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Cine

Un ciclo del Ateneo repasa un siglo de evolución en los títulos de crédito de cine

La Filmoteca de Navarra será el escenario donde se proyectará esta selección que abarca desde ‘Frankenstein’ (1931) hasta ‘Don’t look up’ (2021)

Ampliar Exterior de la Filmoteca de Navarra.
Exterior de la Filmoteca de Navarra.BUXENS
Publicado el 12/09/2022 a las 06:00
Durante los meses más enclaustrados de la pandemia Javier Torrens aprovechó para volver a ver muchas de las alrededor del millar de películas que atesora en su casa. Sin ninguna intención concreta, no sabe muy bien por qué, empezó a marcar las que presentaban unos títulos de crédito que le resultaban más interesantes. Le salieron alrededor de cuarenta y, hablando con Patxi Burillo, empezaron a recordar los casos que más les habían marcado como espectadores.

Hue and Cry, película inglesa de 1947 denominada en español Clamor e indignación, emplea en sus títulos de crédito un estilo muy propio con muros y tizas, todos los títulos están escritos en la pared. La idea la retoma después Saul Bass en West Side Story, en una escena final muy larga con muros, puertas, ventanas de la ciudad donde escribe los nombres.

Torrens, arquitecto, catedrático de Artes Plásticas y Diseño en la Escuela de Arte de Pamplona y expresidente del Ateneo Navarro, tiene 70 años, y Burillo, arquitecto pero además cineasta, 30. Se llevan bastantes años pero ambos han tenido siempre interés por el cine y el diseño gráfico. La sorpresa se la llevaron al empezar a buscar bibliografía sobre el tema y encontrar que en español -no así en inglés- apenas se ha analizado este aspecto del cine. Se animaron entonces a organizar un ciclo de conferencias que repasa la evolución de los títulos de crédito.
Desde este lunes, y a lo largo de tres lunes sucesivos, repasarán su evolución con la proyección de 50 ejemplos que irán desgranando en la Filmoteca de Navarra, a las 19.30 horas con entrada gratis. Desde el clásico 'Frankenstein' (1931) hasta la reciente 'Don’t look up' (2021) se fijarán en esos letreros que, cada vez con más ambición creativa, acreditan a los profesionales que han trabajado en una película. La sesión de hoy llegará hasta 1955, la segunda hasta los años 80, y la última hasta la actualidad. Se han centrado en el cine de Estados Unidos y Europa.

El clásico de Alfred Hitchcock North by Northwest (Con la muerte en los talones en español) es uno de los ejemplos del talento de Saul Bass. La fachada del edificio de las Naciones Unidas en Nueva York le sirve al diseñador de fondo , con sus líneas verticales y horizontales, y sobre ella van apareciendo los rótulos.

Los títulos de crédito no han tenido siempre la consideración actual. En los años 30 y 40 en muchas salas se proyectaban sobre el telón que tapaba la pantalla. “Había ese desprecio, hasta que empieza la película no abrían el telón”, explica Javier Torrens. Los diseñadores se quejaron y en el año 47 llegaron a convocar una huelga para reclamar sus derechos. Pedían un reconocimiento.
Entre todos ellos hay un nombre que destaca sobre los demás, Saul Bass, de quien se han hecho exposiciones y no solo hacía titulos, sino también los posters, las campañas de publicidad y a veces los trailers. Bass es precisamente el primer diseñador de unos títulos de crédito que sale en unos títulos de crédito, los de La tentación vive arriba de Billy Wilder, 1955, concretamente. Tardó en normalizarse y hasta los años 70 no se generalizó la aparición de los diseñadores en las cabeceras que ellos mismos ideaban.

Mientras un niño tatarea una canción van viéndose objetos, una caja de canicas, un silbato..., como si estuviera la cámara dentro de la mente del niño. Es una de las obras maestras que señala Javier Torrens, con melodía de Elmer Bernstein, y, curiosamente, los únicos títulos de créditos que realizó Stephen Frankfurt.

