"Se veía venir. Ha llegado. Tras seis meses de fingida indecisión, el PSN ha entregado Pamplona a EH Bildu"

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Jose Miguel Iriberri

Publicado el 17/12/2023 a las 05:00

Fin. Se veía venir. Ha llegado. Tras seis meses de fingida indecisión, el PSN ha entregado Pamplona a EH Bildu. Los dos grupos, más Geroa Bai y Contigo/Zurekin, forman el conglomerado político que va a desalojar a Cristina Ibarrola de la alcaldía, cargo que ocupa tras ganar las elecciones con UPN. Fuera del despacho. ¿Por qué? Bueno; por todas las razones de la catástrofe municipal que los mocionantes vienen denunciando cada día y por una que se les olvida, cada día también, aunque es la razón principal, si no la única: la sintonía de Bildu y PSOE, decisiva para las respectivas presidencias de Pedro Sánchez y María Chivite. Investido el primero en el Congreso y asentada Chivite en el Palacio de Navarra, ahí va Pamplona en agradecida correspondencia. Eso, de momento. Si prospera la entente, y va que chuta, quién sabe dónde más podría operar. Sin “complejos”, como señaló el ministro al celebrar la alcaldía de EH Bildu, una fuerza “progresista y democrática”. ¿Y aquellas firmes, rotundas y reiteradas promesas de que con Batasuna ni por teléfono? Como los suspiros para el poeta, para los socialistas las palabras son aire y van al aire. Y por agarrarse al poder, como si se van a hacer puñetas, que ya se han ido.

Este era el momento de una moción apuntada ya el mismo día que la alcaldesa recibió la vara de mando, precisamente de manos de uno de los ediles que se la va quitar. Incluso antes de aquel 17 de junio, desde la noche electoral, cuando UPN ganó las elecciones, Cristina Ibarrola la alcaldía y Bildu, PSN, Geroa Bai y Contigo/Zurekin ganaron la suma necesaria para la moción. El edil de Contigo se precipitó al hablar el 17 del procedimiento para el desalojo. No era el momento. Por supuesto que no: faltaba el relato. Seis meses de oposición sin dar otro palo al agua que arrearle a la alcaldesa, unas veces porque no hacía nada y otras porque no paraba de moverse – y siempre por el mal de Pamplona, claro-, en lugar de permanecer encerrada en el despacho esperando la salida, a ser posible por la puerta de atrás. Será el próximo 28. Nunca sabremos qué hubieran dicho los ciudadanos de la alcaldesa en unas (imposibles) elecciones adelantadas.

Los concejales socialistas mueven ficha y le dan la alcaldía a EH Bildu. Han pintado de blanco la línea roja que ellos mismos trazaron. Los alumnos de derecho aprenden que no vale ir contra los actos propios; los del PSOE deben de pensar que lo que verdaderamente vale en política es ir al poder. Cómo no recordar hoy a los hombres y mujeres del PSN que plantaron cara a ETA en el ayuntamiento, pleno tras pleno, en los años de plomo, cuando condenar el terror y a los terroristas era jugarse la vida y acaso perderla, como la perdió Tomás Caballero, portavoz de UPN, el 6 de mayo de 1998.

Este PSN de 2023 es capaz de entregarle Pamplona a EH Bildu, acompañando a Geroa Bai y Zurekin, fuerzas con las que podrá festejar la constitución del nuevo ayuntamiento, ya que no la Constitución del 78. Quieren el cambio, pueden hacerlo legalmente y lo han hecho. Ya no hay marcha atrás. Tienen tres años largos hasta que los ciudadanos voten de nuevo y pongan las cosas en el sitio que quieran. De momento, UPN ha perdido el poder. Les queda la oposición, no vayan a perder también la cabeza, que es un mal contagioso.

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