El Rincón

El brusco giro político de Chivite: de un constructor de puentes a un especialista en la guerra de trincheras

La presidenta se desprende de Félix Taberna, su mano derecha en el Gobierno, y lo sustituye por Javier Remírez, dos perfiles tan distintos como la noche y el día

La presidenta María Chivite habla con el vicepresidente primero y consejero Félix Taberna, antes del inicio de un pleno parlamentario
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La presidenta María Chivite habla con el que hasta esta semana ha sido vicepresidente primero y consejero Félix Taberna, en una imagen de archivoMIGUEL OSES
La presidenta María Chivite habla con el vicepresidente primero y consejero Félix Taberna, antes del inicio de un pleno parlamentario

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Miguel Ángel Riezu

Actualizado el 11/01/2026 a las 08:56

La presidenta María Chivite ha decidido iniciar el año con un golpe de autoridad personal. Y se ha sacudido la tutela de su asesor y estratega, de su vicepresidente Félix Taberna. Una amputación en toda regla, que evidencia, sin embargo, la realidad desnuda. La enorme soledad política en la que ha quedado la presidenta desde hace meses y que ella intenta ahora sortear. En verano cayó Santos Cerdán, su gran mentor político, que dimitió acorralado por las acusaciones judiciales de corrupción. Días después, tuvo que cesar a Ramón Alzórriz, su mano derecha en el partido en Navarra, por la vinculación de su mujer con la empresa del escándalo. Y ahora, se desprende de su mano derecha en el Gobierno, un hombre muy crítico con cómo ha llevado la presidenta esta enorme crisis de credibilidad política que ha dinamitado la Legislatura. Tres figuras que han sido claves para que Chivite esté donde está, en el Palacio de Navarra. Y ninguna ha sobrevivido al tsunami del escándalo Cerdán, bien que por razones muy, muy distintas. ¿La salida de la presidenta a este romper amarras, forzadas la dos primeras y voluntaria la tercera? Una huida hacia adelante buscando tiempo y una nueva guardia pretoriana que la escolte en este año largo que queda antes de las elecciones. 

Del espacio del café al del cese. Tuvo que ser un cara a cara difícil. Primerísima hora de la mañana del miércoles 7, a la vuelta de la festividad de Reyes. En el despacho de la presidenta, en el Palacio de Navarra, bajo el espectacular paisaje de Pedro Salaberri que adorna la sala. En el mismo lugar donde Chivite y Taberna han compartido decenas de cafés para iniciar el día desde hace años. Ese espacio para intercambiar confidencias con el núcleo del gabinete de la presidenta antes de entrar en la vorágine de cada jornada. Pero esa mañana era diferente. La presidenta no lo había citado para tomar café. Era para cesarlo. El punto y final a una cadena de desencuentros políticos que abría la puerta a una crisis de Gobierno saldada un día después con dos salidas y media del Gobierno. La de Taberna, que lo desencadenó todo, más la de Amparo López (Interior) y la de medio departamento de Asuntos Sociales, con el relevo de la dirección general de Protección Social para “reorientar” la Renta Garantizada al empleo. 

De la sombra a la exposición pública. Y es que Félix Taberna (Marcilla, 1961) lo ha sido todo en la izquierda en Navarra. De líder de IU durante más de una década a vicepresidente y mano derecha de Chivite con el PSN. Fue el socialista Roberto Jiménez quien lo introdujo en la gestión pública en 2011 al nombrarlo director general en el breve y traumático gobierno de coalición UPN-PSN de Yolanda Barcina. Al estallar el Ejecutivo un año después (Barcina cesó a Jiménez y el PSN volvió a la oposición), Taberna ya se afilió al PSOE como prueba de compromiso con el perdedor de aquella batalla que dinamitó las relaciones de regionalistas y socialistas. Con la llegada de Chivite al liderazgo del PSN, en 2014, se convirtió en su asesor político, hace ya una década. Taberna, sociólogo, es un experto en demoscopia, en prospectiva y en estrategias electorales. Chivite, también socióloga, encontró un oráculo en el que confiar para leer la marcha de la sociedad. Y ha sido su asesor político más cercano todos estos años. Primero, cuando estaba en la oposición. También, por supuesto, cuando Chivite decidió buscar el apoyo de Bildu para llegar al poder rompiendo las líneas rojas socialistas hasta ese día. No había ahí distancias. Logrado el poder, en 2019, la presidenta se lo llevó como consejero político a su gabinete y en 2023 lo aupó a vicepresidente primero del Gobierno. Eso sí, pasó de ejercer la influencia en la sombra a la exposición pública del poder en primera línea, con el desgaste que el puesto genera. También desgaste interno, porque nunca fue un pata negra en el seno del PSN, donde su privilegiado acceso a la presidenta siempre provocó recelos. Lo mismo que su equipo, cargos que llegaban de CCOO. 

Un órdago fallido. Taberna, un político de la vieja escuela, afable, culto (de los que sigue salpicando de citas sus intervenciones), con mirada de país a largo plazo, sin ápice de sectarismo y con una inmensa red de contactos en todos los ámbitos y trincheras ideológicas. Era la cara acogedora del Gobierno Chivite. Y un hombre leal. El escándalo Cerdán abrió la gran grieta. En los medios políticos era evidente la “incomodidad” de Taberna ante la posición “indecisa” de Chivite y el desgaste que le producía. Hasta el propio Javier Esparza, UPN, lo verbalizó en la tribuna del Parlamento. Dicen los que conocen los entresijos de esta crisis que Taberna planteó a la presidenta antes de Navidades un “órdago”. Al parecer, le pedía una clara reacción política y liderazgo para evitar el desgaste continuo del escándalo Cerdán y del tener que tapar los rotos que salen un día sí y otro también. Una respuesta contundente en el propio PSN, una posición más institucional y propuestas políticas para intentar retomar la iniciativa en el Gobierno. La presidenta recogió el guante a la vuelta de vacaciones. Pero lo hizo para prescindir de sus servicios. La falta de confianza es evidente que se había vuelto ya mutua. Se quitaba de en medio a su particular Pepito Grillo. Y el final estaba cantado. Faltaba el cuándo y el cómo. Chivite lo materializó el jueves. Inma Jurío en Interior y, sobre todo, la sustitución de Félix Taberna por Javier Remírez. Dos perfiles tan dispares como la noche y el día. La presidenta cesa a un constructor de puentes en la política y ficha para sustituirlo a un especialista en la guerra de trincheras. Malos tiempos.

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