Historia

Cuando los dragones ocuparon Roncal. 1640

Intentaron evitarlo pero no pudieron. Durante seis meses los pueblos de los valles de Roncal y Salazar tuvieron que alojar y atender a una unidad militar de nuevo cuño

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Los dragones y algún vecino en las calles de Roncal, en una imagen creada por inteligencia artificialDN
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José Ignacio Riezu Boj

Publicado el 12/09/2026 a las 05:00

Entre las cajas del archivo de la Casa del Valle se conservan los libros de actas de las juntas del Valle de Roncal desde 1602 hasta nuestros días. El otro día, hojeando el ajado volumen nº 2 correspondiente a los años 1634-1641 me encontré con algo que me sorprendió. En numerosos asientos de 1640 aparecía la misma palabra una y otra vez: “dragones”. Los antiguos registros permiten seguir su rastro a lo largo de todo 1640. El escribano del valle, Luys Ros, anotó el vocablo en 44 ocasiones. Todo comenzó el 5 de enero, en pleno invierno, cuando Ros leyó en la junta una carta del licenciado Billoch que dejó helados a todos los presentes. En el escrito, don Martín de Redín, gran prior de San Juan de Jerusalén y capitán general de Navarra, comunicaba por orden del virrey, marqués de los Vélez, la intención de establecer dragones en los valles de Roncal y Salazar. La junta reaccionó de inmediato y acordó enviar a Pamplona a Sancho Garde y a su padre Pedro Garde. Los comisionados, junto con el licenciado Billoch, expusieron al virrey los graves perjuicios que acarrearía el alojamiento de dragones en el valle. Propusieron que, si no podía evitarse, fuera el menor número posible y exigieron que la ración diaria no superase el real y medio por boca, tal como estaba estipulado. El día 15 de enero regresaron de Pamplona con noticias tranquilizadoras, informando a la junta que, por el momento, el virrey había suspendido el alojamiento de dragones en el valle.

¿Qué eran aquellos dragones que amenazaban con instalarse en los valles de Roncal y Salazar? ¿Por qué había provocado tanta alarma su llegada? El propio escribano Luys Ros nos da la respuesta: se trataba de la compañía de dragones del capitán don Juan Antonio Vivot. Los dragones constituían una unidad militar relativamente nueva en los ejércitos españoles. Eran soldados que se desplazaban a caballo, pero combatían a pie, combinando así la movilidad de la caballería con la potencia de fuego de la infantería. Al ser las monturas un mero medio de transporte, no necesitaban caballos selectos y utilizaban animales de menor calidad. La Monarquía Hispánica estaba en guerra con Francia desde 1635 y Navarra era un reino clave en la defensa de la frontera. En años anteriores, el asentamiento de tropas en Navarra ya se había convertido en un quebradero de cabeza para muchos valles y villas. Tras romper el sitio de Fuenterrabía en 1638, tercios irlandeses, italianos, guipuzcoanos, castellanos y navarros, junto con compañías de dragones, se desplegaron por el reino, generando graves problemas. Ciudades como Olite y Tafalla se negaron rotundamente a acogerlos, una negativa que costó la cárcel a sus alcaldes. Estella y Corella también se opusieron con firmeza, aunque al final terminaron por claudicar. También se recogieron protestas en Pamplona, Tudela, Sangüesa, Ujué, Viana y varios valles.

La suspensión del despliegue de tropas en Roncal duró apenas dos semanas. En la junta del 29 de enero, Ros daba cuenta de una carta en la que anunciaba que el virrey había decretado finalmente el alojamiento forzoso de los dragones en los valles de Roncal y Salazar. El 8 de febrero, el comisario Antonio Gurpide citó a las villas de ambos valles en el lugar acostumbrado, Zaltungorri, para “ajustar la vecindad” y repartir a los soldados y monturas en función del número de vecinos de cada localidad. El día 15 de febrero llegaron las tropas al valle y las actas comenzaron a llenarse de gastos. El capitán Vivot fue alojado en Isaba, en la posada de la viuda Margarita Ezquer, donde hubo que construirle una alcoba expresamente. Entre los gastos registrados durante esos primeros días encontramos algunos ejemplos: Burgui gastó 25 ducados en suministros y cebada para los caballos; Urzainqui, 14 reales para el tránsito de soldados; Roncal, 64 reales para la colación de la plana mayor; e Isaba, un ducado por un pernil de 13 libras y dos quesos de 21 libras para el comisario Gurpide. Al carpintero Juan Recari le pagaron 25 reales por “la alcoba que ha hecho en la posada donde se aloja el capitan donde se ha puesto cierta tableria y clabazón”. Las raciones para la tropa se dividieron, como era habitual, en “bocas efectivas” para los soldados de fila y “bocas muertas” destinadas a los oficiales o plana mayor. Por cada día, además del forraje y utillaje, se pagó un real y tres cuartillos por “boca efectiva” y dos reales por cada “boca muerta”. Al capitán Vivot le correspondieron 10 “bocas muertas”. En total, las actas del valle contabilizan 64 bocas.