El resto de profesionales también había tardado en aparecer con sus nombres. En las películas mudas apenas se señalaba quién era el director, la productora y a lo sumo los dos protagonistas principales más el canónico The End final. “A partir de los años 30 hubo una evolución importante”, explica Torrens. “Eran unos títulos muy cortitos, con los que la gente se hacía la idea de cómo era la película”, añade. En los 50-60 se vuelven ya verdaderamente creativos. “Se desarrolla como una obra propia, hay diseñadores que les encargan ese opening scena y tienen incluso autonomía para crear una obra independiente, con el visto bueno del director siempre”, apunta Torrens.
Saul Bass explicaba que la función era poner el tono emocional de la película. “En 'Vértigo' (1958), por ejemplo, ves que trata sobre algo complicado, caídas, espirales opticas, alucinaciones, el color rojo...”, pone como ejemplo Torrens. En La gata negra (1962) sale un gato negro andando mientras salen los títulos, tras el The End y vuelve a salir el gato. “Ahí ves que hay algo turbio”, apunta.

¿Cómo captar la obsesión del narrador de la novela de Nabokov por Lolita, “luz de mi vida, fuego de mis entrañas”? Aparece la mano de Humbert y el pie de Lolita, a la que va pintando las uñas una a una. “La he tenido que ver varias veces para fijarme en los créditos porque esa imagen inicial es como si te cuenta la pelicula en un flash”, apunta Torrens.

Los americanos lo entendieron antes. Hollywood empieza a ser una industria muy importante que mueve muchísimos millones en los años 30 y 40. “Se convierte en una empresa fantástica, como si fuera el petróleo”, explica Torrens. En Europa, mientras, las empresas eran más pequeñas y contaban con dinero público en algunos casos. Con la irrupción de la televisión, un agente importante en la producción de los filmes, en el viejo continente quedan en manos públicas mientras al otro lado del Atlántico son empresas privadas. “Esa diferencia de mentalidad entre el capitalismo más puro americano y el proteccionismo de Europa hace que los títulos de crédito sean una manera de promocionar las peliculas y de venderlas, y eso lo hacen mejor los americanos”, señala Torrens.

El cubano Pablo Ferro firmó los títulos de Dr. Strangelove or How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb (1964), titulada en España ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú. Se trata de un grafismo muy hecho a mano, con letras muy grandes sobre una escena de la alimentación de un bombardero.

A partir de ahí los casos son múltiples y el problema que han tenido los organizadores del curso ha sido seleccionar los casos.
Así, de España no les ha cabido los títulos de las películas de Almodóvar, quizá los más reconocibles, pero sí 'El espíritu de la colmena' de Víctor Erice, que se basa en los dibujos que hace la niña (Ana Torrent) con la música de Tomás de Pablo de fondo. Tampoco ha cabido la serie de James Bond, porque son 25 peliculas y daría para una sesión íntegra.

Spielberg es uno de los directores que más ha cuidado los títulos de crédito. Catch me if you can (Atrápame si puedes) emplea una escena larga muy creativa que recupera un poco toda la tipografía, los juegos visuales, la composición óptica de las escenas, que son a la vez con letras y siluetas. “Es como un corto que te explica la pelcula”, explica Torrents.

Hay caminos que se han seguido como el de usar señales de tráfico, como en Dos en la carretera (1967) o la animación, como en 'El mundo está loco, loco, loco' (1963). Ni siquiera tienen por qué estar al principio. El caso más famoso quizá sea 'West Side Story' (1961). “Al principio tiene una escena muy abstracta de Saul Bass, unas líneas verticales que no se sabe qué son y van virando de color mientras suena la música de Leonard Bernstein, sin que salga ningún título, es como la obertura de una ópera”, explica Torrens. Al acabar la película es cuando empiezan los títulos. “Son larguísimos, los críticos decíanque casi nadie los había visto porque en cuanto pone The End la gente se levanta y se va”, añade. Aparece entonces un travelling por los muros de los barrios bajos de Nueva York, y allí, escritos en tiza, los nombres del equipo.
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