El rincón
Pero, ¿tan difícil era?


Publicado el 11/06/2023 a las 06:00
Ha vencido la inercia de lo previsible sobre la chispa de la audacia. UPN y PP concurrirán separados también a las elecciones generales del 23-J por primera vez en décadas. Una división la del centro-derecha que es un sonoro fracaso del sentido común.
Y es que los intereses de partido (especialmente en el PP en esta ocasión) se han impuesto sobre los de los electores y pueden poner en riesgo el reparto de diputados al Congreso. Ojo, los excesos de confianza y los personalismos se acaban pagando en política.
Las urnas del 28-M y una incógnita. La implosión el año pasado de Navarra Suma (la coalición de UPN, PP y Ciudadanos para ir juntos en una lista en 2019) dejaba una gran incógnita en el aire en las pasadas elecciones de mayo. La de cómo se iba a repartir el voto de centro-derecha tras esa experiencia rota de unidad.
Por cierto, una ruptura que los votantes de ambos partidos vivieron con abierto recelo. Según la encuesta de CIES para este periódico el 47% de los votantes de centro-derecha estaba en contra y el 37% a favor con un 16% sin opinión definida.
En cualquier caso, los 15 escaños conseguidos finalmente por UPN y Javier Esparza el 28-M (los mismos que en 2015) han permitido salvar los muebles al regionalismo, lo que no es poco en este contexto tan endiablado. Y los tres escaños logrados por el PP, en cambio, se han quedado muy por debajo de sus expectativas. Para cambiar el Gobierno de Navarra, los votos, todos, unos y otros, son muy insuficientes. Pero en la pugna interna entre UPN y PP por atraerse la fidelidad del votante, clara victoria regionalista. UPN se llevó el 79% de las papeletas y el PP el 21%.
Falta de ganas y tanteos. Así que en las filas de UPN no habían quedado especiales ganas ni urgencia para retomar las relaciones con el PP cuando el mismo lunes 29 Pedro Sánchez rompía la baraja y adelantaba las elecciones generales. Una medida que dejaba comprimidos al máximo los plazos para tomar decisiones. Y sin tiempo alguno para descomprimir las rivalidades. UPN estaba simplemente a la expectativa tras una campaña muy a la greña y que ellos han visto muy agresiva del PP, incluso por el lado de los fichajes como los de los ex-diputados Sayas y Adanero.
Y, desde luego, el PP tampoco le ha echado ganas a la coalición hasta el final. Es el partido más interesado en los comicios del 23-J, porque es Feijóo el que se juega la presidencia del Gobierno de España. Y el que tiene que pelear por conseguir todos los diputados posibles. Navarra aportó dos en esta legislatura a través de la fórmula Navarra Suma. Que parecen pocos, pero pueden ser decisivos si los números van ajustados. Hay experiencias. Y hubo momentos en que la lista del centro-derecha llegó hasta los tres diputados.
El voy y vengo de las negociaciones. Pero no fue hasta el martes, cuatro días antes de vencer el plazo para presentar coaliciones, cuando la dirección del PP nacional, por medio de Cuca Gamarra, hizo un tanteo con UPN a través de Javier Esparza. Un tanteo de partida muy poco realista porque el PP pretendía ser quien liderara la lista al Congreso en Navarra, al contrario de lo que han dicho las urnas en las forales. Cierto que las generales son otra cosa muy diferente. En realidad son un duelo entre Sánchez y Feijóo para los electores. Un duelo que, en las pesadillas de UPN, podía desdibujar claramente sus opciones en las urnas de julio. Pero el ofrecimiento del PP, por irreal, naufragó de inmediato y sin discusión. Se quedó en agua de borrajas.
Cuando parecía terminada definitivamente la partida, el jueves, de nuevo el PP tantea a UPN y pide una propuesta. Una insistencia que demostraba interés en el acuerdo. Y Esparza concreta ahora una oferta segura por ensayada: repetir el pacto de 2015 firmado con Rajoy (el uno y dos al Congreso de UPN, el tres del PP y en el Senado el uno para el PP) con el apoyo a Feijóo para la investidura pero libertad de acción para todo lo demás en el Congreso.
¿Por qué el cambio? Esa mañana Esparza y Maya se entrevistaban con el PSN, con Chivite y Alzórriz en Pamplona, en un encuentro bronco y áspero en el que perdían cualquier esperanza de abrir una vía de entendimiento. Ni siquiera para solventar los ayuntamientos y el respeto a la lista más votada. Vieron rotos los puentes más elementales con el PSN. Y eso reafirmaba el valor de la coalición con el PP.
Se buscaba así evitar el riesgo de que un voto dividido pueda dar alas a un triunfo del PSN, nada más y menos que con Santos Cerdán como candidato. Un trago amargo para UPN. Sin embargo, el PP contraoferta con el pacto de 2011 (el 1 para el Congreso de UPN y el 2 para el PP) que los regionalistas ven inviable por no encajar con la realidad de los votos. En cualquier caso, Gamarra no da por cerrado nada. A pesar de quedar el pacto en el aire todo el viernes, finalmente no se materializa. El PP no se mueve y el plazo expira sin acuerdo. La pretensión de UPN de atar sólo la investidura no convence al PP que quiere amarrar los votos y atar en corto a los regionalistas. No se fían.
Mus y teatro en las listas. Esto no va de Alberto Núñez Feijóo sí o no. Esparza ha dejado meridianamente claro que, en cualquier caso, el voto de UPN será para el PP de Feijóo. Vayan juntos o separados. Eso no se discute. Lo que estaba sobre la mesa es otra pregunta ¿Cuál era la mejor estrategia para aprovechar todos los votos de centro-derecha en Navarra y traducirlos en escaños en el Congreso y al Senado? Esta claro que ir juntos. Así lo han visto siempre los dos partidos y, además, facilita la decisión a los electores, acostumbrados a un acuerdo que suma.
Porque la división vuelve a generar un gran interrogante que era innecesario. Y da alas a los rivales, que son los únicos satisfechos. De los cinco diputados que tiene Navarra hoy dos son de Navarra Suma, uno del PSN, otro de Bildu y otro de Podemos. Julio dictará sentencia.