20 años del 11-M
"Me amputaron una pierna y reía de alegría por estar viva"
Dori Majali, herida con quemaduras en el 75% del cuerpo


Publicado el 11/03/2024 a las 05:00
Dori Majali no sabe cuándo, en mitad de aquellas semanas en la UCI, despertó. Había cerrado los ojos en pleno 11-M, le costaba cada vez más respirar, tenía el 75% del cuerpo quemado y heridas gravísimas, acababa de ver pasar las luces del techo del hospital a la carrera, “como en las películas”, y entonces vomitó sangre y pensó: “Estoy destrozada por dentro. Me voy a morir”. Así que abrir los ojos en la UCI fue un milagro imprevisto. “Los médicos no sabían cómo decirme que me habían amputado la pierna. Y yo no podía parar de reír de felicidad, de alegría. No me importaba la pierna. Estaba viva. No me iba a morir. Iba a poder ver a mi hijo”.
Con esa la lucidez brutal habla Dori Majali, que tardó meses en recibir el alta por las heridas sufridas en el 11-M. Le dieron la incapacidad total con 33 años. Dejó atrás aquel trabajo que había empezado el 9 de marzo en el centro de Madrid, sólo dos días antes del atentado, tras muchos años trabajando como perito de seguros en Alcalá. Cuando firmó el contrato, ironías de la vida, pensó que ya no se expondría a los peligros de andar todo el día con el coche. Los atentados cambiaron todo en su tercer día de trabajo.
Se sentó muy cerca de una de las bombas. Cree que dos hombres corpulentos que estaban frente a ella pararon parte de la onda expansiva. “Les vi morir”, se duele. Ella ni siquiera podía escapar tras la primera explosión. Tenía las piernas destrozadas y heridas por todo el cuerpo. “Di un grito terrible. Un hombre, se llama Ángel y aún tengo relación con él, vino a ayudarme. Estaba herido pero podía andar. Me hizo varios torniquetes porque sangraba mucho. Llamó a los enfermeros”. Ella solo podía pensar que “no podía morir porque mi hijo tenía 3 años y tenía que verle crecer y a eso me agarré”.
“Salí del hospital con un vestido de verano”. Soñaba con “volver a andar y ponerme zapatos de tacón”. Había entendido todo: quería la vida que quería. Estudió Derecho, como siempre había soñado, y se hizo abogada. Lo cuenta desde su bufete. Recompuso su vida y cambió alguna gente. Tuvo otro hijo. Volvió a andar, con zapatos de tacón.
“La metralla y los pequeños restos de los trenes que quedan por mi cuerpo se mueven y hace un tiempo tuve que volver a la silla de ruedas tras operarme”. La vigésima. Pero Dori siempre vuelve a levantarse. Y camina.