Editorial
El avispero del estrecho de Ormuz
El fuerte despliegue militar anunciado por Trump para "liberar" buques sin haber consolidado un plan de paz amenaza con desestabilizar la frágil tregua con Irán

Publicado el 05/05/2026 a las 05:00
La crisis de Oriente Medio mantiene en vilo al mundo bajo la falsa apariencia de una tregua en los bombardeos sobre Irán y el Golfo Pérsico. La búsqueda de un plan de paz estable entre Estados Unidos y el régimen iraní, un proceso confuso que no acaba de fructificar mientras se agrava el cruce de amenazas, se examina otra vez en mitad del avispero de Ormuz.
El fuerte despliegue militar anunciado por Donald Trump para “liberar” a cientos de buques mercantes en el estrecho, aún bloqueado por las dos partes enfrentadas, constituye toda una prueba de fuego en la región y para el frágil cese mutuo de las hostilidades. Este cuello de botella por el que circulaba antes de la guerra el 20% del petróleo y el gas de la comunidad internacional está peligrosamente minado. Por la estratégica importancia que tiene para Teherán y por la alarmante proliferación de minas que ha desperdigado en este corredor energético.
El Gobierno de los ayatolás advierte de que cualquier irrupción de la Armada estadounidense será considerada una violación del alto el fuego, lo que dispara los riesgos de una lamentable vuelta atrás en la contienda. Con todo lo que eso implicaría para la población civil, muy castigada por el horror de las bombas, y para una economía mundial sacudida por los vaivenes del combustible en los mercados. Las primeras escaramuzas en Ormuz, confirmadas este lunes por Irán con un ataque contra fragatas estadounidenses negado por Washington, además del ataque con drones a varios emiratos del Golfo, agravarían la inseguridad de la zona, sobre todo si se culmina el despliegue de destructores, aviones y 15.000 soldados adelantado por Trump sin que prospere en paralelo un plan de paz con garantías.
El presidente de EE UU, que sigue sin saber cómo salir del atolladero, no puede permitirse más tropiezos para no agudizar el desgaste electoral en su país y el descrédito ante sus aliados. Más de dos meses después de la ofensiva sobre Teherán y de la réplica iraní sobre los aliados de EE UU en el golfo Pérsico, ni la amenaza nuclear ha sido desactivada, ni se consolida la paz en Oriente Medio, ni Ormuz recupera la normalidad que vivía antes.