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El cuadernico

Cien años y una bota

Ampliar Chapu Apaolaza
Chapu ApaolazaDiario de Navarra
Publicado el 07/07/2022 a las 06:00
Para celebrar los cien años de la Monumental de Pamplona me trajeron los Reyes una bota de Las Tres ZZZ, pero me la he dejado en Madrid. Cuando era un crío, un verano duraba una eternidad y ahora cien años me parecen pocos. Si lo piensas bien, juntando todos los sanfermines hubiéramos pasado unos tres años seguidos yendo a los toros a Pamplona. Ahí fuera, la vida transcurre en larguísimas décadas pero para mí todas las tardes de San Fermín son un poco el año pasado o incluso ayer. Este que fue el día cinco con la mujer y los tres niños a la novillada se confunde a sí mismo con el pibe con granos que probó por primera vez el sorbete de champán con Damián el Alcalde de Sol en los calores junto a la meseta de toriles. El sentido del tiempo es algo que conviene ir abandonando y la Feria del Toro -gigantesca metáfora sobre la eternidad- funciona en un presente continuo de chicas yeyé, de meriendas en plato de plástico, de pares de banderillas cantando Barricada, de momentos en los que creo ver entre el gentío el sombrero de mi padre y de cubos atados a la faja a la salida con las peñas.
Hablaba de mi bota porque la gente quiere tener un iPhone 20 no sé para qué pudiendo tener una bota para beber en el Siete levantando los brazos al cielo como si fuera a coger el sol con las manos. Mi plan era hacerme viejo y decirle a la gente: “De esta bota bebí yo en el centenario de la plaza de toros de Pamplona”. Y los nietos pensarían que qué cosas tiene el abuelo, pero para entonces, mi bota se habría convertido ya en un objeto aún más poderoso, pues estaría impregnada de las felicidades de todas las manos que la hubieran sujetado por el cuello y por la parte de abajo que no sé cómo se llama. Sería para mí más valiosa que el mismísimo cuerno de la abundancia, un objeto dotado de la virtud placentera que aportan las cosas que, cuando las aprietas, sale algo. Tal como escribió Henley en su poema, la amenaza de los años me hallaría sin temor y agarrado a mi bota de vino -añado-, pero me la he dejado en Madrid, así que tendré que beber en vaso.
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