El camino hacia la sostenibilidad

Sara Velázquez

Publicado el 08/11/2021 a las 07:36

Descarbonización, sostenibilidad, transición energética, huella de carbono, circularidad… estamos ante una auténtica avalancha de términos “verdes” cuyo significado no siempre hemos conseguido interiorizar. Lo que sí sabemos es que han llegado para quedarse. De vez en cuando no viene mal recapitular y recordar de dónde venimos, para poder encaminarnos hacia el mejor futuro posible.

Venimos, por decirlo crudamente, de una cultura que ha vivido de espaldas al planeta, como si no hubiera un mañana. Ya lo decía Miguel Delibes, en su bellísimo discurso de ingreso en la Real Academia Española de 1975, donde decidió unir su voz de nuevo académico “a la protesta contra la brutal agresión a la Naturaleza que las sociedades llamadas civilizadas vienen perpetrando mediante una tecnología desbridada”. Aquel discurso de hace 46 años está hoy más vigente que nunca, constituyendo un alegato contra el despilfarro y la deshumanización del progreso irresponsable.

Cumbres del clima, acuerdo de París y constatación de que el cambio climático es un proceso irreversible han sido algunos de los pocos pasos de los últimos 20 años. Las movilizaciones de los jóvenes en 2018 fueron uno de los puntos de no retorno. Para ellos marcaron un antes y un después, de modo que según el último informe del Instituto de la Juventud, para el 47% de los jóvenes el medio ambiente constituye una preocupación máxima, porcentaje que asciende hasta el 71% en países del entorno europeo. Después, la pandemia nos recordó cómo eran las ciudades cuando el aire estaba limpio y se podía escuchar el trinar de los pájaros. Vimos que bajar el ritmo era bueno para el planeta y para nuestro espíritu. Por supuesto, como buen animal de costumbres, sin haber cerrado por completo la puerta de la pandemia, el ser humano ha conseguido situar las emisiones de carbono en niveles superiores al periodo precovid. Pero algo del aquel aprendizaje ha calado: apenas se escucha a nadie ya definirse como negacionista climático y aunque no sepamos muy bien cómo, todos sabemos que algo tenemos que hacer. Recordemos además que somos la ultima generación que todavía puede actuar, mediante sus decisiones individuales y las de sus gobiernos para que este desastre no sea del todo irreversible. Necesitamos reducir emisiones, y reducirlas cuanto antes mejor.

En todo esto, ¿qué podemos aportar desde la arquitectura? Todavía a día de hoy, el parque edificado es responsable del 30% de las emisiones de carbono a nivel nacional. De 19 millones de residencias habituales que hay en España, unos 17 millones son ineficientes: antes o después vamos a tener que rehabilitar la gran mayoría. Los expertos en rehabilitación dicen que ahora estamos en los tiempos de la zanahoria, se ofrecen subvenciones sin contraprestación para fomentar la rehabilitación y lograr así esa bajada drástica de emisiones que tanto necesitamos. Pero llegarán los tiempos del palo, o de “quien contamina paga”, como estamos sufriendo con la factura eléctrica, o como ocurrirá pronto con el resto de los combustibles fósiles.

El consejero de vivienda acaba de anunciar una nueva convocatoria de ayudas a la rehabilitación procedentes de los fondos europeos, con subvenciones de hasta 16.800 euros por vivienda para las que logren los máximos ahorros energéticos. Es de una oportunidad fabulosa para que cada vecino, independientemente de su renta, reciba una ayuda importantísima para actualizar el comportamiento energético de su vivienda y pase a sistemas de calefacción no contaminantes.

Otra importante novedad es la de que cualquier ciudadano puede erigirse en productor energético. Según el estudio de la agencia municipal de energía de Pamplona, tenemos un potencial en las cubiertas de Pamplona para autoabastecer el 76,6 % del consumo eléctrico de la ciudad. Gracias a la generación distribuida obtendremos una mayor democratización del sistema energético y un importante ahorro para el consumidor final. No nos engañemos, somos una sociedad adicta a los servicios energéticos de calidad y necesitamos garantizar la seguridad en el suministro sin depender de vaivenes políticos. En esta línea, iniciativas como la que propone cubrir los 57 kms del canal de Navarra con placas fotovoltaicas y producir así un 6 % de la energía eléctrica total de la Comunidad Foral son igualmente alentadoras y nos muestran que hay otros caminos frente a la ocupación indiscriminada de terrenos para parques solares y eólicos. Todo ello sin olvidar, que para lograr abastecernos exclusivamente de renovables, el primer paso es la eficiencia, la reducción de la demanda en todas las esferas de nuestra vida y una importantísima son muchos de los edificios actuales, verdaderos despilfarradores de energía.

La nueva economía verde no habla de crecimiento, habla de desarrollo sostenible: es tarea de todos lograr ese desarrollo o transición haciéndolo social, económica y ambientalmente sostenible. Estoy segura de que Miguel Delibes por fin habría visto con satisfacción este nuevo camino que ya hemos empezado ya a recorrer.

Sara Velázquez, arquitecta experta en eficiencia energética, certificadora Passivhaus, asesora Breeam, coautora del edificio residencial de consumo casi nulo construido más alto del mundo

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