Opinión
"Que el fichero en cuestión sea una birria no le quita gravedad; al contrario, invita a la reflexión sobre lo poco que hace falta para poner al periodista en la picota"
"El hecho habría pasado al olvido si no fuera por las explicaciones oficiales. Es lo que tiene el desmedido interés por la fabricación de relatos: que acaba prolongando el recorrido de situaciones agotadas"

Publicado el 12/09/2026 a las 05:00
Con la que está cayendo, la filtración del dosier sobre periodistas y tertulianos elaborado en las entrañas del Ministerio del Interior puede parecer una cuestión baladí. Lo es si atendemos a la calidad de su contenido: una serie de fichas someras que incluyen la foto, muy mejorable, del fichado, un vago resumen de su currículum y una referencia atropellada a su ideología. Nada que cualquier pensionista con trienios de tele a cuestas no sepa reconocer de primera mano. El hecho habría pasado al olvido si no fuera por las explicaciones oficiales. Es lo que tiene el desmedido interés por la fabricación de relatos: que acaba prolongando el recorrido de situaciones agotadas. "Es un informe de carácter interno", declaró Grande-Marlaska a modo de excusa. "Es solo un documento de trabajo", sostuvo el presidente Sánchez pensando que así daba el asunto por zanjado. En su pretensión de quitar importancia al dosier, uno y otro le dieron carta de naturaleza y aroma de sospecha.
Así que en el antiguo ministerio de la Gobernación hay funcionarios que dedican su tiempo al espionaje fino entre los profesionales de la prensa, a catalogarlos y clasificarlos como en tiempos de la BPS, pensó uno. Y a partir de ahí se agolpaban las preguntas. ¿Qué clase de trabajo es ese que requiere tales documentos? ¿Con qué fin se hicieron? ¿Quién dio la orden? ¿Qué uso se les ha dado? ¿Circularán por el ministerio otros ficheros semejantes? Son incógnitas, como ven, muy apropiadas para formularlas en un estado totalitario. Pero aquí y ahora lo que corresponde es inscribirlas en la infatigable lucha gubernamental contra el auge de la desinformación y en aras de la transparencia. Más o menos lo que acostumbra a hacer el ministro Puente, arremetiendo sin descanso contra todo periodista que osa ejercer la crítica del Ejecutivo. Esto ocurre en un contexto de inquietante desprestigio del oficio periodístico y de peligroso deslizamiento social hacia la caza y captura del reportero, como nos han mostrado las pantallas recientemente. Que el fichero en cuestión sea una birria no le quita gravedad; al contrario, invita a la reflexión sobre lo poco que hace falta para poner al periodista en la picota.