Gabriel Pérez, periodista y escritor pamplonés: "Llevo investigando sobre la guerra civil española 25 años y para saber lo que pasaba aquí hay que leer prensa extranjera"
Tras su jubilación como director de TVE-Navarra, este pamplonés de adopción desde hace 47 años, se ha volcado en la escritura. Acaba de publicar ‘El affaire Borchgrave’, su tercera novela sobre la guerra civil; y ‘López Bravo’, la biografía sobre uno de los políticos españoles más destacados del siglo XX


Actualizado el 29/10/2024 a las 19:18
Habla despacio y pensando muy bien lo que dice, por algo es un veterano periodista y profesor universitario con un esmerado afán comunicador. Gabriel Pérez Gómez (Guadix, Granada, 1951) está además inspirado como escritor. En septiembre vieron la luz simultáneamente dos de sus obras. Una novela, la tercera, sobre la guerra civil española, ‘El affaire Borchgrave’ (Espuela de Plata); y una biografía -en su caso, la segunda- sobre uno de los políticos españoles más destacados del siglo XX, ‘López Bravo’ (Rialp). Con ellas, suma cinco obras editadas en el último lustro, en los que ha publicado también las obras de narrativa ’La confesión de Joaquín Grau’ (2019) y ‘Le pusieron libertad’ (2021), ambas sobre el conflicto bélico en el que ha investigado los últimos 20 años; y la biografía de un relevante jurista y humanista, también Premio Príncipe de Viana de la Cultura y padre de su esposa, ‘Álvaro d’ Ors. Sinfonía de una vida’. Ahora está dando el último repaso a su cuarto libro sobre la conflagración previa a la II Guerra Mundial, ‘El involuntario de la libertad’, que saldrá próximamente, y ya tiene en la cabeza la quinta que, aún sin título, tratará de la situación que le tocó vivir a su familia materna en Guadix, zona republicana. “No paro”, confiesa.
¿Cómo compagina tantas horas de investigación y escritura con la familia?
Bien, porque estoy jubilado, y porque mi mujer es buenísima [ríe]. Aunque hago de todo: paseo a la perra que tenemos con gran regularidad, hago la compra -que me encanta- y, si toca cocinar, cocino.
¿Cómo han celebrado el nacimiento de estos ‘dos mellizos’, sus últimos dos libros este septiembre?
Pues contentos, aunque ha sido una mera coincidencia. ‘El affaire Borchgrave’ estaba acabado desde finales de 2022, pero un parón técnico en la editorial retrasó su lanzamiento hasta el mes pasado. La biografía de López Bravo, por otra parte, la entregué en junio, así que esta sí ha sido rápida.
¿Qué estilo literario le ha gustado más cultivar?
Me gusta más la novela, porque aunque está basada en hechos reales te permite ir hasta donde la imaginación te lleve... La biografía, sin embargo, te obliga a usar un método mucho más racional. Hay que organizarse para leer todas las fuentes, consultar todos los archivos... No es un género con el que me encuentre a mis anchas.
Sin embargo, es la segunda biografía que escribe...
La primera empezó como una deuda de gratitud hacia mi suegro, al que conocí bien... La segunda fue un encargo, a raíz de la primera, de la Fundación Impactun, la sucesora de otra fundación creada por el propio Gregorio López Bravo para otorgar becas de estudios en la Universidad de Navarra a alumnos sin recursos.
¿Cómo le ha resultado la experiencia?
Tuve que escarbar durante dos años en 120 cajas llenas de carpetas depositadas por la familia en la biblioteca de la Universidad de Navarra, a veces con escaso éxito. Pero ese trabajo, más pesado, me ha dado la satisfacción de saber que a la familia le ha gustado. Presenté el libro el 10 de septiembre en Madrid, y allí acudieron sus hijos (tuvo nueve) y sus nietos. También su viuda (que aún vive con 96 años y la cabeza muy lúcida) me hizo saber que le habia gustado el resultado.
¿Conoció alguna vez en persona a quien fuera ministro de Franco, primero de Industria (1962-69) y luego de Exteriores (1969-73)?
Sólo de pasada... Un día, precisamente en junio de 1973, coincidimos en un pasillo de los estudios de RTVE en Prado del Rey cuando él acudía a un informativo y yo trabajaba en el programa de sobremesa ‘Buenas tardes’.
¿Le llamó la atención algo de él?
No especialmente. Solo que al fin ponía cara a alguien tan conocido...
Decían que en las distancias cortas era un tipo magnético...
Así es. A mí también me ha ido conquistando mientras trabajaba en su biografía... Y pongo una anécdota. Cuando había dejado de ser ministro viajó de turismo a Roma con su mujer y cuentan que en un momento determinado se generó un gran revuelo entre sus escoltas, porque un desconocido intentó acercarse a él para darle un abrazo entrañable. Lo sorprendente era que se trataba de Henry Kissinger, el secretario de Estado norteamericano. Habían trabado una amistad para toda la vida, tras negociar ambos el Tratado de amistad y cooperación de España y EE UU y la visita de Nixon a España.
Explica en su libro que una de las primeras cosas que le llamaron la atención cuando empezó a investigar fue la cantidad de elogios que le profesaban. Si tuviera que resumirlos usted, ¿cuáles elegiría?
La brillantez y también la eficacia para resolver problemas, así como el hecho de ser un cristiano consecuente con su vocación. Hay que tener en cuenta que perteneció a la primera hornada de supernumerarios del Opus Dei.
Pero dígame algún defecto...
El escritor y amigo suyo José Luis Olaizola se enfadaba con él porque no leía. Tampoco pudo dedicar mucho tiempo a su familia.
Bajo su mandato, se establecieron relaciones diplomáticas con algunos países del Este y con China y eso provocó su caída al llegar Carrero Blanco a la presidencia del Gobierno...
El Consejo de Ministros le había dado carta blanca de Franco para negociar con la China comunista, pero sucedió algo inesperado. En una comida o una cena, no recuerdo bien, con Emilio Romero, director del diario ‘Pueblo’ y amigo suyo, López Bravo le contó confidencialmente que habían cerrado un acuerdo con China y que iban a anunciar de un momento a otro el establecimiento de relaciones diplomáticas plenas. A Romero le pudo más el instinto periodístico que la lealtad a su amigo y al día siguiente publicó en el periódico la noticia a toda página. Eso provocó un enfado monumental de Carrero Blanco, que cuando fue nombrado presidente del Gobierno por Franco ya no contaría con él... Y eso que estaba en el momento álgido de su carrera política...
López Bravo perteneció al grupo de tecnócratas liderados por López Rodó y que modernizaron económicamente el país...
Sí. Hay un chiste sobre los López que se contaba en la época y que propagaban los falangistas y que decía algo así como ‘En España mandan los López: López Rodó, López de Letona, López Bravo y López Dei’.
Cuenta en el libro que él se definía a sí mismo como un “liberal reprimido”. Explíquelo un poco más...
Había muchos ministros que eran más franquistas que Franco y que soñaban con un régimen del 18 de julio que fuese inmutable (Solís, Fraga...) Él, que propugnaba una apertura al exterior, era consciente siempre de lo que tenía alrededor y hasta donde podía llegar, sabiéndose que estaba llegando más lejos que otros, porque se veía apoyado por el jefe del Estado. Eso le llevaba a pisar fuerte y a estirar la cuerda, pero hasta cierto punto.
¿Cómo logró el apoyo de Franco?
Entre los ambientes políticos del momento se decía que Franco veía en López Bravo al hijo varón que nunca tuvo. Y mucho tenía que ver también la mujer de Franco, doña Carmen Polo, que admiraba a López Bravo como un tipo elegante y con ese magnetismo del que hablábamos antes. Al parecer, la tenía encandilada y, por eso, la gente decía que tenía a los Franco metidos en el bolsillo.
No fue así cuando el fotógrafo Alberto Schommer le retrató con un bebé en brazos (es la imagen de la portada de su libro) en alusión a “la España del futuro”...
Sí, esa imagen fue un revulsivo impresionante en el gobierno del momento y, en un Consejo de Ministros, Franco ordenó que ningún otro miembro del Gobierno en ejercicio posase para Schommer.
Tras la dimisión de Arias Navarro una vez muerto Franco, López Bravo estuvo en una terna de aspirantes a presidir el Gobierno en la que figuraban también Federico Silva y Adolfo Suárez, quien resultaría elegido finalmente. ¿Qué razones pesaron en su contra?
Creo que el hecho de ser del Opus Dei fue determinante. No hubiera tenido una buena acogida entre un sector de la población que veía al Opus Dei como una maquinaria oscura que quería hacerse con todos los resortes del poder. Incluso en los archivos de la CIA, el Opus Dei aparecía como una “organización semisecreta laica”. El Rey, no obstante, tuvo la deferencia de llamar a López Bravo para comunicarle que iba a elegir a Suárez.
Diputado por Alianza Popular, dicen que el 29 de diciembre de 1978 renunció a su escaño en protesta por la entrada en vigor de la Constitución, al no estar de acuerdo con la redacción final del texto.
No he llegado hasta ahí, y tendría que revisar el diario de sesiones, aunque dudo de que él no votase la Constitución. Lo que yo sé es que él pensó que ya había llegado al fin de su periplo político, pese a que la política había sido importantísima para él. A partir de entonces se iba a dedicar al mundo de la empresa, en el que también se desenvolvía estupendamente bien.
Su muerte, en 1985, en un trágico accidente aéreo, estuvo rodeada de especulaciones sobre un atentado terrorista...
Sí, pero él ya no estaba en política. Los últimos seis años de su vida fueron de una absoluta discreción en el ámbito de la empresa. En el momento de su muerte era presidente de SNIACE (Sociedad Nacional de Industrias Aplicación Celulosa Española).
'EL AFFAIRE BORCHGRAVE'
Cambio de tercio... ‘El affaire Borchgrave’ es su tercera novela sobre la guerra civil. ¿Guarda alguna relación con las otras dos?
No, en absoluto. Son tres historias diferentes, con protagonistas que no tienen nada que ver entre sí y entre los que no hay ningún tipo de paralelismo. Solo tienen en común el contexto.
¿Cómo le surgió esta 3ª historia?
Revisando un día la hemeroteca del diario francés ‘Le Soir’ -hay que leer prensa internacional para saber lo que estaba pasando entonces en España- encontré información de un contencioso en el Tribunal Internacional de La Haya, a finales de 1937, entre el Gobierno belga y el Gobierno de La República. Tenía que ver con la desaparición de un ciudadano belga, agregado de la embajada belga en España, el barón Jacques de Borchgrave, cuyo cadáver se encontró unos días más tarde en una cuneta. Como este ciudadano belga tenía estatus diplomático, el Gobierno de Bélgica, a instancias de su embajador, pidió que se esclarecieran los hechos y se depuraran responsabilidades.
¿Qué es lo que había pasado si se puede contar sin desvelar el libro?
El barón hallado muerto había ayudado a desertar a voluntarios belgas de las Brigadas Internacionales, que habían venido a luchar a España movidos por su idealismo, pero que una vez aquí se encontraban sometidos a la disciplina comunista y eran usados como carne de cañón en el frente, sin orden ni concierto.
¿Quién mató al barón?
Un grupo de anarquistas se enteró de la actividad de este diplomático y decidió secuestrarlo. Pero durante el interrogatorio se les fue la mano y decidieron pegarle tres tiros y abandonarle en una cuneta eliminando cualquier elemento que permitiera identificarle: anillo, cartera, tarjetas...
¿Qué hay de realidad y qué de ficción en esta tercera novela?
Toda la reconstrucción del suceso y la ambientación del mismo es real, pero he añadido personajes de ficción que se ven envueltos en aquellos acontecimientos y que me ayudan a desarrollar la trama.
¿Es lo que suele hacer?
Bueno, a veces el personaje principal es de ficción y solo el contexto es real... Por ejemplo, es lo que pasa en la novela que estoy terminando de pulir estos días y que se titula ‘El involuntario de la libertad’ y que trata de un oficial del Ejército alemán al que envían infiltrado a las Brigadas Internacionales para informar a su gobierno.
¿Cómo hace para escribir tanto?
Llevo casi 20 años, desde que me jubilé en TVE-Navarra en 2005, investigando sobre la guerra civil española, así que he podido recopilar muchos datos para mis novelas. Últimamente estoy volcado en las Brigadas Internacionales. No creo que lo deje nunca... [ríe].
DNI
Gabriel Pérez Gómez (Guadix, Granada, 27-XII- 1951) cursó Periodismo en la UN, donde conoció a una hija del jurista y premio Príncipe de Viana Álvaro D’Ors, Paz D’Ors Lois, con quien se casó en 1976 y tiene 2 hijos solteros: Pablo (43) y Álvaro (41). Fue redactor del diario ‘El sol de España’ (1975-76), redactor jefe de ‘El Pensamiento Navarro’ (1977-81) y entró por oposición en TVE-Navarra (1981), llegando a ser su director (1996-04). Ha sido profesor asociado hasta 2021 (UN).
Te puede interesar


Te puede interesar

