Historia
El Archivo de Navarra dedica su microexposición de noviembre a los 575 años de la Batalla de Aibar (1451)
La exposición, de acceso libre y gratuito, podrá visitarse todos los días de noviembre de 10:00 a 14:00 horas y de 17:00 a 20:00 horas


Publicado el 05/11/2026 a las 11:27
Cuando se cumplen 575 años de la Batalla de Aibar y del inicio de una guerra civil que desangraría Navarra durante más de medio siglo, el Archivo Real y General de Navarra dedica su microexposición de noviembre a exponer al público algunos de los documentos que custodia relacionados con este acontecimiento ocurrido en 1451. En concreto, se exhiben documentos como los asientos del hostal del Príncipe de Viana que demuestran sus desplazamientos por distintas localidades del reino, la orden del rey Juan II relatando el levantamiento a su favor de varias localidades y valles para la victoria en campaña campal frente a su hijo Carlos, o pagos a las guarniciones de los castillos que permanecían en manos del rey, entre otros documentos.
La microexposición ‘575 Años de la Batalla de Aibar (1451)’ es una muestra de pequeño formato, de acceso libre y gratuito, que permanecerá abierta en la galería baja del Archivo de Navarra todos los días del mes de noviembre de 10:00h. a 14:00h. y de 17:00h. a 20:00h.
También podrá visitarse de manera online, a través del micrositio web del Archivo Real y General de Navarra, en el siguiente enlace.
LA BATALLA DE AIBAR
El sábado 23 de octubre de 1451 tenía lugar, según los cronistas, la primera –y, posiblemente, única– gran batalla campal de una guerra civil que desangraría Navarra durante más de medio siglo. En las cercanías de la villa de Aibar, el ejército del rey Juan II conseguía derrotar al de su hijo y heredero, Carlos, príncipe de Viana, que quedó preso de su padre junto a su principal valedor, el condestable Luis de Beaumont.
Las desavenencias entre padre e hijo habían comenzado diez años antes, a la muerte de la reina Blanca I. Según su testamento, Carlos debía haber sido coronado rey, pero su padre –hasta entonces, rey consorte– se resistió a renunciar a la Corona de Navarra. El Príncipe lo había tolerado y, en calidad de su lugarteniente, había gobernado el reino durante las ausencias de su padre, enfrascado este en una guerra en Castilla. Pero la relación entre ambos se hizo insostenible en 1447, cuando el rey volvió a casarse. Lejos de renunciar a Navarra y derrotado en la guerra castellana, dos años después, Juan II había regresado trayendo consigo una pléyade de servidores y nobles castellanos arruinados. Comenzó a tomar las riendas del gobierno, marginando al legítimo heredero. La nobleza navarra se polarizó en dos partidos: los agramonteses apoyaban al padre, los beamonteses, al hijo.
La ruptura se consumó en junio de 1450, cuando el Príncipe de Viana y su principal valedor, el poderoso Luis de Beaumont, huyeron a Guipúzcoa al amparo de sus aliados oñacinos. Tras su huida se levantaron varias localidades y fortalezas, entre ellas San Juan de Pie de Puerto. Tras larga mediación, padre e hijo llegaron a un acuerdo y el Príncipe regresó, sometiéndose a su padre en Tafalla el 29 de marzo de 1451.
Pronto, la negativa de Juan II a ratificar la paz con Castilla suscrita por el Príncipe de Viana provocó un nuevo levantamiento de los beamonteses. A finales de septiembre, todo el norte del reino, con la capital Pamplona y la villa-corte de Olite a la cabeza, se levantó por el Príncipe. Y así el reino quedó dividido en dos obediencias.
Según el cronista Alesón, el rey puso sitio a la villa y al castillo de Aibar. El Príncipe y sus beamonteses acudieron en apoyo de los sitiados. El 23 de octubre, con los dos ejércitos frente a frente, la mediación de familiares y eclesiásticos consiguió que padre e hijo suscribieran una concordia. Pero la negativa del rey a amnistiar a los beamonteses y a ratificar la paz con Castilla desencadenó la batalla ese mismo día.
Alesón describe cómo ambas vanguardias –compuestas por jinetes acorazados y ligeros– chocaron frontalmente. Al principio, la del Príncipe, que era más numerosa, puso en fuga a la del rey. La caballería de Juan II, más experimentada, volvió a cargar y rompió a la del Príncipe. Este, según algunas versiones, se rindió a su medio hermano Alonso de Aragón. Según otras, lo hizo tras replegarse a Aibar y comprobar que no podía resistir allí por falta de hombres y víveres.
Sin embargo, los beamonteses no rindieron las localidades y castillos bajo su control. Comenzaba una guerra que iba a enfrentar a los navarros de dos generaciones y que extendería sus consecuencias a Aragón, cuando, siete años más tarde, Juan II fue coronado también en este reino y el Príncipe se convirtió asimismo en su heredero.