El rincón

El incendio de Traumatología

Las palabras de Domínguez han originado una fractura abierta de pésimo diagnóstico entre los profesionales de Traumatología, que se sienten señalados

Las palabras de Domínguez han originado una fractura abierta de pésimo diagnóstico entre los profesionales de Traumatología, que se sienten señalados
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El consejero de Salud, Fernando Domínguez (Geroa Bai), en los momentos previos a una comparecencia en el Parlamento
Las palabras de Domínguez han originado una fractura abierta de pésimo diagnóstico entre los profesionales de Traumatología, que se sienten señalados

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Miguel Ángel Riezu

Publicado el 14/09/2025 a las 05:00

La vida es mucho más que la política. Esta segunda vive en Navarra centrada, con toda razón, en saber por donde saltarán los siguientes pasos del caso Cerdán. Ese gran escándalo de presunta corrupción política de altos cargos del PSOE que el Gobierno de Chivite se empeña en dar por amortizado cuando no ha hecho sino comenzar su recorrido judicial. En cualquier caso, este árido paisaje de fondo no borra los problemas cotidianos. Se suma a ellos.

Y para problemas ciudadanos el de las listas de espera, que sí que es de los de sentir de cerca. El Gobierno foral y el consejero del ramo, Fernando Domínguez, lidian con él sin ser capaces de ponerle freno a este caballo desbocado. Es cierto que no es un problema endémico de Navarra, pero eso no elimina su responsabilidad.

Un regalo envenenado. Recuérdese que hace dos años al diseñar el Gobierno, y en una negociación a cara de perro, el PSN le endilgó Salud a los nacionalistas de Geroa Bai. Sabían que era un regalo envenenado, una cartera donde es muy difícil el lucimiento político, como así ha sido. Uxue Barkos recogió el guante y colocó a Fernando Domínguez, un profesional de su confianza, de nuevo al frente del departamento. Un consejero que, hay que reconocerlo, llegó con ganas de cambiar cosas y desde la sinceridad en el análisis de los problemas.

Sin embargo, dos años más tarde, Salud sigue siendo uno de los grandes debes en la gestión del Ejecutivo tripartido. Las listas de espera, la gran prioridad de la Legislatura, no han mejorado nada de nada. Se han empleado energía y múltiples recursos económicos (peonadas, derivaciones, etc..) y la cifra sigue igual. Eran 65.931 personas en agosto de 2023 y siguen siendo 65.256 ahora, cuando en el cómputo global se contabilizan cinco especialidades menos que entonces (unas 1.200 personas). Fracaso.

Fractura abierta. Este es el contexto en el que Fernando Domínguez hablaba esta semana de “intervenir” el servicio de traumatología para reducir unas listas de espera disparadas con 15.630 personas en su primera consulta (4.780 más que hace dos años). Todo un agujero del que los pacientes son muy conscientes.

Una afirmación, “intervenir”, que no se ha concretado todavía, pero que ha encendido la indignación de los profesionales de la especialidad que se sienten señalados públicamente por su consejero. Vamos, como si estuviera cargando la responsabilidad de las listas de espera a los profesionales del ramo, incluidos, claro, los médicos de Atención Primaria por derivar muchas consultas. En realidad, una pura cortina de humo para ocultar lo que son carencias de su gestión sanitaria. Evidente.

Porque las palabras de Domínguez no fueron producto de un despiste o un calentón. No. De hecho, se reafirmó un día después. Ha intentado matizar el concepto, cierto, para hacerlo digerible. Pero el mensaje ya ha originado una fractura abierta de pésimo diagnóstico, una inédita guerra frontal con un área concreta de profesionales médicos muy especializados. Muy peligroso.

Falta el diagnóstico correcto. Domínguez hace bien en analizar el porqué de las listas de espera y en especial el aumento habido en Traumatología. Es su trabajo. Pero se ha equivocado de plano al plantearlo de la peor manera posible. Y ahora tiene un incendio en casa. Lógico. Lo que le toca hacer si tan preocupado está es realizar un diagnóstico correcto. Y no echar balones fuera ni cargar culpas, sino mirar dentro. Los problema de la Sanidad son múltiples. E incluyen tanto la escasez de profesionales como la falta de atractivo de Navarra para atraer talento frente a otras comunidades, como Euskadi, que se ha puesto las pilas. Ahí está el hecho de que los tres médicos residentes que han acabado la especialidad no se han quedado en el centro, como publicaba este periódico.

Salud requiere diálogo real, sosiego al plantear soluciones eficaces y, sobre todo, voluntad política para afrontar de verdad los problemas estructurales de un sistema que no da más de sí. Y hace falta enfrentarse a muchas inercias, internas unas, sindicales otras y políticas, las peores. Navarra, por su reducido tamaño, por su presupuesto disponible y por la riqueza de su sistema sanitario (un potente sistema público y una red privada complementaria de primer nivel) debiera ser el lugar óptimo para experimentar soluciones reales al reto de Salud. Sería mucho más útil que tener que apagar un incendio en Trauma.

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