20 años del 11-M
"Había gente muerta a mi alrededor; me tiré por la ventana"
María del Mar Pando: cada 11-M es su segundo cumpleaños


Publicado el 11/03/2024 a las 05:00
A Mar le cuesta hablar de aquel jueves negro. Lo pasa mal. No lo puede evitar. Tampoco sentir la enorme desazón que le produce pasar por la zona en la que el tren se paró en seco aquella mañana por efecto de los explosivos, pero ahora que se cumplen dos décadas de los atentados accede a hacer memoria. “El 7 de marzo es mi cumpleaños. De ahí que para mí cada 11-M sea como mi segundo cumpleaños”, apunta. Este jueves sopló 53 años.
Aquel día, como tantos, cogió el Cercanías para ir a trabajar. “Los trenes pasan cada dos, tres o cinco minutos. En esa horquilla me movía a diario, era mi horario habitual. Y el trayecto, siempre el mismo”, cuenta. Sólo una cosa le llamó la atención: que el convoy llegaba más vacío que de costumbre. “Creo que no había clase en la universidad, o algo así, y no iba hasta arriba. Normalmente me tenía que quedar pegada a las puertas por falta de sitio, pero aquel día hasta me pude sentar”, explica. “Quizás fue eso lo que me salvó”, sospecha.
En pleno viaje un fuerte estruendo la descolocó. “Pensé que era una explosión, en ningún momento creí que fuera un atentado”, señala. Después se hizo el silencio para ella. “No escuchaba casi nada”. Cuando se quiso dar cuenta no había más que “gente muerta a mi alrededor. Otras personas parecían gritar”, detalla con dolor.
Vio que el tren tenía un boquete enorme y que los cristales habían explotado. Alcanzar la puerta para escapar era complicado por los cuerpos agolpados en esa zona. “Entonces no lo pensé, me tiré por la ventana y al caer me rompí el tobillo”, explica. Mar se quedó en las vías. “Tenía la ropa rota, el pelo quemado, estaba como chamuscada, y no me podía mover”. Hasta que empezaron a llegar las ambulancias y la trasladaron al polideportivo donde estaban reuniendo a los heridos. “De ahí al Gregorio Marañón”, indica.
Pese a lo vivido, se sabe afortunada. “Justo enfrente de mi casa vive un chica que perdió un ojo y una pierna”, apunta. Pero necesitó terapia para recuperar su rutina. “Cinco meses de psicólogo sólo para volver a subir al tren”.