"La lista de los 66.000"

"Aumenta la alarma por el deterioro de la sanidad pública, con esperas realmente “inadmisibles”"

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Jose Miguel Iriberri

Publicado el 05/10/2023 a las 05:00

Imaginemos una cola formada por 66.000 personas, una detrás de otra, desde aquí, donde sea, la cumbre de Aralar, por ejemplo, cuesta abajo hacia Lekunberri. Una cola de ciudadanos “que tienen paciencia” y además “son o van a ser reconocidos médicamente”. Uno, dos, tres, tres mil, treinta mil, otros treinta mil más. No es la fila de entrada al santuario, no se engañen. Es la cola formada por las 66.000 personas, todas ellas pacientes en los dos sentidos, que esperan una primera consulta en nuestro sistema público de salud.

Con variadas interpretaciones, todas las partes implicadas coinciden en que el servicio está entre francamente mal y desgraciadamente peor. Se quejan médicos, enfermeras, administrativos, sindicatos. Lo lamentan a media voz los políticos en el poder, que son los responsables de la organización. Lo denuncian en voz alta los políticos de la oposición. Lo sufren los ciudadanos usuarios y contribuyentes, que somos todos. Como la subida de la compra, la alarma por la sanidad pública registra un consenso social, al que ha venido a sumarse el otro día la Cámara de Comptos con un informe demoledor. Que se lo pregunten -nos lo pregunten- a los viejos, quiero decir los mayores, la tercera edad, la edad tardía y otras supuestas lindezas engañosas con la que nos confunden. Nosotros, los de entonces, comprobamos a diario aquello de que la salud es un periodo transitorio que no presagia nada bueno. ¿Y? A la lista de espera: 66.001.

El estado del bienestar también toma asiento en las listas. Sin embargo, el paciente se agarra a la esperanza, a algún sucedáneo de esperanza, cuando cantan las urnas, se forman nuevos gobiernos y los agraciados con el poder anuncian lo que queremos oír. Porque, una de dos: o creemos en sus promesas o cogemos la villavesa número 4 rumbo a Urgencias, el muro de las lamentaciones. Nos va la vida en ello, que es infinitamente más importante que el tren veloz, algo que de todas formas difícilmente llegaremos a ver porque viene sin avanzar por la vía de la desesperanza. La presidenta Chivite afirmó que quiere, cómo no, una buena gestión sanitaria, que será exigente con el consejero, y que en seis meses se van a reducir las listas “de manera notable”. No se lava las manos exactamente, aunque le pasa la amarga tostada de los 60.000 al consejero Domínguez. El consejero, por su parte, se alineó en el nutrido equipo de los desengañados: las matemáticas de las listas, dijo, arrojan unos datos “históricos inadmisibles”, si bien apuntó que la “percepción” social de la situación es peor que la situación misma.

Pues, venga; un sobresaliente para las buenas intenciones. Hay que agarrarse a los anuncios de esperanza, como se agarra uno al mango de la brocha al caer de la escalera. En cuanto a eso de la “percepción” social del servicio, debe de ser algo parecido a la “sensación térmica”, que depende de cada cual, aunque parte del reconocimiento de un frío polar, cuatro grados arriba o abajo. Desde luego, entre los avecindados en las listas de espera la percepción y la sensación térmica están muchos grados por encima de la realidad. En la desilusión siempre azota un cierzo inclemente. Por esos parajes de la percepción y la sensación anda la presidenta del Gobierno, que anuncia la reducción de las listas en los primeros seis meses, pero al cuantificar la rebaja introduce otro sospechoso concepto indeterminado: “de manera notable”. A ver.

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