La Selectividad de las basuras

Publicado el 12/06/2024 a las 20:30
Ni siquiera el semestre electoral, con la atención puesta en las urnas, ha borrado de la actualidad el debate de las basuras, que en Pamplona va de la tecnología punta de la recogida a la mierda sin recoger en zonas de contenedores.
Aseguran desde la Mancomunidad que vamos dando pasos de gigante hacia la medalla de oro, y a lo mejor estamos a un paso del pódium, pero de momento se ve que uno dirige mal sus pasos perdidos por la ciudad. Ahí están, para demostrarlo, las bolsas tiradas a pie de contenedor y el nada agradable colorín del suelo.
Los que somos mayorcitos -o mayormente viejos, como quieran- recordamos la prehistoria del camión de la basura, aquel despertador vecinal de par de mañana. En mi barrio de la muralla, entre Descalzos y Recoletas, lo que se bajaba no era una bolsa, sino un cubo. Un cubo de ocasión con la ceniza de la cocina.
Nada más. No había plástico, no había vidrio, no había brik, no había papel. Y desde luego. en ningún plato quedaba un gramo de “orgánico”. Sí, sí; eran otros tiempos.
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La cuestión es que el camión de la basura dejaba a su paso una calle limpia y fresca, aunque quedara alguna cosilla para el trapero. Nada que ver con el actual panorama que ofrecen no pocos puntos de recogida.
Se dirá que no vale la comparación por la apabullante razón de que entonces no había basuras y hoy nos ahogan. Y es verdad, pero ahora contamos con el servicio de una empresa como la actual mancomunidad, potente en su estructura, sus finanzas, su tecnología, su planificación, su aparato. El nuevo domicilio social, en una arquitectura de catálogo, es todo un signo externo de su enorme potencial. (Aquí, diez segundos de aplausos para la MCP. Gracias).
¿Y esa bolsa del suelo? ¿Y la otra? ¿Y la que cuelga del brazo del contenedor? ¿A quién se le ocurre dejar una silla? Mire usted donde pisa, que esa zona huele mal. Bueno, no siempre. Sin embargo, unos cuantos días son demasiados días para el vecino que mete su tiempo en la distribución de bolsas y hace el paseíllo, cada vez mayor, de contenedor en contenedor y tiro porque me toca.
Pamplona, usted y yo somos así. Tan así, que en ocasiones nos hacemos un lío con las bolsas y nos mira el vecino vigilante como si estuviéramos a punto colar la bolsa de plásticos con la de resto, y a hacer puñetas. Nunca. Somos fieles contribuyentes y trabajadores de la misma empresa de basuras. Incluso cuando da asco el lugar vamos al tajo.
El personal asume la tecnología de la tarjeta y la selección infinita de restos. Al cabo del año, los minutos mañaneros se cuentan por horas. Todo sea por amor al planeta y a esta pequeña parte del planeta llamada (ponga usted aquí el nombre de su calle). Ánimo. Alegre la mañana, vecino. Ya verá cómo la poderosa MCP se esmera en la limpieza. Y, en fin, si un día hay que bajar también con escoba, que seguro que no, pues ya iremos hablando.
José Miguel Iriberri es periodista