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Sanfermines 2022

¡San-Fer-Mín!

Ampliar sOsteniendo la mirada Un precioso ejemplar de Victoriano del Río curiosea en el mirador desde el que es observado en los corrales del Gas. El toro apoya el hocico junto al cristal. Parece retar a los mirones. ¿O les está saludando?
Sosteniendo la mirada Un precioso ejemplar de Victoriano del Río curiosea en el mirador desde el que es observado en los corrales del Gas. El toro apoya el hocico junto al cristal. Parece retar a los mirones. ¿O les está saludando?Eduardo Buxens
Publicado el 06/07/2022 a las 06:00
Seis de julio, año I después del silencio, de nuevo la ropa extendida sobre la cama como el mapa de una geografía casi extinta. El tiempo posó sobre la bolsa de los pantalones una capa de polvo de cenizas. Dentro se han aparecido camisas, gadgets, gorros, toallas y chapas que ya no recordaba.
Me detengo en imaginar ese río abundoso de gente que va a dar a la plaza del Ayuntamiento, que es el vivir. Los chavales recorren apresurados las aceras camino de la gloria y del primer lamparón de vino, el primer amanecer y la primera saliva. ¡Acaso el primer encierro! Van a nacer a la fiesta, el pecho contra otra espalda y en esas aperturas van a sentir las ganas inmensas de vivir que con los siglos hemos dado en llamar San Fermín.
Me quiero acordar hoy especialmente de los agoreros del fin del mundo, de los cenizos, de los policías de visillo y de los que se alegraban de que no hubiera fiestas. De los que celebraban de que el planeta nos diera al fin una lección como especie por haber festejado, por haber crecido, por haber viajado, cantado y bailado, por haber fecundado niños que nacerían de entre los ataúdes de aquella primavera. Hoy brindo por los que sostuvieron que esto que nos pasó fue por reír y por jugarnos la vida como auténticos inconscientes. El castigo por habernos creído inmortales y por concebir una felicidad que duraría para siempre era un Babel de respiradores y un diluvio de lágrimas y de gel hidroalcohólico, esta plaga a la que hoy ponemos fin.
Quiero dedicar un pensamiento a esos hijos de una hiena a los que la desaparición del hombre les parecía un acto de justicia. Y también a los que me siguen preguntando lo que hemos aprendido y yo aspiro a no aprender nada. Ya solo quiero olvidar y cambiar el minuto de silencio por este de las doce menos uno al que llegamos a partirnos la garganta gritando: “¡San-Fer-mín! ¡San-Fer-mín! ¡San-Fer-Mín!”
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