"Pensiones: verdades incómodas"

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ÁLVARO BAÑÓN

Publicado el 26/10/2023 a las 05:00

Lo que voy a intentar explicar en este artículo no lo oirán o leerán de representantes políticos. Los políticos, salvo raras excepciones como los estadistas, no miran más allá de las próximas elecciones, y decir que el sistema actual de pensiones no aguanta, no ayuda precisamente a ganar elecciones. En esto tenemos mucha (o toda) responsabilidad los electores, quienes aunque sospechándolo, preferimos no escucharlo, porque es una verdad incómoda.

Estos últimos días hemos conocido la noticia de que el gobierno piensa subir las pensiones un 4% para 2024. Si lo juntamos al 8,5% de 2023, sumará un 12,5%. Les reto a que me enseñen un solo trabajador de una empresa privada cuyo sueldo ha vaya a subir un 12% en estos dos años. Por supuesto, es imposible no sentir empatía por los pensionistas cuando todos tenemos padres, madres pensionistas o incluso, nosotros mismos lo seremos dentro de algunos años. Sin embargo, y a pesar de ser esto impopular, los pensionistas han sido los que menos han sufrido las crisis económicas de los últimos años. Según los datos del INE, desde 2008 todas las franjas de edad han perdido poder adquisitivo excepto la de mayores de 65 años, que ha ganado un 6,5%. ¿Qué franja de edad es la que más ha perdido? La de los más jóvenes. Esta es la primera verdad incómoda. Los pensionistas son los únicos que han ganado poder adquisitivo desde 2008.

“Bueno, pero ellos simplemente recuperan lo que pagaron”, se puede argumentar. En realidad, no. Según el Instituto de Actuarios españoles (informe 2022), cada pensionista recibe 1,74 EUR por cada euro cotizado durante su carrera laboral. Y esto, ¿Cómo es posible? Porque el sistema es de reparto, no de capitalización. La Seguridad Social no guarda en la cuenta de cada uno lo que va cotizando y se lo da al jubilarse. No, cada mes se junta todo el dinero cotizado y se abona a los pensionistas de acuerdo con sus años cotizados, importe, etc... Esto funcionaba muy bien porque hasta hace unos años, y debido a la alta natalidad en los 60, había muchas personas cotizando para no muchos pensionistas. Y daba para que recibieran más. Segunda verdad incómoda. Cada pensionista recibe bastante más de lo cotizado. Concretamente un 74% más.

“Vaya, y si eso aguantaba con la natalidad de los 60, ¿qué está pasando ahora? ¿Cómo estamos pagando estas pensiones con estas subidas?”. A crédito. Lo estamos echando en las espaldas de nuestros hijos y nietos. En 2023, el sistema va a perder 51.000 millones. Es decir, las cotizaciones van a ser 51.000 millones menos que lo que se paga en pensiones. Esto pasa, no hace falta decirlo una vez más, porque la pirámide de población se ha invertido. Hay muchos menos jóvenes sosteniendo la pirámide. Y esto se está pagando con deuda. Deuda que hará que nuestros hijos y nietos vivan peor, porque tendrán que destinar una gran parte del presupuesto a intereses y devoluciones. Otra verdad incómoda.

“Eres un cenizo” “Lleváis diciendo esto años y el sistema aguanta” “Lo que quieres es privatizar el sistema”. Muchos estarán pensando. El sistema aguanta, como hemos dicho, a base de endeudarnos cada vez más. Los que nos prestan el dinero para esto, los “malvados” mercados, ya nos dieron un aviso en 2010, y Zapatero se vio obligado a congelar las pensiones, entre otras medidas de recorte. Porque cuando gastas de manera sistemática más de lo que ingresas, pierdes tu independencia económica, y estás a merced de lo que te dicten aquellos que te prestan el dinero. “Nadie ha elegido a los mercados, no nos pueden dictar la política”. No, no quieren dictar nuestra política, quieren que les devolvamos su dinero y los intereses pactados. Si fuéramos austeros, seríamos dueños de toda nuestra política.

Por lo tanto, el sistema aguanta porque el Estado le inyecta cada vez más dinero ya que no es sostenible por sí mismo, y el estado acude a “los mercados” para endeudarse cada vez más para inyectar ese dinero. El día que quien nos presta el dinero se preocupe de verdad, nos impondrá intereses muy altos y una reforma que no será ni suave, ni fácil de aceptar. Y vendrán los lamentos, las quejas contra el “austericidio” (en qué momento la austeridad pública fue mala), contra los mercados (que son quienes nos asisten cada día), etc... Otra verdad incómoda.

¿Qué por qué no se dice esto? Porque los pensionistas son un cuerpo electoral de 10 millones de personas y prácticamente todos votan. Y decir todas estas cosas no dará a ningún partido un solo voto, me temo. Somos una sociedad bastante blandita y no aceptamos las malas noticias ni las peticiones de esfuerzos. Y la solución de este gigantesco problema va a requerir grandes esfuerzos y, sobre todo, enfrentarnos a la realidad, que nos traten como adultos. Resultado: estamos pasando el problema corregido y aumentado a las siguientes generaciones cometiendo una injusticia. Vivirán peor que nosotros, y será por nuestra culpa.

Alvaro Bañón Irujo. Economista y Profesor en la Universidad de Navarra.

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