La elegancia del buen hacer

thumb

Roberto Cabezas

Publicado el 29/04/2024 a las 05:00

Leo el periódico, veo los telediarios, escucho la radio, hablo en el bar de mi barrio y la temperatura del estado de general del país, de nuestra comunidad, de nuestro tejido profesional no es bueno. Necesitamos aire nuevo, ideas, líderes, visionarios a quienes admirar. La peor de las decadencias es la decadencia de las convicciones, de las virtudes, de la coherencia y de la elegancia. Y lo peor es que todas estas ausencias no las podemos encargar a Amazon para que nos la traiga en 24 horas. No se pueden adquirir de la noche a la mañana: las convicciones no se improvisan, no se venden ni se compran.

La elegancia es un concepto delicado, escurridizo y admirable. Es una fascinante combinación de elementos que encantan, seducen y cautivan en un exquisito, natural y noble baile sutil y distinguido.

Comprende las maneras de presentarse, de comportarse y la forma en que nuestro ser interior se revela al mundo. Tiene una manifestación externa, como nuestra forma de vestir, y una interna que tiene que ver con nuestra forma de ser.

Pero, ¿qué es la elegancia? ¿Qué rasgos distinguen a una persona elegante? ¿Debemos aspirar a serlo o al hacerlo estamos dedicando mucha energía a una cualidad más bien superficial? ¿Es la elegancia una cualidad etérea que solo poseen unos pocos elegidos y a la que algunos no podemos aspirar?

El hombre puede poseer la elegancia en la figura de su cuerpo, pero también en su alma o modo de ser; y hay gestos elegantes y hay acciones que lo son, puesto que existe una elegancia moral que no es igual a la simple bondad u honestidad. En fin, hasta hay sentimientos elegantes, por ejemplo, la melancolía es un sentimiento elegante; no lo es la tristeza.

Descorazona ver en nuestra sociedad gente carente de elegancia, porque ese vacío deteriora la empresa, la política, la actividad profesional, social, familiar. Lo daña todo, la verdad, y hace que el nuevo logos que lo tutela y dirige todo sea la ordinariez y la vulgaridad. Los gritos, exabruptos, las respuestas desproporcionadas, insolencias, cinismos, imprudencias, desvergüenzas, descortesías impertinencias, ofensas, injurias, insultos, están a la orden del día.

Porque ya en muchos círculos no existe filtro, ni contención, ni vergüenza e irrumpen la pulsión desatada, la histeria, el exhibicionismo y el narcisismo, pocas veces la razón, la prudencia, la coherencia, el respeto, el silencio o la sabiduría, abriendo un peligroso camino de decepción y de bronca. ¿Por qué la elegancia parece brillar por su ausencia?

Creo que la elegancia por sí sola no tiene valor suficiente, ya que una persona no será buena o mala, mejor o peor en función de su elegancia. Me atrevería a decir que la elegancia es el enlace entre el liderazgo interior y su proyección en el mundo, y nunca es algo buscado, sino que se da de forma espontánea. Se es o no se es elegante y punto. De punta en blanco o lavando el coche un día de domingo. Somos lo que somos, no lo que nos gustaría ser, y esta realidad es un hecho irrefutable. Es musical, tiene luz propia, es fragante, y es un valor que corta transversalmente nuestra vida, penetra desde lo visible a lo más profundo de nuestro ser.

En estos tiempos tan agitados y tan poco reflexivos, intento mantener la serenidad y la necesaria distancia, en este mundo convertido en panóptico virtual donde muchos estamos intoxicándonos de mentiras o de verdades a medias, exacerbando nuestros miedos, nuestras rabias e incertidumbre. Somos protagonistas de un mundo donde la superficialidad y la trivialidad reinan, la verdadera elegancia se desvanece entre la multitud de rostros sin rasgos distintivos, sin formas de ser ejemplares y estilos imitados.

Porque en muchas actividades y sectores, no se vive la elegancia, el valor del silencio, la armonía, las actitudes templadas, la delicadeza, la honestidad, la sobriedad, la sensatez, la discreción o la moderación. La elegancia es la nobleza de nuestros comportamientos y hace del “menos es más” un valor, y la empatía es su principal virtud. Se vive la desmesura, los desagradables excesos, la gula por los focos, la voracidad por los aplausos, los likes, la exageración como timón de barco y el desenfreno que lleva a perder el norte y a tomar decisiones equivocadas. Discursos y actuaciones lamentables, vacuas, invertebradas e impropias, finalmente.

El Muro de Berlín no se derrumbó sólo por razones económicas o políticas. Se cayó porque la podredumbre interior minó las bases que sostenían sus frágiles ladrillos. Pienso que tal vez necesitamos una refundación desde el espíritu y desde las ideas. Gestos, declaraciones y acciones que nazcan de una verdad y no de un cálculo. ¡De la elegancia del buen hacer!

Roberto Cabezas Ríos, Top 3 HR Influencers in Spain 2023, Expert in Higher Education Management, Universidad de Navarra

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora