Opinión
"Celebren cada cana como una medalla al valor y no ahorren suela hoy, no sea que mañana falten los motivos para brindar"
"Nos cuentan que somos una sociedad envejecida como quien da una mala noticia. Se equivocan: cumplir años es una victoria para quienes seguimos aquí disfrutando de la condición"


Publicado el 11/05/2026 a las 19:00
Basta con asomarse a la acera para aceptar que no engañamos ni al espejo del ascensor. La marea de canas que inunda la calle no es una fiebre estética; es la Navarra real, esa que ha triplicado sus nonagenarios mientras, los del baby boom -ahora más boom de cintura que de cuna-, nos apretujamos entre los 50 y los 60 como quien intenta cerrar una maleta de Ryanair: con calzador y pagando sobrecoste. Nos cuentan que somos una sociedad envejecida como quien da una mala noticia. Se equivocan: cumplir años es una victoria para quienes seguimos aquí disfrutando de la condición. Eso sí, el truco para mantener la alegría de estar vivos tiene una letra pequeña innegociable: la autonomía. Estamos en esa edad en la que el médico te pasa la ITV directamente, siempre que consigas la pole position en la lista de espera. Nos ponemos estupendos discutiendo la potencia del coche eléctrico, cuando la única fuerza que debería quitarnos el sueño es la de nuestras propias rodillas. La autonomía personal es el único derecho que perdemos por desidia.
El sofá no es un descanso, es el primer ladrillo de nuestra futura cárcel. Por eso, aunque vivir mucho sea un éxito de la ciencia, vivir dependientes por no haber movido un músculo es una responsabilidad personal. Que no sea que llegamos con el fuelle justo porque la única gimnasia sea el mando a distancia. Nos espera esa “CaNavarra”, como dice un paisano en la cafetería, ese paisaje de sienes plateadas donde el reto no es cumplir años, sino que los años no nos cumplan a nosotros. La autonomía se suda. Y aquí reside la buena noticia: envejecer es el éxito de los que no se rinden, la prueba irrefutable de que seguimos en el frente. No busquen ser jóvenes -ese tren descarriló hace tiempo-, busquen ser dueños de sus pasos y de su curiosidad. Hay una esperanza musculosa esperándonos: el cuerpo tiene memoria y el ánimo, si se le entrena, también. Así que jubilemos la idea de ser “ancianos” y sigamos dando batalla intelectual y física. Muevan las piernas mientras obedezcan para que la cabeza pueda seguir llevándoles a cualquier parte. Celebren cada cana como una medalla al valor y no ahorren suela hoy, no sea que mañana falten los motivos para brindar. Que nos quiten lo ‘bailao’, pero que el baile -el de las ideas y el de los pies- no se detenga.