Análisis

El problema es el mensajero, no el mensaje

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, durante la sesión de control al Gobierno
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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, durante la sesión de control al Gobierno
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, durante la sesión de control al Gobierno

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Nacho Calvo

Publicado el 30/04/2024 a las 05:00

"O decimos basta o esta degradación de la vida pública determinará nuestro futuro condenándonos como país”. “Estamos hablando de respeto, de dignidad, de principios que van mucho más allá de las opiniones políticas y que nos definen como sociedad”. “Llevamos demasiado tiempo dejando que el fango colonice impunemente la vida política, la vida pública, contaminados de prácticas tóxicas inimaginables hace apenas unos años”.

Impecable. ¿Y quién no suscribe estos tres mensajes?

Tal y como está el patio, sería mejor que los anónimos coparan la vida pública. Porque si los mensajes llevan nombre y apellidos en muchas ocasiones pierden credibilidad en función de la trayectoria de su interlocutor. Eso es lo que le sucede al mensajero de esos tres extractos del discurso pronunciado ayer en una comparecencia oficial a 8,5 millones de españoles.

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Sánchez es preso de sus mentiras y de su estrategia cambiante en función de su único interés.

Como bien dijo el presidente, la vida política es un fango. Pero lo malo es que el fango no se ha quedado ahí, entre los escaños o los salones de plenos. Lo peor es que el fango ha salido a la calle y su mancha se ha extendido y se extiende con el beneplácito de todas las formaciones políticas. Se benefician de él y de la crispación ciudadana que genera. Porque cuando el fango afecta al de enfrente, ¿para qué lo voy a frenar? Cuanto más manche, mejor. La desinformación solo es un problema cuando me afecta a mí.

Los políticos llegan tarde y mal. Tarde porque ya se han hecho previsibles: una vez que habló Pedro Sánchez todos los análisis siguieron la voz de su amo, según las siglas de cada cual. Mal, porque todos deberían haber salido a pedir perdón por lo hecho hasta ayer y realizar un verdadero borrón y cuenta nueva. A tiempo están.

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