Gabriel Pérez: "Los brigadistas de la guerra civil española tenían grandes ideales, pero pronto se sintieron utilizados"

‘El involuntario. Un espía alemán en las Brigadas Internacionales’ (Rialp, 2025) es la última obra del periodista y escritor pamplonés, que aborda el papel de los voluntarios extranjeros que lucharon a favor de la Segunda República

Gabriel Pérez posa para esta entrevista en el quiosco de la plaza del Castillo.
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Gabriel Pérez posa para esta entrevista en el quiosco de la plaza del Castillo
Gabriel Pérez posa para esta entrevista en el quiosco de la plaza del Castillo.

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Eva Fernández

Actualizado el 16/05/2025 a las 17:01

A sus 73 años, el periodista y escritor Gabriel Pérez Gómez lleva más de veinte -desde que se jubiló como director de TVE en Navarra en 2005-, investigando sobre la guerra civil española y, los últimos seis, escribiendo además novelas ambientadas este mismo conflicto. Primero fue ‘La confesión de Joaquín Grau’ (Renacimiento, 2019), un espía de Franco (en esta ocasión, un personaje inventado, pero construido a partir de personas reales) que consigue localizar y detener al socialista y director de una checa Agapito García Atadell. Luego llegó ‘Le pusieron Libertad’ (Renacimiento, 2021), en la que narra la historia de un comunista y capitán de milicias en el Ejército Vasco, “cuya gesta no habría caído en el olvido de haber sido nacionalista”. Y en tercer lugar, porque su idea inicial era escribir una trilogía ‘El affaire Borchgrave’ (Espuela de Plata, 2024), cuya historia gira alrededor de la desaparición deel barón Jacques de Borchgrave, agregado de la embajada belga en España que ayudó a desertar a voluntarios belgas de las Brigadas Internacionales y cuyo cadáver fue encontrado en una cuneta. Ahora llega la cuarta novela, de la que trata esta entrevista, ‘El involuntario. Un espía alemán en las Brigadas Internacionales’ (Rialp, 2025), en la que el teniente Kurt Krauer -también un personaje de ficción-, del Servicio de Inteligencia Militar de la Alemania nazi, debe alistarse como voluntario. Pero el autor asegura que ya ha escrito la mitad de una quinta novela, esta aún sin título, que abordará la situación que le tocó vivir a su familia materna en Guadix (Granada), en zona republicana.

¿Qué tiene este conflicto bélico que le ha atrapado sin remedio? 

No sé muy bien por qué me viene esta pedrada... [ríe]. Quizás por mi infancia. Nací en 1951 y me tocó vivir los últimos años de la posguerra. La gente no hablaba directamente de la guerra, sino que se quería echar tierra de alguna manera. Mi padre no quería contar nada, pero mi madre y mis tías sí. Lo contaban sin filtro, sin ideología, que es la mejor manera de mantenerte pegado a los hechos. Luego, más adelante, en los primeros 90, conocí al historiador e hispanista británico Hugh Thomas, autor de una de las grandes obras sobre la conflagración bélica, que por supuesto leí con pasión. Y tras jubilarme, siempre he tenido algún libro de la guerra civil española entre las manos.

Las Brigadas Internacionales no habían estado en su foco...

Para mí las Brigadas Internacionales eran una especie de nebulosa hasta que, casualmente, en un viaje que hice a Estados Unidos en 1992, el periodista y premio Pulitzer Warren Lerude -que me había invitado a dar unas clases en su seminario de la Universidad de Nevada en Reno- me regaló un libro que había escrito seis años antes: ‘American Commander in Spain’ (‘Un comandante americano en España’), una biografía sobre Robert Hale Merriman. Un profesor de la Universidad de California que, tras una estancia en Moscú, terminó enrolándose en las Brigadas Internacionales, primero como comandante del Batallón Lincoln y, casi al final de sus días, como jefe del Estado Mayor de la XV Brigada Internacional.

Merriman aparece al final de su libro, pero no toma precisamente una buena decisión militar...

Bueno, Merriman fue un tipo muy valiente, que afrontaba el peligro a pecho descubierto. De hecho, lo hirieron en las primeras escaramuzas que tuvo su batallón. Además, como era un tipo muy corpulento, enseguida podían hacer blanco en él cuando se ponía de pie... El problema fue que el 2 de abril de 1938 en Gandesa (Tarragona) se empeñó en seguir las órdenes que le habían dado y eso le costó la vida. Mientras que el jefe que lo sustituyó en el batallón, Milton Wolff, se dio cuenta enseguida de que ya estaban copados y que si seguían avanzando se produciría un desastre. Nunca se encontró el cadáver de Merriman y durante un tiempo hubo cierta leyenda de que podía haberse escapado, pero no era cierto: de haber sobrevivido hubiera dado señales de vida, sobre todo a su mujer, Marion.

Dicen que Hemingway se inspiró en él para crear el personaje de Robert Jordan de su libro ‘¿Por quién doblan las campanas?’, que interpretó en el cine Gary Cooper. ¿En qué se parecían ambos?

Sobre todo en la descripción física, en su idealismo y en su valentía...

El libro está repleto de personajes y hechos históricos. ¿Cómo se documentó para escribir la novela?

Fundamentalmente con el libro de Warren Lerude (1986) y con otro de Giles Tremlett ‘Las Brigadas Internacionales: fascismo, libertad y la guerra civil española’. También con decenas de páginas web de asociaciones de antiguos brigadistas en Inglaterra, Irlanda, Estados Unidos... en las que he encontrado muchísimos testimonios. Por último, he leído la colección completa en francés de ‘El Voluntario de la Libertad’, una de las publicaciones más difundidas de las Brigadas Internacionales durante su tiempo en campaña.

