La otra verdad sobre el vascuence en Navarra

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Luis Landa

Publicado el 20/06/2024 a las 05:00

Los ocho esqueletos encontrados en El Portalón de Atapuerca nos muestran una antigüedad entre 3.500 y 5.000 años, en pleno Neolítico. Y es aquí, y no antes, donde el paleontólogo Bermúdez de Castro data la antigüedad de los vascos.

Las cifras sobre el impacto del vascuence en la población navarra siempre son cuestionadas y los datos se alteran según el medio o la fuente que se escoja. Hoy los vascohablantes navarros no superan de media el 14%; en la zona no vascófona, el 3%. Por el contrario, las subvenciones del Gobierno son desbordantes.

En la antigüedad, los vecinos que habitaban estas tierras navarras fueron fenicios, griegos e indoeuropeos. Los escritores romanos se refieren a tribus, etnias sin identidad propia. Plinio el Viejo o Tito Livio los califican como vascones. 

Al hablar Estrabón de dos pueblos montañosos, vascones y cántabros, los historiadores nacionalistas han querido identificarlos como guerreros enfrentados con los romanos, en el siglo I a. C.

Esa interpretación no es precisa, porque solo se expresa en los textos antiguos que los vascones ocupaban dos territorios, el ager, cercano al Ebro y el saltus, distrito minero con su capital Pompaelo con capacidad militar y su devoción a la magia y la adivinación. Sobresalen ciudades como Irún, Alagón, Jaca o Calahorra, sin olvidar la Cuenca de Pamplona con evidencia de la lengua vascónica en lugares y nombres, como la mano de Irulegi, Lerga, Ujué o Eslava, pero muy escasos.

Sin embargo en otras zonas donde habitaban los vascones, como Calahorra, Cascante y entorno no se expresaban en vascuence, sino en lengua celtibérica. Por eso los escritores romanos resaltaban la diversidad de los distintos pueblos, pero no encontraron unidad lingüística y cultural. 

De ahí que por mucho que los bildus, peneuves o geroas quieran justificar su lengua ancestral en el País Vasco, el sustrato lingüístico más milenario, no tiene ningún fundamento de vasconicidad, sino que fue un territorio de habla céltica o ibérica, a lo largo del actual Euskadi y la cuenca media del Ebro en Navarra.

Como dice el catedrático Andreu: “Ni los Vascones son el antepasado clásico de los navarros, ni tampoco lo son del actual País Vasco, ni es seguro que los Vascones hablasen vasco o que fuera la lengua mayoritaria”.

Recientemente se ha descubierto el altar de Larunbe (s. I d. C.), donde se muestra la ofrenda que Valeria Vitella hizo a la divinidad Larrahe; Vitella, término romano, cogido de la fauna, “ternero”. 

Una muestra más de que los vascones estaban muy romanizados con un lenguaje latino, como en Los Bañales o las 30 inscripciones en Santa Criz. En las zonas vasconas, excepto en el área aquitana de la actual Francia, los vecinos no eligieron la lengua vasca para los rótulos funerarios o para acuñar moneda, sino el ibérico o celta.

Para finalizar, una cosa son los deseos, mitos y fantasías de los nacionalistas, que quieren manipular nuestra historia y otra muy distinta la realidad. Amemos y difundamos la cultura vasca. 

No obstante, no debemos equiparar ni confundir a los vascones, que se expresaban en diversas lenguas tartésicas, ibéricas o celtas, con los vascos, con el euskera o con los euskaldunes. Al menos, dejadnos mostrar la “otra verdad”, a pesar de las decenas de libros euskéricos en contra.

Luis Landa El Busto es historiador y escritor.

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