"Claro que hay que hablar y recordar esto, aunque no le guste a Alzórriz: de ETA y sus seguidores, que todavía defienden sus ideas retrógradas y antidemocráticas"

Actualizado el 09/02/2025 a las 23:45
Hace mucho, cuando Franco no había muerto todavía, apareció un librito de Elías Díaz -que acaba de marcharse estos días- llamado 'Estado de derecho y sociedad democrática', donde se explicaba en qué consistían la democracia que necesitábamos: aquella en que la ley responde a la voluntad popular y está por encima de la arbitrariedad, donde las instituciones limitan al poder y los jueces actúan libremente.
Aquella que defiende la libertad de los ciudadanos y su derecho a elegir su forma de vida. Tan solo eso, pero nada más que eso. Era la época de Aranguren, de Ruiz Jiménez, de Tierno, de 'Cuadernos para el diálogo', que anhelaron lo que somos ahora. La de las grandes ilusiones. De ahí viene nuestro diseño institucional.
Elías fue un jurista fino, un maestro y un filósofo del derecho, que es aquel que piensa en la diferencia entre la ley y lo justo, y la manera de que una y otra cosa se acerquen. Fue siempre un hombre de izquierdas, comprometido, socialista de un tiempo y un talante que han desaparecido.
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En febrero de 1996 estaba hablando por teléfono con su gran amigo y colega Tomás y Valiente, cuando la conversación se interrumpió. Al otro lado del teléfono Elías escuchó claramente los disparos que acabaron con la vida de su amigo. Fue un crimen de ETA, esta vez en contra del derecho y la inteligencia, dos de sus grandes enemigos. Parece que la última cosa que dijeron estos dos hombres fue “tenemos que hablar”.
Claro que hay que hablar y recordar esto, aunque no le guste a Alzórriz: de ETA y sus seguidores, que todavía defienden sus ideas retrógradas y antidemocráticas y que no soportan a gente como Elías, ni lo que representan.
Tenemos que hablar de ETA, de sus víctimas, sus palmeros y sus humillaciones que continúan y que Miguel Cornejo ha explicado con detalle aquí. Tenemos que hablar del odio que persiste. Hablar de ciudadanía y de derecho, de pluralismo y libertad, no de entelequias etnicistas ni pueblos irredentos. ¿Quién lo hará ?, me pregunto. ¿Quién continuará aquella conversación que detuvieron las balas?