"El regadío y su influencia en el precio del aceite"

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JUAN SÁEZ RUIZ

Publicado el 07/10/2023 a las 05:00

Aunque cueste creerlo, la situación actual del IPC de los alimentos y el precio del aceite de oliva, tienen su origen en la falta de una planificación hidrológica en nuestro país. El Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO) presentó recientemente el informe sobre la sequía del año 2023 que revela datos sabidos, aunque muchas veces ignorados:

-El 15% del territorio español está en emergencia por escasez de agua, y el 27% en alerta.

-La precipitación de este año hidrológico es un 17% inferior a la media.

-Los cultivos extensivos y los pastos son los sectores agrarios más afectados, pero también lo han sido frutales, hortalizas… y el olivar.

Hay quien señala que la solución ante esta situación le corresponde al seguro agrario, que está para compensar los daños producidos en las cosechas por causas aleatorias. Pero la falta de precipitaciones ya no es una situación circunstancial, sino estructural. Sin duda, el seguro agrario es imprescindible para hacer frente a los riesgos climáticos, pero no es la respuesta frente a la sequía: hay que diseñar actuaciones permanentes para que los cultivos (y el IPC) no se vean afectados por la falta de lluvias.

La Fundación de Estudios de Economía Aplicada presentó en 2020 el Balance hídrico actual y futuro en las cuencas en España, déficits estructurales e implicaciones socioeconómicas. Refleja la vulnerabilidad socioeconómica de las diferentes regiones frente a la escasez del recurso agua. Y lo analiza no sólo desde la perspectiva agraria, resaltando que el agua es esencial para el desarrollo económico de las ciudades (para la población y la industria), el turismo, la producción de energía (para las centrales hidroeléctricas y para las reversibles en las que Navarra vuelve a ser pionera), y el medio ambiente.

Afortunadamente, Navarra fue capaz de desmarcarse de la falta de inversiones hidráulicas, construyendo, pese a los obstáculos, el embalse de Itoiz. El Canal de Navarra no sólo ha transformado miles de hectáreas de cultivo, sino que ha permitido que no falte agua en miles de hogares y cientos de industrias y comercios; Pamplona y la Cuenca ya se abastecen mayoritariamente de Itoiz.

Pero queda mucho por hacer. Lo que hemos visto este año en Cataluña (frutales asfixiados por falta de agua de riego) puede llegar a Navarra. Y para evitarlo, se necesita planificación, trabajar e invertir para mejorar las infraestructuras. Lo dice tajantemente el ex ministro de Agricultura Jaime Lamo: “La agricultura del futuro será de regadío o no será”. Si no se ponen todos los medios, seremos dependientes de terceros países para alimentarnos. El MITECO señala que las precipitaciones van a ser cada vez menores, y eso obliga a evaluar todas las alternativas: guardar el agua que sobra en determinados momentos para aprovecharla cuando sea necesaria (incluyendo moverla de unas zonas a otras, como se hace con el petróleo, el gas, la electricidad), aprovechar las aguas subterráneas, potenciar la desalación en la costa (España no es deficitaria en agua, lo que le sobra es sal) y moverla hacia el interior mediante energías de coste reducido (solar, eólica).

Y, por supuesto, siendo más eficientes en la utilización del agua. El riego a manta debe transformarse en sistemas más eficientes. Hasta hace poco era impensable visualizar si la planta toma toda el agua y nutrientes o en qué momento deja de absorberlos y el exceso se pierde hacia el subsuelo; esto ahora se controla perfectamente con tecnología 4.0. Por ello, deben modernizarse muchos regadíos, como ya se hace en algunas zonas, aprovechando los fondos de la Unión Europea. Pero dicha modernización debe cumplir La Ley Foral de Infraestructuras Agrarias que señala: “la concentración parcelaria constituye el elemento básico de las actuaciones en infraestructuras. El procedimiento que desarrolle la misma deberá coordinarse (…) con la tramitación ambiental, así como con las obras de transformación, modernización y construcción de redes de caminos y saneamientos”. La ley es muy clara y por ello no se entiende que el Gobierno de Navarra la ignore en algún proyecto actual de modernización de regadíos, ya que esto no contribuye a crear estructuras de futuro y supone un uso deficiente de los fondos públicos.

Es necesario planificar y diseñar estructuras de futuro. Navarra necesita este análisis, concluir el Canal de Navarra, determinar qué otras zonas necesitan transformarse en regadío a la vez que se mejoran los regadíos actuales. Porque todo ello será clave en la evolución del sector agroalimentario, de otros sectores industriales y de empresas de servicios. En regadío, las opciones de cultivos posibles se multiplican mientras las tierras de secano quedan aparcadas.

En definitiva, el precio del aceite y el IPC serían menores si dispusiéramos de una planificación de los recursos hídricos y de su utilización adecuada; con agua la cosecha de aceituna sería muy superior y la oferta estaría más equilibrada con la demanda.

Juan Sáez Ruiz es Ingeniero agrónomo

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