Tragedia ferroviaria en Toledo

Los 17 minutos que provocaron otro siniestro "inexplicable"

Una avería informática paralizó seis trenes en la línea Madrid-Sevilla, Adif autorizó la marcha normal y solo rectificó la orden para uno

Lugar del accidente de dos trenes de alta velocidad, uno de Renfe y otro de Iryo, que han colisionado a primera hora de este miércoles a la altura de la estación de Urda (Toledo)
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Lugar del accidente de dos trenes de alta velocidad, uno de Renfe y otro de Iryo, a la altura de la estación de Urda (Toledo)EFE
Lugar del accidente de dos trenes de alta velocidad, uno de Renfe y otro de Iryo, que han colisionado a primera hora de este miércoles a la altura de la estación de Urda (Toledo)

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Agencia Colpisa

Publicado el 29/10/2026 a las 05:00

El sistema de seguridad hizo su trabajo. Detectó una avería informática y detuvo los trenes que circulaban por la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla. Ninguno podía reanudar la marcha sin las condiciones de seguridad necesarias. Pero a las 8:36 horas llegó una orden desde el centro de control de Adif en Atocha: los convoyes podían volver a circular con normalidad. 

Uno de los maquinistas advirtió de que aquello era imposible y consiguió que rectificaran su instrucción. La corrección, sin embargo, no llegó al resto. Un AVE de Renfe recorrió unos 25 kilómetros con otro tren detenido por delante y, 17 minutos después, embistió por detrás a un Iryo a la entrada de la estación de Urda (Toledo). 

Esta es la "moviola" de la "inexplicable" mayor tragedia de la alta velocidad española.

08:30 HORAS: SEIS TRENES PARADOS

A las 8:30 horas, aproximadamente, seis trenes quedaron detenidos en plena línea de alta velocidad Madrid-Sevilla. Una avería informática había dejado fuera de servicio el LZB, el sistema encargado de supervisar la circulación y activar el frenado automático ante determinadas situaciones de riesgo. Entre los convoyes inmovilizados estaban los dos que acabarían chocando apenas 23 minutos después. El AVE 2080 de Renfe había partido de Madrid-Puerta de Atocha media hora antes con 397 pasajeros a bordo. Por delante circulaba el Iryo 6076, con otros 146 viajeros. Ambos quedaron parados a la espera de recibir instrucciones para reanudar la marcha mediante un sistema alternativo de señalización. El fallo era poco habitual. Fuentes del sector ferroviario destacan la elevada fiabilidad del LZB y recuerdan que su sustitución progresiva por el sistema europeo ERTMS responde a criterios de interoperabilidad y homologación, no a problemas de seguridad. 

Aquella mañana, la protección había funcionado: los trenes se detuvieron automáticamente. El siguiente movimiento ya no dependía del LZB, sino de las órdenes que llegaran desde el centro de control de Adif en Atocha. 

08:36 HORAS: ÓRDENES CONTRARIAS

La orden llegó desde Atocha apenas unos minutos después de la avería. El centro de control de Adif autorizó a los trenes afectados a reanudar la circulación con normalidad, pero uno de los maquinistas advirtió de que no podía cumplir aquella instrucción. Desde el puesto de mando rectificaron entonces su autorización y le indicaron que debía continuar en régimen de "marcha a la vista". Según fuentes ferroviarias consultadas, la corrección se limitó a ese convoy. El resto mantuvo la autorización inicial. "No se puede indicar marcha normal si hay dos trenes en un mismo cantón", explican las fuentes.

Los cantones son los tramos en los que se divide la vía para controlar su ocupación y evitar que coincidan varios convoyes. Para autorizar la circulación normal deben cumplirse las condiciones de seguridad y existir certeza de que el recorrido está libre. En este caso, según la reconstrucción conocida, el AVE y el Iryo se encontraban en un mismo cantón. La diferencia era fundamental. La "marcha a la vista" obliga al conductor a adaptar la velocidad para poder detener el tren ante cualquier obstáculo visible. En cambio, la autorización de marcha normal no imponía esa precaución específica, pese a que otro convoy permanecía detenido por delante. Según la explicación ofrecida por Óscar Puente, el AVE de Renfe tenía una indicación de velocidad objetivo cero. Pese a ello, recibió autorización para continuar con normalidad. El ministro consideró "inexplicable" aquella decisión, especialmente porque desde el puesto de mando se conocía la posición de los trenes. 

DE 36 a 53: 25 KILÓMETROS SIN RECTIFICAR

El AVE retomó la marcha. Por delante, el Iryo seguía inmovilizado. Durante los siguientes 17 minutos recorrió unos 25 kilómetros, una distancia suficiente para alcanzar velocidades elevadas. "¿200 kilómetros por hora en 25 kilómetros? Se puede, sí", explican maquinistas a este periódico. La velocidad exacta del convoy accidentado deberá determinarla la investigación. No consta que durante ese recorrido se rectificara la autorización inicial, aunque tampoco se conocen todas las comunicaciones mantenidas entre el maquinista y Atocha. 

Renfe aseguró después que su tren se limitó a cumplir las instrucciones recibidas. "El tren de Renfe continuó la marcha como se le indicó y se produjo la colisión", sostuvo la operadora, que remitió a la investigación para aclarar las condiciones de circulación. "Un maquinista confía en las instrucciones que recibe desde el centro de control", coinciden varios trabajadores consultados. 

El Iryo también recibió instrucciones para reanudar la marcha, según Puente, pero permaneció detenido por causas todavía desconocidas. El ministro aseguró que el centro de control tenía ambos trenes "perfectamente ubicados y localizados" y que hubo tiempo para evitar el alcance. 

08:53 HORAS: EL CHOQUE EN URDA

A las 8:53 horas, el AVE embistió por detrás al Iryo a la entrada de la estación de Urda. La colisión movilizó a los servicios de emergencia y dejó un balance provisional de víctimas mortales que supera con creces las 46 registradas en el accidente de Adamuz (Córdoba), ocurrido el pasado enero y que hasta este miércoles era el más grave de la historia de la alta velocidad española. La investigación deberá esclarecer las comunicaciones entre el puesto de mando y los maquinistas, las condiciones en las que se autorizó la circulación y las razones por las que el Iryo no reanudó la marcha. También tendrá que determinar por qué una orden que fue rectificada para uno de los trenes siguió vigente para el AVE accidentado. Para ello, resultará fundamental reconstruir las instrucciones transmitidas desde Atocha y comprobar qué información manejaban los responsables de la circulación en cada momento. De esas comunicaciones dependerá buena parte de la explicación de cómo una avería que había detenido los trenes por seguridad acabó desembocando en una colisión. 

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