La elegancia del buen hacer

Publicado el 29/04/2024 a las 05:00
Leo el periódico, veo los telediarios, escucho la radio, hablo en el bar de mi barrio y la temperatura del estado de general del país, de nuestra comunidad, de nuestro tejido profesional no es bueno. Necesitamos aire nuevo, ideas, líderes, visionarios a quienes admirar. La peor de las decadencias es la decadencia de las convicciones, de las virtudes, de la coherencia y de la elegancia. Y lo peor es que todas estas ausencias no las podemos encargar a Amazon para que nos la traiga en 24 horas. No se pueden adquirir de la noche a la mañana: las convicciones no se improvisan, no se venden ni se compran.
La elegancia es un concepto delicado, escurridizo y admirable. Es una fascinante combinación de elementos que encantan, seducen y cautivan en un exquisito, natural y noble baile sutil y distinguido.
Comprende las maneras de presentarse, de comportarse y la forma en que nuestro ser interior se revela al mundo. Tiene una manifestación externa, como nuestra forma de vestir, y una interna que tiene que ver con nuestra forma de ser.
Pero, ¿qué es la elegancia? ¿Qué rasgos distinguen a una persona elegante? ¿Debemos aspirar a serlo o al hacerlo estamos dedicando mucha energía a una cualidad más bien superficial? ¿Es la elegancia una cualidad etérea que solo poseen unos pocos elegidos y a la que algunos no podemos aspirar?
El hombre puede poseer la elegancia en la figura de su cuerpo, pero también en su alma o modo de ser; y hay gestos elegantes y hay acciones que lo son, puesto que existe una elegancia moral que no es igual a la simple bondad u honestidad. En fin, hasta hay sentimientos elegantes, por ejemplo, la melancolía es un sentimiento elegante; no lo es la tristeza.
Descorazona ver en nuestra sociedad gente carente de elegancia, porque ese vacío deteriora la empresa, la política, la actividad profesional, social, familiar. Lo daña todo, la verdad, y hace que el nuevo logos que lo tutela y dirige todo sea la ordinariez y la vulgaridad. Los gritos, exabruptos, las respuestas desproporcionadas, insolencias, cinismos, imprudencias, desvergüenzas, descortesías impertinencias, ofensas, injurias, insultos, están a la orden del día.
Porque ya en muchos círculos no existe filtro, ni contención, ni vergüenza e irrumpen la pulsión desatada, la histeria, el exhibicionismo y el narcisismo, pocas veces la razón, la prudencia, la coherencia, el respeto, el silencio o la sabiduría, abriendo un peligroso camino de decepción y de bronca. ¿Por qué la elegancia parece brillar por su ausencia?
Creo que la elegancia por sí sola no tiene valor suficiente, ya que una persona no será buena o mala, mejor o peor en función de su elegancia. Me atrevería a decir que la elegancia es el enlace entre el liderazgo interior y su proyección en el mundo, y nunca es algo buscado, sino que se da de forma espontánea. Se es o no se es elegante y punto. De punta en blanco o lavando el coche un día de domingo. Somos lo que somos, no lo que nos gustaría ser, y esta realidad es un hecho irrefutable. Es musical, tiene luz propia, es fragante, y es un valor que corta transversalmente nuestra vida, penetra desde lo visible a lo más profundo de nuestro ser.
En estos tiempos tan agitados y tan poco reflexivos, intento mantener la serenidad y la necesaria distancia, en este mundo convertido en panóptico virtual donde muchos estamos intoxicándonos de mentiras o de verdades a medias, exacerbando nuestros miedos, nuestras rabias e incertidumbre. Somos protagonistas de un mundo donde la superficialidad y la trivialidad reinan, la verdadera elegancia se desvanece entre la multitud de rostros sin rasgos distintivos, sin formas de ser ejemplares y estilos imitados.
Porque en muchas actividades y sectores, no se vive la elegancia, el valor del silencio, la armonía, las actitudes templadas, la delicadeza, la honestidad, la sobriedad, la sensatez, la discreción o la moderación. La elegancia es la nobleza de nuestros comportamientos y hace del “menos es más” un valor, y la empatía es su principal virtud. Se vive la desmesura, los desagradables excesos, la gula por los focos, la voracidad por los aplausos, los likes, la exageración como timón de barco y el desenfreno que lleva a perder el norte y a tomar decisiones equivocadas. Discursos y actuaciones lamentables, vacuas, invertebradas e impropias, finalmente.
El Muro de Berlín no se derrumbó sólo por razones económicas o políticas. Se cayó porque la podredumbre interior minó las bases que sostenían sus frágiles ladrillos. Pienso que tal vez necesitamos una refundación desde el espíritu y desde las ideas. Gestos, declaraciones y acciones que nazcan de una verdad y no de un cálculo. ¡De la elegancia del buen hacer!
Roberto Cabezas Ríos, Top 3 HR Influencers in Spain 2023, Expert in Higher Education Management, Universidad de Navarra