"Glosas a la ciudad"

El escritor Ángel María Pascual y su paisaje literario de Pamplona

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Jose Miguel Iriberri

Publicado el 22/04/2025 a las 05:00

Toda la prosa poética de Ángel María Pascual, todo su cariño y conocimiento de Pamplona, caben en estas pocas líneas con las que recibió una primavera, la de 1945: “Estoy seguro de que la primera margarita se esconderá entre la hierba de algún ribazo en el camino de las Blancas, que es donde todo llega antes: el gozo de la primera flor y la melancolía de la primera hoja seca”. Es el comienzo de una de las 376 glosas a la ciudad que el escritor pamplonés firmó entre el 3 de octubre de 1945 y el 12 de abril de 1947, cuando sale la última, veinte días antes de morir tras una operación. Tenía 35 años de edad.

Ángel María Pascual hizo de Pamplona un paisaje literario que se puede leer hoy, por encima de los cambios y los estragos del tiempo, igual que seguiríamos leyendo apasionadamente, uno por uno, los álamos del Duero machadiano, aunque no quedara ninguno. Pascual retrató con palabras la ciudad de su tiempo y su pasado, ante la llegada de un futuro que él no iba a conocer: calles, plazas, rincones, sotos, jardines, costumbres, murallas; pasadizos y pasarelas, historias y leyendas, auroras y crepúsculos, pregones y silencios.

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Tras una edición de Morea en los años 60 del otro siglo, el Gobierno de Navarra, en el año 2000, reunió en dos tomos las glosas completas, con un prólogo de Miguel Sánchez-Ostiz que vale por un soberbio ensayo literario de Glosas a la ciudad. “A la postre -escribe Sánchez-Ostiz- Pascual y Pamplona vienen a ser algo parecido al protagonista y al escenario de una novela melancólica y angustiosa de un tiempo desaparecido para siempre”. Porque Pascual “vio o vivió, mejor, la ciudad como nadie la ha logrado ver y vivir”. Y mostraba “matices inauditos, detalles que pasaban inadvertidos a la mayoría, perspectivas nuevas, enseñaba, digamos, la ciudad a quienes la vivían a diario”, en lectura de Sánchez-Ostiz.

Los años de Pascual corresponden a otro siglo de otra ciudad y otro vecindario. Sin embargo, las glosas permanecen en la Pamplona de siempre, la de aquí a la eternidad. Y en “gala inverniza” de San Saturnino o en el amanecer goloso de San Blas. Y en las noches “de fría ventolera”, con la lluvía “que cae para todos, pero es amiga de las calles silenciosas”, como la Dormitalería. Y cuando viene, de abajo, “un viento hueco, fanfarrón e inacabable”.

Como escritor entró en el calendario. Por poco tiempo. Falangista militante, fundador y director del diario Arriba España (donde publicó las glosas), concejal por un tiempo de Pamplona, el nombre de Ángel María Pascual sale del callejero con destornillador para la placa y de un plumazo para las actas, en propuesta avalada por el cuatripartito del poder, Bildu, PSN, Geroa Bai y Contigo Zurekin.

En fin; como las glosas siguen donde estaban, y con toda su belleza literaria, que es inmensa, este año, precisamente este año, en el 80 aniversario de la publicación de la primera (1945-2025), el Ayuntamiento podría editar al menos una selección para su distribución gratuita entre los ciudadanos interesados. Qué menos.

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