familia, porque nos da ilusión y esperanza. Pero no pienso parar. Seguir consiguiendo cosas es lo que me motiva. Tengo asuntos pendientes con Nerea Bermejo e Iker Alfonso, quiero darles esa oportunidad.
Su padre murió hace 3 años. “Era mi referente, estaría muy orgulloso de mí allí donde esté. La noche de la final le pedí una ayudita y me ayudó. Cada vez que me emociono es porque me acuerdo de él”. Adora a sus tres hermanas y a sus sobrinos. “Estoy muy afortunado de tenerlas en mi vida”.
Echa la vista atrás y siente que la vida le ha dado una revancha . “Hace poco fui a mi pueblo en Chad, y allí no pensaba que iba a conseguir lo que estoy viviendo. Da igual las medallas, el motor de los sueños te hace levantarse todos los días”. Fran, lo has conseguido.
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