Enseguida, la junta comenzó a hacer gestiones para lograr la salida de la tropa. El 24 de abril, el valle comisionó de nuevo al licenciado Billoch para suplicar ante el virrey, que se encontraba en Tolosa, el desalojo de los dragones. En mayo elevó una queja formal por agravio y retención abusiva de los dragones en el valle ante el Regente Gabriel Vigil de Quiñones, virrey interino. En junio, los valles de Salazar y Roncal decidieron aliarse y presentar una nueva petición de desalojo de los dragones.

Mientras tanto, los gastos seguían acumulándose. El 24 de abril, Isaba reclamó el gasto hecho en aceite y cera para el capitán Vivot. El 7 de mayo, la junta solicita repartir 200 reales entre las villas del valle para pagar a la viuda Margarita Ezquer por la posada del capitán. En la junta del 17 de junio, llamada “repartición del Corpus”, aparecen nuevos gastos presentados por villas y particulares. Roncal reclamó 28 reales por los traslados de los alojamientos de los dragones; Uztárroz, dos ducados por cuatro días de gestiones en Pamplona; Pedro Barricart, 16 reales por la jornada que estuvo en Ochagavía para “ajustar la vecindad”; y Domingo Miguel, 12 reales por gestiones en Pamplona por lo de los dragones. Poco después, el 3 de julio, el “capellán mayor de las tres tropas de dragones”, don Feliciano Sarmiento, presentó ante la junta sus cuentas por un importe de 150 reales.

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Uno de los documentos que da cuenta de la estancia de los dragones en la zonaDN
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El libro de cuentas del ayuntamiento de Roncal permite conocer otros gastos ocasionados por el alojamiento de los dragones. Allí aparecen, entre otros, los siguientes: a Luys Ros, 8 reales por el control de la llegada de la tropa a Burgui; a Catalina Burugorri, 30 tarjas para compensar los daños que los dragones causaron en su casa particular; a Pedro Gollart, administrador de la carnicería, 129 reales y medio por el suministro extraordinario de carne para la tropa, y a Domingo Eder, 4 ducados y medio por el préstamo que había adelantado para la paga de los dragones.

El 22 de junio, el valle envió una nueva embajada a Pamplona. Esta vez, Miguel Marco de Uztárroz y Sancho Garde fueron los encargados de negociar el desalojo de los dragones con el maestre de campo general en Navarra Gerónimo Rho. El 10 de julio regresaron y explicaron sus gestiones a la junta del valle. Los comisionados expusieron que, para lograr el desalojo de los dragones, se habían ofrecido 1.000 reales. Las actas lo reflejan así: “de como para su negociación se abian offrecido mil Reales para cierta persona y se abia negociado en que saliesen de la valle”. ¿Quién era aquella “cierta persona”? Las actas no la identifican. Sin embargo, las cuentas del ayuntamiento de Roncal confirman que los 1.000 reales llegaron a pagarse, asumiendo la villa la parte que le correspondía. Pocas semanas después llegó el tan ansiado desalojo de los dragones.

El 26 de julio, a petición del valle, don Joseph de Sarabia (teniente de maestre de campo general, caballero de Santiago, señor de Eransus y comisario general de Navarra) emitió un certificado en el que hacía constar que había acudido al valle, por mandato del nuevo virrey, el duque de Nochera, para “desalojar la compañía de caballos dragones del capitán don Juan Vivot y pasarla a otros cuarteles”. Tras revisar los libros de asientos del valle y las órdenes de Gurpide, Sarabia hizo constar que la estancia había durado exactamente “seis meses”, hasta el día 26 de julio, y que en el valle habían estado alojadas 64 bocas. Tres días después, se leyó formalmente este certificado ante la junta del valle que acordó depositarlo en el archivo. Cuatro siglos después, este documento sigue intacto en el archivo de la Casa del Valle.

Un Juan Vibot aparece en los avisos de José Pellicer Ossau Salas y Tovar en 1641: “En el Exército de Fraga murió de Enfermedad Don Juan Vibot, Capitán de Dragones i Teniente de Governador General de los de España”. ¿Era aquel Juan Vibot, capitán de dragones muerto en Fraga, el mismo capitán que estuvo en Roncal con sus dragones?

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