Tres recetas para disfrutar de un brunch casero

Huevos benedictine con la receta de la salsa holandesa con robot y a mano, pizza de higos y yogur con frutos del bosque.

Imagen de los huevos benedictine con la yema en su punto
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Imagen de los huevos benedictine con la yema en su puntoSara Nahum
Imagen de los huevos benedictine con la yema en su punto

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Sara Nahum

Actualizado el 09/02/2024 a las 18:41

Yo que me había quedado tan contenta con el resultado veo ahora la foto y aishhh no sé... Porque parece que la salsa holandesa me quedó muy líquida y de eso nada, monada. Me quedó perfecta. Gordita y emulsionada, como debe ser. Pero aquí no se aprecia. Quizá porque me precipité para hacer la foto desde la ansiedad de querer comerme ya el manjar. Sí, eso ya me pega más. Y la salsa holandesa necesita sus tiempos y su paciencia. No es la primera vez que intentaba hacerla. Sí es la única vez que he conseguido un resultado digno. La prueba del éxito es que tuve que tirar la salsa que sobraba cuando me di cuenta de que me la estaba comiendo a cucharadas. La tenía que haber guardado para acompañar un pescadito al horno pero me conozco y no hubiera durado. Mantequilla, como ingrediente principal. Sí, definitivamente estaba mejor en la basura que en mis glúteos que es dónde notaba que se iba directa. 

Para compensar la dificultad de la salsa el acompañamiento es sencillo, una tostada de aguacate con huevo escalfado. Unos clásicos huevos benedictine que cuenta la leyenda que nacieron en 1894 en el lujoso Waldorf Astoria de Nueva York para hacer más llevadera la resaca de un cliente. Maravilla de historia. Aunque los clásicos tienen también beicon y van sobre un mollete (que suena más a apodo cariñoso que a un tipo de pan esponjoso). Sean como sean, son la estrella de los Brunch, esa joya de la gastronomía que se inventaron los ingleses para los desayunos tardíos que acaban juntándose con la hora de la comida. Por eso los brunch también suenan a domingo, a días sin prisas, a remolonear en la cama sin sentimiento de culpa, a cocinar tranquilamente con una copita de vino o un vermú con bien de aceitunas, a bailar en la cocina mientras se hacen los huevos... en definitiva, a planes en casa y a sumar esto a la lista de cosas que esta locura de año no nos ha podido quitar.

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