Exiliado en el lavabo
Publicado el 05/11/2026 a las 07:32
Tengo veinticinco años y convivo con una enfermedad crónica intestinal. Mi vida cambió hace cinco años, cuando en un solo mes perdí diez kilos entre hemorragias continuas. Desde entonces he comprobado hasta qué punto una necesidad básica sigue siendo un tabú vergonzante: no se habla de ello, aunque todos tengamos que ir al baño. En nuestro país de pícaros, levantarse al servicio durante la jornada laboral todavía se juzga como absentismo o desidia. En el trabajo sé a qué hora exacta el jefe va a hacerse el cigarro y el café, y es cuando aprovecho para escapar al lavabo. Viajo en la maldita Renfe porque a diferencia del autobús tiene baño. Cargo siempre un rollo de papel en la mochila y dinero suelto en el bolsillo para entrar a un bar, comprar una botella de agua por puro compromiso e ir directo al aseo. Prácticamente vivo en el baño. La carga mental es constante: marca y vertebra mi rutina y mi día a día. Deseo con todo mi corazón que llegue el momento en que atender una urgencia digestiva no me haga sentir culpable ni vigilado por miradas de sospecha.