El título original de la novela iba a ser ‘El involuntario de la libertad’, pero parece que al final se quedó solo en ‘El involuntario’...

Sí. Podría haber sido un guiño a la publicación que acabo de mencionar, y que me sirve de marco ideal en la novela para colocar al espía protagonista -encargado de este órgano de prensa- para poder moverse por distintos frentes de batalla, vivir algunos de los hechos de armas más relevantes y obtener información, pero la editorial decidió dejarlo en ‘El involuntario’, como modo de generar una mayor incógnita...

Gabriel Pérez posa para esta entrevista en el quiosco de la plaza del Castillo.
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Gabriel Pérez, con la libreta en la que anota las ideas para sus librossergio martín
Gabriel Pérez posa para esta entrevista en el quiosco de la plaza del Castillo.

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Las historias de espías también son lo suyo... Primero , ‘La confesión de Joaquín Grau’, ahora esta, en la que un militar alemán debe hacerse pasar por judío...

El espionaje y la guerra van muy unidos. En este caso además, he tenido que hacer una inmersión en el judaísmo ortodoxo... [risas] Pero, sí, me encantan los libros de espías. Me he leído todo John le Carré, Frederick Forsyth... y los he disfrutado muchísimo.

¿Hubo muchos espías entre los brigadistas?

No he visto nada publicado, aunque sí hay una referencia que recojo en la novela. La del comandante de Intendencia de la base de las Brigadas en Albacete, que es un francés pertenecía a la Cagoule, una organización secreta de extrema derecha activa en Francia entre 1936-37 y conocida por su actividad terrorista. Fuera de esta gente, no tengo noticia de de otros espías de verdad.

¿Qué es ficción y qué es historia en ‘El involuntario’?

Ficción es todo lo que se refiere a la historia personal del protagonista, pero incluso en ella incorporo a un personaje histórico, ‘Finito’, que pasaba mensajes de un lado al otro del frente y que en la realidad es el general Manuel Gutiérrez Mellado. Quien se enfrentó a los golpistas del 23-F, pero que en la guerra trabajó como espía para Franco, un hecho que no es muy de dominio público.

¿Cuáles son las principales conclusiones que ha extraído sobre las Brigadas Internacionales tras escribir el libro?

Tengo la sensación de que los brigadistas tenían grandes ideales y querían combatir el fascismo de Hitler y Mussolini en España, puesto que Europa no estaba todavía en guerra. Sin embargo, desde los primeros momentos del conflicto, el Partido Comunista se hace con el control de todas las brigadas y ya no terminan siendo una fuerza idealista y antifascista, sino un órgano más del Partido Comunista pilotado desde la Unión Soviética. De ahí, todos los líos internos de las brigadas, entre los que pretenden luchar sin más y los que, obedeciendo órdenes del partido, imponen sus criterios y llegan al desastre que fue el final, por la división tan grande entre unos y otros. Los brigadistas, en muy poco tiempo y en un porcentaje muy alto, se sintieron manipulados y ya no combatieron con el mismo brío con que llegaron. Muchas veces los utilizaron como fuerza de choque, taponando huecos cuando la cosa estaba complicada, como carne de cañón en los sitios más difíciles, donde se producían más bajas y donde eran más vulnerables. Eso hizo que muchos desertaran.

¿Y la división ideológica?

Fue también muy fuerte, y no solo en las brigadas sino en todo el Ejército republicano (formado por tres grupos: los militares y soldados profesionales, los milicianos de los distintos partidos políticos y sindicatos, y las brigadas internacionales -que eran como los milicianos pero extranjeros-). Cada cual era de su padre y de su madre y muchas veces se ponían zancadillas entre ellos. Los comunistas ponían todas las zancadillas que podían a los anarquistas. Los trotskistas, a los del POUM. Los socialistas estaban a verlas venir... No hay un mando único indiscutible, capaz de imponerse a todos y de concitar una disciplina, como sucede en el bando nacional. Hubo muchas cabezas, que además muchas veces actuaban contradictoriamente.

Si Franco no hubiera promulgado el decreto de unificación del movimiento en abril de 1937, ¿podría haber pasado lo mismo?

Sí. Es impensable que falangistas y carlistas hubieran ido de la mano si no es porque Francos impuso su autoridad. Eso es lo que le dio fuerza y le llevó a la victoria.

‘El involuntario’ tiene al menos un final romántico y revela lo absurdo del conflicto. ¿Cree que de algún modo podría haberse evitado?

Las cosas estaban tan enconadas, que creo que se fue a la guerra casi inevitablemente. La Segunda Guerra Mundial fue otra cosa, no no tuvo esos componentes fraticidas que se dieron aquí. En España, la gente que estuvo en el frente fue al menos noble, se jugó el tipo frente a frente con las mismas armas o parecidas. En cambio, los desmanes que se cometieron en las retaguardias, tanto de un bando como de otro, no tienen justificación ninguna, fue gente que se comportó de manera abyecta y vil, y todo lo que queramos decir.

DNI
Gabriel Pérez Gómez
(Guadix, Granada, 27-XII- 1951) estudió Periodismo en la Universidad de Navarra (UN) en Pamplona. Aquí conoció a Paz D’Ors Lois, hija del jurista y premio Príncipe de Viana Álvaro D’Ors, con quien está casado desde hace 49 años. Ambos tienen dos hijos solteros: Pablo, de 44 años, y Álvaro, de 42. Entró por oposición en TVE-Navarra en 1981, llegando a ser su director de 1996 a 2004. Ha sido profesor asociado de la UN y doctor desde 1986.

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