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Colas para ver los toros en los corrales del Gas

El pasadizo del recinto, con los ventanales abiertos a cinco ganaderías, concitan la atención de numeroso público. El viernes por la tarde se vendieron 745 entradas. Este sábado, una locura

Ampliar La cola formada llegó hasta el puente de Curtidores.
La cola formada llegó hasta el puente de Curtidores.©Jesús M Garzaron
Actualizado el 02/07/2022 a las 23:47
Antonio Gutiérrez Conde, padre de Antonio Gutiérrez Ferrer, asegura que donde mejor se aprecia la presentación de una gandería de lidia es en Pamplona. “También en las plazas de Madrid y Bilbao”, apostilla. Pero el lugar por excelencia para calibrar el estado de los ejemplares es la antesala a su aparición en el encierro: los corralillos del Gas. Lo dice un hombre, que ocupó puesto directivo en la bodega González-Díaz y que ha posado su mirada en las fincas gaditanas donde el ganado pasta libre, ajeno a su destino. “Donde mejor se ve -afirma- es en el campo, aunque también en la calle y aquí, en estos corrales”. Su parecer condimentó este sábado una improvisada tertulia, a escasos metros de los ventanales abiertos a la presentación de los bureles de Cebada Gago, de notable presencia y mayor temeridad. Antonio Gutiérrez habla con la autoridad que le concede su origen de Medina Sidonia (Cádiz), el mismo que da lustre a la finca de la Zorrera. Su suegro, Miguel Ferrer Chacón, fue durante 30 años guarda en una finca de Domecq. “Sabía -a los ojos de su nieto, Antonio Gutiérrez Ferrer-, la tendencia de un toro a la hora de embestir”.
El comentario adorna un diálogo enriquecedor, del que participa Asier Urzay, con seis de sus treinta años de trayectoria en la Meca como speaker de encierro y suelta de vaquillas. Su voz se impone en la llamada de Jalisco, el manso que se abre paso a ritmo pausado entre la maraña de mozos en busca de una vaquilla díscola. El sábado, tras recorrer el pasadizo de los ventanales, emitió un veredicto: “Impresiona Cebaga Gago. Menudo jabonero el de Núñez del Cuvillo” Aun restan por llegar tres hierros. Hasta este sábado, el escaparate abierto a la admiración del público en general, con independencia de su grado de conocimiento sobre toros, ofrecía la posibilidad de contemplar la selección de los hierros de los cinco primeros días de la Feria del Toro, amén de la novillada de la corrida de rejones. Allí se encuentran, por turno de encierro y corrida, Núñez del Cuvillo, Fuente Ymbro, José Escolar, La Palmosilla y Cebada Gago.
Más allá de las impresiones personales que pueda ofrecer cada lote, hay unanimidad en la respuesta del público: su masiva afluencia. A mediodía del sábado, el acceso el recinto de ejemplares de media tonelada y cornamenta de cuidar canalizaba un movimiento continuo de entrada y salida de visitantes. Baste un ejemplo de la expectación: sólo el viernes por la tarde se vendieron 745 entradas. “Esto está a tope”, ofrecía como conclusión Javier Lecumberri Bonilla en su faceta, compartida con un compañero, de verificador de la entrada, previa adquisición al precio de 3,5 euros para los mayores. Los menores de 12 años, acompañados, pueden disfrutar del espectáculo de forma gratuita. Tal es el poder cautivador que poseen los toros antes de la apertura de las puertas al público, a eso de las 11.00 horas, se había formado una columna que llegaba hasta el puente de Curtidores, también llamado de la Rochapea. Las visitas se concentran de 11.00 a 13.30 y de 16.30 a 20.30 horas.
EN FAMILIA 
En un día bendecido por el sol, que empujó a los morlacos a buscar la sombra, coincidieron miembros de distintas generaciones. Protegidos del calor por el corredor de visitas, estuvieron, por ejemplo, José Javier Lameiras Chapar, de 71 años de edad; su hijo, José Ángel,de 35; y su nieta, Alba, de 4. “A ella -por la menor- le gustan mucho los animales”, apuntaban padre e hijo. “Hemos ido a Sendaviva, Cabárcenos...”, exponían como argumento de su predilección. Las palabras sobraban ante los cuadros en movimiento vistos desde el interior. “¡Menunda cornamenta!”, se le escuchaba decir a un hombre. “¡Menudos cuernos!”, coincidía otro. Las expresiones hiperbólicas tenían razón de ser ante el poder hipnotizante de unos animales que ejemplarizan la dualidad figurada de la bella y la bestia.      
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