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EL RINCÓN DE LOS EXPERTOS

¿Nutrición y rendimiento académico?

Javier Angulo desvela las claves del binomio para poder rendir mejor

Javier Angulo Fernández

Javier Angulo Fernández.

DN
Actualizada 14/02/2020 a las 18:38
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La solución para vencer el sobrepeso pasa por ¿comer menos o comer mejor? Y para mejorar el rendimiento académico, ¿es necesario estudiar más o estudiar mejor? Quizás en ambos casos sean los hábitos de vida los responsables del origen de ambos problemas.

Hace casi tres años publiqué un extenso artículo sobre la pirámide nutricional indicada para un ser humano, en este mismo blog y al mes siguiente publiqué otro sobre las diferentes pirámides nutricionales “personalizadas” en función de distintas variables donde resaltaba la importancia que tiene tanto nuestra forma de vivir como nuestra alimentación para conseguir regular el peso y gozar de mayor energía. Con argumentos sólidos y basados en la evidencia “no manipulada” trataba de justificar lo que simplemente era una búsqueda hacia los elementos y los alimentos que más debían estar presentes en la raza humana, los cuales se hallaban íntimamente relacionados con nuestro aparato digestivo y con nuestro diseño evolutivo.

La solución para vencer esta epidemia de sobrepeso y de bajo rendimiento académico que afecta a una parte importante de nuestro alumnado no es sólo cuestión de comer menos y estudiar más, sino que es algo mucho más complejo.

En esta “Pirámide para ser eficaz en los estudios” que he diseñado se resaltan los aspectos más relevantes que afectan al rendimiento académico. En la base de la Pirámide están (desde mi punto de vista) los elementos de mayor importancia y a medida que ascendemos se encuentran otros que, aunque menos transcendentes, cobran especial interés y deben ser tenidos en cuenta por alumnos, padres y educadores, a la hora de fomentar la eficacia en el estudio.

¿Nutrición y rendimiento académico? Columna de Javier Angulo.

¿Cuál es el mayor problema del bajo rendimiento académico? La falta de motivación. Y éste debe ser el primer aspecto a trabajar. ¿Cómo? Cada maestrillo tiene su librillo, pero de una u otra forma hay que hacer ver al alumno que su futuro laboral, en parte, va a depender del trabajo de estos años iniciales de estudio y que si hay una gran desmotivación, difícilmente se podrá avanzar en el complicado y largo proceso de enseñanza-aprendizaje y en el desarrollo de capacidades cognitivas. Así que lo primero es: “tratar de hacer ver a los alumnos que sin motivación apenas hay comprensión, el aprendizaje es pobre y los resultados posiblemente negativos”. Es el eslabón más importante de todos los de esta Pirámide

La predisposición personal del alumno de mejorar es otro de los elementos claves para optimizar la eficacia en los estudios y superar con éxito todas las materias. Independientemente de que unas gusten más que otras no se deben buscar excusas en cómo es el profesor, si me cae bien o mal, si la materia apenas resulta atractiva o que no encuentran sentido al porqué han de estudiar esto o aquello que no ven importante para su vida futura. ¡Es lo que hay! Perder el tiempo en algo que no va a cambiar es contraproducente y negativo para el rendimiento en general.

El sueño reparador es esencial para que los alumnos asistan a las tempranas clases con las pilas bien cargadas. Deben evitar aparatos electrónicos que les excitan y alteran por las noches, estímulos demasiado luminosos que favorecen un estado de alerta continua y han de tratar de acostarse temprano, en la medida de lo posible, para al menos dormir entre ocho y nueve horas con profundidad. En épocas de crecimiento este aspecto es fundamental.

La adolescencia es una etapa de la vida donde se manifiestan muchos cambios, tanto a nivel hormonal como físico y emocional. La manera de entender su vida puede no coincidir con los intereses familiares, educativos y sociales. Ello genera un excesivo estrés que, en ocasiones, no saben gestionar. Conocer esos cambios y aprender a resolver situaciones de conflicto interno es necesario para gestionar el estrés de un modo que les permita seguir creciendo y avanzando en su desarrollo personal.

El trabajo diario es crucial y dedicar un par de horas cada tarde, con atención plena a los estudios y a la realización de tareas, es algo que todos deberían hacer. Al igual que los deportistas se entrenan día a día para competir con dignidad, los alumnos deben hacer lo mismo tanto para aprender como para afrontar cada examen con las máximas garantías de éxito.

