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Escapadas

Turismo rural en Navarra: Valle de Roncal

Un viaje de ensueño al corazón de la naturaleza, el mejor queso y las tradiciones ancestrales

Vista general de la localidad de Burgui, en el valle de Roncal
Vista general de la localidad de Burgui, en el valle de Roncal
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Actualizada 22/09/2020 a las 12:39

Planificar una escapada de fin de semana a tierras navarras siempre es una buena opción si queremos disfrutar de la naturaleza y, al mismo tiempo, acercarnos a la Historia, a un patrimonio artístico milenario singular y a la mejor gastronomía. Tras recorrer los valles de Baztan, Esteríbar y Salazar, dedicamos un nuevo capítulo al turismo rural en la Comunidad foral de la mano de otro de los valles imprescindibles para cualquier visitante: Roncal.

El valle de Roncal se sitúa en la muga con Francia y Huesca, en pleno Pirineo navarro, y tiene sus raíces, visibles a día de hoy, en la naturaleza más frondosa, las tradiciones ancestrales y una gastronomía exquisita. Al igual que sucedía en el caso del valle de Salazar, un río, en este caso el Esca, vertebra Roncal de norte a sur regando a su paso las inmediaciones de varias localidades pintorescas, llenas de calles empedradas y caseríos que son fiel reflejo de la tradición.

Las principales poblaciones, que bien merecen una visita, son Burgui, Vidángoz, Garde, Roncal, Urzainqui, Isaba y Uztárroz. Una ruta que incluya paradas en todas ellas es fundamental si queremos respirar verdaderamente el latido de una de las regiones navarras más potentes, una zona cuyos principales recursos proceden de la explotación de los bosques, el turismo y la ganadería.

Las aguas del Esca, además de ser fuente de vida para la flora y fauna de todo el valle, han esculpido verdaderos espectáculos naturales en el paisaje a lo largo de los siglos, entre los que quizá el mejor ejemplo sea la foz de Burgui. Cada primavera, los habitantes de la región homenajean sobre las aguas de este río a los almadieros, que en el pasado se encargaban de transportar los troncos fruto de la explotación forestal desde los bosques hasta los puntos de carga para ser posteriormente exportados. El caudal del río ejercía de herramienta natural para proceder al suministro.

Con la construcción y puesta en marcha del pantano de Yesa en el siglo XX, las almadías se dejaron de utilizar, pero desde entonces en Burgui se celebra el Día de la Almadía, que toma su nombre de la balsa que se utilizaba antaño para proceder al transporte de la madera por el río y está declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional. El acto en sí consiste en un descenso de varias embarcaciones por el Esca que termina con el salto de la presa del municipio, con el puente medieval como escenario principal. En Burgui también merece la pena recorrer el paseo de los oficios, donde los visitantes podrán conocer cuáles eran y en qué consistían los antiguos oficios, presentes aún a día de hoy.

A pocos kilómetros de Burgui, nos encontramos con Vidángoz, un pueblecito enclavado en mitad de la naturaleza, lejos de las carreteras, famoso sobre todo por sus fiestas de agosto, en las que sus moradores rinden tributo a los antiguos akelarres de brujas que se celebraban en la zona y las leyendas que en torno a ellos han viajado a lo largo del tiempo.

Isaba, el pueblo más grande en población y puerta de entrada al valle de Belagua, es otra de las localidades sin las que no se entiende a día de hoy el origen de Roncal y algunas de sus tradiciones. En su centro etnogtráfico se puede conocer de primera mano la historia de 'las golondrinas', jóvenes alpargateras roncalesas que cada otoño caminaban hasta la fábrica de Mauleón, en Francia, para pasar los meses más fríos del año. Se las llamaba así por esta costumbre migratoria anual y por sus ropajes oscuros.

Roncal es el pueblo más céntrico, un municipio que invita a pasear y apreciar un conjunto de tesoros arquitectónicos y gastronómicos que saltan a la vista. Sus calles empedradas dibujan una 'y' griega al abrigo del río Esca y descienden en pendiente hasta desembocar en la iglesia parroquial de San Esteban (siglo XVI), un lugar que ofrece una vistas impresionantes. A pocos metros, podemos visitar la Casa Museo del tenor Julián Gayarre, que alberga algunos objetos relacionados con su figura, además de ingente documentación biográfica (está enterrado en un mausoleo en el cementerio de la localidad). Otros lugares de interés que merece la pena visitar son el Centro de Interpretación de la Naturaleza y las ermitas de Nuestra Señora del Castillo, San Sebastián y San Juan.

Si continuamos nuestro recorrido en dirección a la zona norte, llegaremos hasta Uztárroz, un pueblo de calles inclinadas en el que visitar la iglesia de Santa Engracia y conocer de cerca su órgano, considerado el mejor ejemplar del barroco navarro. Además, también podremos echar un vistazo al Museo del Queso y la trashumancia, el mejor tributo a uno de los productos más exquisitos de la gastronomía navarra, conocido mucho más allá de nuestras fronteras: el queso con denominación de origen Roncal.

Viajar a Roncal es también una oportunidad única para practicar deportes de aventura. Basta con acudir al valle de Belagua, que contiene el esosistema natural más rico de todo Roncal, con cumbres que llegan a los 2.428 metros de altura y donde los aficionados podrán realizar actividades relacionadas con el senderismo, descenso de barrancos, alpinismo, esquí de fondo, espeleología, parapente, travesías de montaña o escalada, entre otras actividades. Podemos practicar por nuestra cuenta o con la ayuda de una de las muchas empresas especializadas que hay en la zona.

En Roncal, las posibilidades de ocio y descanso son infinitas: cuenta con bosques ideales para desconectar de la rutina, pistas de esquí de fondo, cumbres elevadas como la Mesa de los Tres Reyes (la más alta de Navarra), tradiciones singulares como el Día de la Almadía o el Tributo de las Tres Vacas, gastronomía única y de calidad como las migas de pastor o el queso Roncal, senderos variados como el Camino de Zemeto, esculturas premiadas como el Mausoleo de Julián Gayarre, paisajes excepcionales como el de Larra, en Belagua... Un lugar único, en definitiva, del que nadie saldrá como entró.

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