20 años del 11-M
"Recuerdo un silencio de muerte. No he vuelto a coger ese tren"
Óscar Encinas fue uno de los supervivientes del 11M


Publicado el 11/03/2024 a las 05:00
Vivía en Vicálvaro, en casa de mis padres. Llegué a la estación temprano y Susana, la chica que repartía los periódicos gratuitos, me dijo que no habían llegado todavía, que esperara un poco. Me llevaba bien con ella. Le dije que no esperaba, que daba igual. Vi que venía un tren y salí corriendo para cogerlo. Y me subí”.
Iban varias compañeras de trabajo en el vagón. Óscar Encinas se sentó con ellas y por la ventanilla se fueron sucediendo las estaciones. Vicálvaro. Santa Eugenia. El Pozo. “Cuando explotó, una de ellas iba dormida y yo leyendo. Salí gateando del vagón porque la ventanilla quedaba a ras de la acera. El libro se desintegró, salí sin zapatos. Había mucha gente inconsciente. Recuerdo un silencio de muerte. No como el que puede haber en una casa. Es diferente ese silencio. Yo siempre digo que se notaba al señor de la guadaña”, recuerda.
Después del atentado todo fue rápido. Intentó que una mujer herida no se quedara dormida. “Recuerdo que le pedía que me hablara de la serie La que se avecina para que no se durmiera”. En algún momento, uno de los sanitarios anunció que ya llegaba una ambulancia y añadió que habían tardado porque “había habido otra cosa en Atocha”. Ahí es cuando Óscar Encinas se dio cuenta de lo que pasaba. “Esto no es la catenaria. Es un atentado”, entendió.
Dejó a una señora su teléfono para que llamara a su marido. Él llamó a su hermano. “No sé qué ha pasado, me llevan al hospital 12 de octubre. Llevo la cabeza abierta”, le dijo. Al otro lado, su hermano sólo pronunció tres palabras y salió para allí. “Hijos de puta”. Cuando estaban llegando al centro médico, donde “se portaron muy bien”, avisó a su jefe de que “llegaría tarde a trabajar”. Más de lo que pensaba. “Llegué al hospital vomitando sangre”.
Pasó 24 horas en la UCI y todavía se le saltan las lágrimas al recordar a los sanitarios que le cuidaron. “Estoy muy agradecido”, acierta a decir rompiéndose. Tras unos 9 meses de recuperación física, empezó a trabajar las secuelas psicológicas. “Yo ese tren todavía no lo he vuelto a coger”, reconoce. “Bastante bien he quedado. Hay quien perdió la vida, la vista...”, valora. “Se nos olvida lo bueno que nos pasa, pero lo malo no se nos olvida nunca. Tenemos que ser mejores. Todavía estoy viendo cada detalle de aquel día”.