Señor alcalde, la realidad es tozuda

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Antonio Purroy

Publicado el 22/07/2025 a las 05:00

Una vez pasados los Sanfermines de 2025, llega el momento de reflexionar sobre alguno de los aspectos acontecidos y sacar las conclusiones pertinentes. Es necesario, por ejemplo, recordar el revuelo que se armó en los días previos al chupinazo con algunas declaraciones municipales que ponían en entredicho la presencia del santo Fermín y del toro de lidia en el núcleo central de las fiestas. Se anunció con fuerza la elaboración de una encuesta sobre diferentes aspectos de las fiestas, aunque a nadie se le oculta que el objetivo último era levantar una polvareda intencionada alrededor de sus dos grandes iconos, uno religioso y otro mundano, el santo y el toro. Encuesta que no se sabe quién la ha elaborado y para qué. Tampoco se conoce el cuestionario así como la metodología del tratamiento estadístico de los datos y la elaboración de conclusiones. ¿No existen necesidades económicas más perentorias en la ciudad para ser atendidas? Esta información debería estar disponible para consulta pública en el ayuntamiento de Pamplona.

La encuesta, al menos en lo que se refiere al interés por San Fermín y y los toros, se responde sola. Basta con comprobar cómo ha vuelto a participar la población de aquí y de fuera en los actos religiosos y en los festejos taurinos. Es como si se hubiera tocado a arrebato y la gente se personara para defender sus tradiciones y sentimientos. ¿Qué necesidad hay de prescindir de ellos cuando son un buen asidero para enriquecer el espíritu y la vida de las personas? Cada vez se nos somete más a una cultura woke donde predomina la deshumanización de las personas, la tensión social deliberadamente provocada, la falta de libertad y, por ende, de democracia, hechos que pretenden socavar la voluntad de las gentes.

El alcalde de Pamplona habrá vuelto a comprobar el fervor con el que miles de personas siguen la procesión del día 7, San Fermín, a su paso por las calles de la ciudad y la asistencia constante a la capilla del santo de la gente que nos visita. Es un deber democrático, y sería un detalle para los pamplonicas creyentes y los que nos visitan, que asistiera a la misa solemne de ese día en lugar de tomar un “pote” en la sede de su partido que, curiosamente, muga con la trasera de la capilla de San Fermín.

Cuando se es alcalde de una ciudad como Pamplona se gobierna para todos los ciudadanos, tanto para los que le han votado como para los que no; esta es una de las grandezas de la democracia, que le obliga a hacerse presente en los actos oficiales y asumir las responsabilidades del cargo. 

En el hipotético caso de que se prescindiera del santo patrón y de los toros, los Sanfermines perderían su identidad y se convertirían en unas fiestas laicas y tristes. Pamplona desaparecería del mapa internacional y la economía de la ciudad se vería muy resentida. Los beneficios íntegros generados por la tauromaquia no podrían ser destinados a cubrir el 15 % de los gastos anuales aproximadamente de la Casa de Misericordia, con unas quinientas personas mayores alojadas en ella. Pocos saben que la presidencia de la junta de esta institución singular la ocupa el alcalde de Pamplona. Resulta ocioso incidir en el papel que juega la tauromaquia en los Sanfermines, tanto el encierro mañanero como la corrida por la tarde; ambos, son inseparables, se complementan y se potencian. Es la simbiosis perfecta para luchar contra los antitaurinos y los animalistas que quieren abolir la tauromaquia, y se ha convertido en un verdadero dique de contención para la defensa de la tauromaquia universal. Con razón nos visita todos los años, un par de días antes del cohete, la principal asociación animalista internacional PETA.

La plaza de toros, situada estratégicamente en el corazón de la ciudad, es un hervidero de gente desde el 7 de julio, puesto que se llena para el encierro y se cuelga el cartel de “no hay billetes” para la corrida de la tarde, sin olvidar los casi llenos a media mañana en los festejos taurinos populares y familiares (“Toros en familia”) y las visitas a los corralillos del Gas. Estos Sanfermines se han vendido más de 400.000 entradas, que suponen prácticamente el 100 % de las posibles. A todo ello habría que añadir los espectadores del encierro en directo en la calle, en TVE, en plataformas y redes sociales.

Animo a nuestro alcalde a que reflexione sobre por qué la tauromaquia sigue creciendo en Pamplona -como en el resto del estado español-, especialmente, entre la juventud: nunca ha habido tantos jóvenes en los toros como ahora. Este fenómeno da que pensar.

Antonio Purroy Unanua. Ingenerio Agrónomo

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