"La decadencia de Navarra"

Publicado el 25/09/2023 a las 05:00
La decadencia es un proceso lento y muchas veces difícil de percibir, especialmente por quien está directamente implicado. En mi opinión, exactamente es esto lo que le está pasando a Navarra. No hay como viajar a Comunidades y ciudades limítrofes, comparar su desarrollo y el nuestro, y su mentalidad y la nuestra. No tanto por la responsabilidad de la clase dirigente (que también influye y mucho) sino por el, llámenlo como quieran, conformismo, orgullo mal entendido o chauvinismo de la sociedad navarra, que se ha acostumbrado a esta mediocridad y la aplaude. Ese “qué́ bien se vive aquí”, sin querer mirar al desarrollo del resto del país, está siendo letal. Véanse algunos ejemplos.
Históricamente hemos sido un referente en cuanto a infraestructuras. Por ejemplo, cuando uno entraba por carretera en la Comunidad foral notaba el cambio de firme. Esa ventaja comparativa permitió el desarrollo industrial de los años 60-70. Era una diferencia palpable con otras comunidades. Ahora, avergüéncense, el AVE ya llega a 23 capitales de provincia como León, Zamora, Cuenca, Orense o Albacete. Todas conectadas.
A Pamplona llegará en 2027, eso en la mejor de las previsiones. Pero no pasa nada.
En cuanto a la conexión por autovía a Madrid, el panorama es todavía peor. Vivimos de las rentas de quienes construyeron las autovías del Camino, de Leizaran y del Pirineo. Sin embargo, para ir a Madrid, 100 km de carretera general. ¿Ven ustedes reclamaciones airadas al Gobierno de la nación para que termine la autovía? Yo tampoco. Además, alguno dirá, “para qué movernos”.
Lo del aeropuerto ya es de nota. Tenemos dos conexiones: Madrid y Gran Canaria. Estamos peor que hace 30 años. Y lo que es peor, aeropuertos como los de Vitoria, Zaragoza o Fuenterrabía, nos han pasado por la izquierda y la derecha. Y, sin embargo, seguimos creyendo que somos lo que un día fuimos.
La sanidad pública es el mayor de los ejemplos. La calidad de nuestra sanidad era evidente, la envidia de toda España. Tanto que vender una póliza de seguro médico en Navarra era realmente complicado. Ahora somos la provincia en la que más crece la venta de seguros privados. Y, sin embargo, la realidad dice que nuestro gasto en sanidad es el mayor de la historia. Recuerden la revolución que se montó cuando, te atendían en la mejor sanidad pública del país, y el puré llegaba “templado” (por sabotajes en muchos de los casos). Ahora, simplemente no hay médicos, no te cogen el teléfono y ya nadie habla del puré.
Pero estamos fenomenal, Navarra es lo mejor y nos tienen envidia.
Lo que realmente cambió la Comunidad foral entre los años 60 y 70 fue el inconformismo de gente que quería progresar, invirtió su patrimonio, creó empresas y relanzó el desarrollo industrial. Navarros que pensaron que “no estábamos bien” y que, con el muy noble fin de ganar dinero, arriesgaron el suyo (en muchas ocasiones lo perdieron) pero crearon empleo y riqueza. Navarra progresó desde el inconformismo de esa gente que quiso progresar asumiendo un riesgo. Y ahora la aspiración de un importante número de gente joven es ser funcionario y tener “un puesto seguro” en una Administración cada vez más voluminosa e ineficiente.
La Comunidad Foral de Navarra está en una lenta e inexorable decadencia conformista. Y el problema principal es nuestra mentalidad. Promocionamos la mediocridad, y parece que el que triunfa en el ámbito de lo privado tuviera que pedir perdón, primando la injusta igualdad haga lo que uno haga. “El rico” se ha convertido en un saco de boxeo (no hablo sólo desde el punto de vista fiscal, que también) y todo aquel que sobresale por encima de la media es sospechoso cuando debería ser un perfil que atraer y modelo a copiar.
“El rico” paga muchos impuestos, genera riqueza y no suele consumir servicios públicos, ni sanidad ni educación. Además, habitualmente vemos a nuestros políticos competir en una ridícula carrera por ver “quién tiene menos patrimonio”, pero lo hacen porque saben que la envidia se ha instalado en nuestra sociedad, primando “no destacar y no tener” y a ser posible, ser funcionario público. Lo de empresario…
Resultado: los que quieren destacar se marchan. Sin manifestaciones ni hacerse notar. Simplemente se van. Si no, miremos a muchos jóvenes de nuestro alrededor que desean progresar, se han ido. La realidad nos dice que muchos de los que quieren crear riqueza se marchan.
Lo fácil sería echar la culpa a la clase política y sacudirnos nuestra conciencia. Pero no. La clase política es el claro reflejo de la sociedad. Nos estamos convirtiendo en una sociedad conformista y orgullosa de la mediocridad en la que estamos cayendo. Sinceramente, el legítimo orgullo por nuestra historia y desarrollo pasado nos lastra y no nos permite ver cómo nos quedamos atrás ante el desarrollo de Comunidades y ciudades limítrofes.
Álvaro Bañón Irujo es Economista y profesor en la Universidad de Navarra y UPNA