El color sonrosado del salmón no es lo que parece
Manuel Viso desvela por qué el salmón que consumimos no tiene en realidad el color que creemos y qué papel juegan los tintes artificiales en su apariencia


Publicado el 07/04/2026 a las 05:00
El salmón es uno de los productos estrella en la alimentación actual. Presente en dietas saludables, cartas de restaurantes y elaboraciones tan populares como el sushi, su característico color rosado se ha convertido en sinónimo de frescura y calidad. Sin embargo, detrás de esa apariencia tan atractiva se esconde una realidad poco conocida por muchos consumidores. Lo que parece un rasgo natural puede estar, en realidad, condicionado por procesos de producción y decisiones de la industria alimentaria.
En este contexto, el doctor Manuel Viso ha vuelto a generar debate a través de su perfil en Instagram, donde analiza de forma divulgativa qué hay detrás del color del salmón que encontramos habitualmente en supermercados y restaurantes. Su explicación, directa y con toques de humor, desmonta ideas preconcebidas y aporta claves para entender mejor qué estamos consumiendo. Y ojo, porque además un estudio ha encontrado una posible conexión entre el consumo regular de pescado y un comportamiento más empático y generoso en los niños.
“¿Sabías que la mayoría de los salmones que compras su color es más falso que las pestañas de una muñeca?”, plantea el especialista en uno de sus vídeos, donde desmonta uno de los mitos más extendidos sobre este pescado. Según explica, el color del salmón salvaje sí depende de su dieta: “Los que viven más al norte son rojizos porque se atiborran a krill, los del sur son más anaranjados porque les encantan los camarones”. De ahí su frase: “Dime qué comes y te diré de qué color eres”.
El salmón que comemos es de piscifactoría
El responsable de ese tono característico es la astaxantina, un pigmento presente en crustáceos. Sin embargo, el giro llega cuando se analiza el salmón de piscifactoría, que es el más consumido: “El salmón que llega a nuestras mesas no es salvaje ni libre en los océanos”. Y añade un dato sorprendente: “El salmón de piscifactoría no es rosa, es gris, insisto, gris, como un día de lluvia en Galicia”.
La razón es sencilla: su alimentación basada en pienso no incluye krill ni camarones, por lo que carece de ese pigmento natural. Esto plantea un problema comercial evidente. “¿Te imaginas pedir salmón y que te sirvan unos nigiris en escala de grises? Se arruina el glamour”, ironiza.
Para solucionarlo, la industria recurre de nuevo a la astaxantina, añadida como suplemento: “Le dan un baño de color en forma de suplemento”. Este puede proceder de fuentes naturales, como camarones triturados, o de origen sintético a partir de microalgas. El propio Viso lo resume con humor: “Básicamente es un tinte capilar para peces”.
Además, el proceso llega a ser casi estético: “En la piscifactoría eligen el tono de su salmón según una escala de colores, como en una peluquería”.
Pigmentos que no suponen un riesgo para la salud
Pese a lo llamativo del proceso, el experto tranquiliza: “La astaxantina está regulada y no supone un riesgo para la salud”. En Europa, explica, existe un límite legal de 100 mg por kilo de pienso, aunque normalmente no se superan los 60 mg.
Así, concluye con un mensaje claro y desenfadado: “La próxima vez que veas un salmón con un color espectacular, ya sabes su secreto de belleza: astaxantina E-161j. Tiene nombre de un malo de Marvel”.
Tenemos la suerte de que aquí, en Navarra, tenemos al Rey del Bidasoa.
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