El pensamiento positivo ayuda en la correcta asimilación y en la adquisición de las competencias más relevantes para su desarrollo personal. Los pensamientos negativos inducen al fracaso y abandono de tareas, al estimular determinadas áreas cerebrales que afectan y perjudican al aprendizaje. Así que se han de suplir por otros positivos y es algo en lo que todos hemos de incidir desde la más tierna infancia. Ello es entrenable.

El orden es muy importante. La habitación donde el alumno estudia ha de poseer el menor número de estímulos disuasorios y la luz debería enfocar solamente al espacio de la mesa donde se trabaja. Ésta ha de ser fría, puesto que permite mejorar la atención, es más similar a la natural y menos dañina para la vista. El orden mejora la concentración, lo que indudablemente permite una mayor eficacia en el estudio.

La alimentación es otro de los factores a considerar. No vale comer cualquier cosa que llene, puesto que lo que está repleto de azúcares, harinas refinadas y grasas de baja calidad, generalmente induce a una pérdida energética y a un “empanamiento mental”. Las células requieren nutrientes para optimizar sus funciones y la “desnutrición celular” cada vez está más generalizada en grupos de población joven. El sobrepeso y la obesidad no ayudan, así que la alimentación debe cumplir la función de NUTRIR. El principal inconveniente es que esta sociedad fomenta una alimentación basada en “productos” ricos en sabor, pero carentes en nutrientes esenciales y muy adictivos, lo que a la larga genera problemas de diversa índole, que casi todos conocemos. Luchar contra el sistema, en ocasiones, es bastante complicado. Comer bien implica estar mejor y rendir más, de ello no hay ninguna duda.

En etapas tempranas la práctica de ejercicio regular es muy importante para el desarrollo de la psicomotricidad y para la adquisición de habilidades futuras. Es algo que convendría potenciarse más, puesto que la inteligencia del niño debería trabajarse fundamentalmente a través del juego. Una vez que se entra en la adolescencia son muchos los que abandonan la práctica de actividades físicas programadas y entran en un estado crónico de sedentarismo que a la larga tiene repercusiones negativas. A los innumerables beneficios que tiene el ejercicio se suma el aumento en la producción del factor neurotrófico cerebral (BDNF), el cual tiene un efecto muy positivo sobre la plasticidad cerebral y la cognición, aumentando las conexiones sinápticas, la diferenciación y el crecimiento neuronal. Este hallazgo se suma a la gran cantidad de argumentos existentes en favor de la práctica regular de actividades físicas, siendo muy ventajosas, por ejemplo, en aquellos niños con dificultades de aprendizaje, ya que el BDNF facilitaría los procesos relacionados con la adquisición de un comportamiento adecuado, la consolidación de un aprendizaje serio y una mejor retención de la información. En el caso de padecer estrés crónico o excesivo, el daño causado juega un rol fundamental en la atrofia hipocampal asociada con depresión. Y el ejercicio realizado de forma frecuente y a intensidad moderada es uno de los mejores antiestrés conocidos. Ante el estrés ¡sal a dar un paseo, relájate y muévete un poquito más!

Y el uso de móviles, que va a más, afectando negativamente al rendimiento académico. Se abusa excesivamente de estos aparatos y se centra demasiada atención en mensajes, llamadas y contenidos de diversa índole que quitan tiempo, tanto para la práctica regular de ejercicio como para el estudio sistemático, para las relaciones interpersonales y para obtener un sueño reparador. Acostarse con el móvil es vivir en un constante estado de alerta y llevar móviles a las escuelas debería estar prohibido, puesto que están más pendientes los alumnos de estos aparatos que de lo que realmente es la esencia de la escuela: el aprendizaje y el fomento de la sociabilidad. No hay motivos para llevarlos a los centros escolares y estoy seguro de que existe una relación directa entre las horas de uso de móviles y los malos resultados académicos.

Del mismo modo que comer menos no es la solución definitiva para la pandemia de sobrepeso y obesidad que asola en gran parte del planeta, estudiar más no es la solución final para frenar los malos resultados académicos que un porcentaje alto de nuestros jóvenes obtienen en las escuelas. El problema es más complejo, pues hay elementos fundamentales en el proceso de enseñanza-aprendizaje que sin lugar a dudas favorecen tanto la adquisición de conocimientos como el desarrollo de las competencias claves del joven estudiante.

Espero y deseo que este artículo sirva para una reflexión a todos los que somos padres y a quienes educamos.

Para aquellos que queráis asistir este viernes día 21 de febrero a la charla que se dará en Anaitasuna sobre “Nutrición, hábitos y rendimiento”, aquí tenéis el cartel de presentación y el horario de la misma.

¿Nutrición y rendimiento académico? Columna de Javier Angulo.

Desearos una feliz semana.


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